PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical 


 

Adviento:

tiempo propicio para la Misión

 

I  Domingo de Adviento

Año B –  27.11.2005

 

Isaías  63,16-17.19; 64,1-7

Salmo  79
1Corintios  1,3-9
Marcos  13,33-37

 

Reflexiones
Cada nuevo año litúrgico empieza con una vigorosa invitación de la Iglesia a la vigilancia y a la esperanza, que son actitudes características del tiempo de Adviento. A lo largo del nuevo ciclo, que comienza hoy, será sobre todo el evangelista San Marcos quien nos ofrecerá, domingo tras domingo, los pasajes del “Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1). En el breve pasaje del Evangelio de hoy aparece cuatro veces la orden de velar, como condición necesaria para encontrar al Señor cuando regrese (v. 35). La espera alcanzará su objetivo, no se esfumará en una ilusión. Será una venida por sorpresa, pero segura.
 
La liturgia nos hace vivir en la espera del Señor que volverá, haciéndonos revivir eficazmente Su primera venida en la Navidad. Tal es, en efecto, la fuerza especial de los sacramentos de la Iglesia, que logran hacer presentes hoy los misterios cristianos que tuvieron lugar en el pasado. De este modo, la historia es plenamente rescatada y se hace historia de salvación en el hoy de cada cristiano. Pero bajo una condición: que la espera se haga atención al Señor que viene, es decir, preparación paciente de un corazón disponible y purificado. Pablo (II lectura) invitaba a los fieles de Corinto a vivir en la espera vigilante, “en tanto que aguardan la revelación de nuestro Señor Jesucristo” (v. 7), con la certeza de que “Dios es fiel” (v. 9) y cumplirá su obra de salvación.
 
Sólo el que tiene conciencia de su propia fragilidad personal y comunitaria y se abre con humilde confianza a Dios, puede implorar y recibir de Él la salvación como un don. El profeta (I lectura) da prueba de ello en una de las más apasionadas plegarias bíblicas, que brotaron del sufrimiento y de la humillación del exilio en Babilonia. Se nota la conciencia de haber errado fuera de los caminos de Yahvé (v. 17), de haber sido rebeldes (v. 4), de ser, todos, por el pecado, “impuros… como paño inmundo”, secos como hojas que el viento dispersa (v. 5.6). Pero aun en medio de una desolación tan profunda, el profeta, al comienzo y al final de su plegaria, tiene el valor de gritarle a Dios su esperanza, invocándole como Señor, Padre, Redentor (v. 16); lo invita a que vuelva por amor a sus siervos (v. 17), a romper los cielos y descender (v. 19). Finalmente, el orante se pone como arcilla moldeable en las manos del Padre, el único alfarero capaz de darnos nuevamente forma (v. 7) y deseoso de re-crearnos.
 
El profeta presenta un cuadro que corresponde también a la situación actual de la humanidad: sumida en el mal y en el pecado, necesitada de un Salvador, que le venga del exterior, porque el hombre es incapaz de salvarse por sí solo. Los cristianos, que ya creemos en Cristo, esperamos el regreso de nuestro Salvador, mientras que los no cristianos  – los cuales son aún la mayoría de la humanidad (cerca de dos tercios) –  esperan Su venida, es decir, el primer anuncio de Cristo Salvador. Por tal razón, el Adviento es un tiempo litúrgico muy adecuado para despertar en los cristianos la conciencia de la responsabilidad misionera. Lo recomendaba ya, hace casi 50 años, el Papa Pío XII, invitando a la oración y al compromiso misionero. * 
 
Existen plegarias hermosas para este tiempo litúrgico: “Amén. Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20). “Aviva en cada uno de nosotros el fuego de la misión, para que sepamos proclamar ante el mundo, con alegría, tu amor de Padre”.
 
 
Palabra del Papa
*  “Deseamos que por esta intención (misionera) se rece más y con un fervor más iluminado... En especial pensamos en el tiempo del Adviento, que es el tiempo de la espera de la humanidad y de los caminos providenciales de preparación a la salvación… Oren, por tanto, oren más. Acuérdense de las inmensas necesidades espirituales de muchos pueblos que todavía están lejos de la verdadera fe, o que carecen de recursos para perseverar en ella”.
Pío XII
Encíclica Fidei Donum, 21.4.1957)
 
 
Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 29/11 y días siguientes: Bb. Eduardo Burden (+1588), Jorge Errington (+1596) y compañeros, S. Cutberto Mayne (+1577), Ss. Edmundo Campion (+1581) y compañeros, B. Ricardo Langley (+1586) y muchos otros sacerdotes y laicos martirizados en Inglaterra bajo el reinado de Isabel I.
- 29/11: Bb. Dionisio Berthelot y Redento Rodríguez, religiosos carmelita, esclavizados y luego martirizados por los musulmanes (+1638) en Aceh, en la isla de Sumatra (Indonesia).
- 30/11: S. Andrés, apóstol, hermano de Simón Pedro. Predicó el Evangelio en Grecia, donde murió crucificado.
- 1/12: B. Clementina Anuarite Nengapeta (1940-1964), religiosa de la R. D. de Congo, asesinada en Isiro durante la rebelión de los simbas; es mártir de la castidad y del perdón.
- 1/12: B. Carlos de Foucauld (1858-1916), sacerdote, asesinado en Tamanrasset, en el desierto argelino, por una banda de ladrones; es testigo de misión, Eucaristía y diálogo. Ha sido beatificado el 13.XI.2005.
- 1/12: Jornada Mundial de la lucha contra el SIDA.
- 2/12: B. Liduina Meneguzzi (1901-1941), religiosa salesia, misionera, fallecida en Dire Dawa, Etiopía.
- 3/12: S. Francisco Javier (1506-1552), sacerdote jesuita, misionero en la India y Japón, fallecido en la isla de Sanchán, a las puertas de China. Es Patrono principal de las Misiones.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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