PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

El “arco” de la conversión, de la vida y de la paz

 



I Domingo de Cuaresma

Año B - 5.3.2006

  • Génesis  9,8-15
  • Salmo  24
  • 1Pedro  3,18-22
  • Marcos  1,12-15

 

Reflexiones

La celebración de la Cuaresma, que nos lleva “a la verdadera conversión” (oración colecta), vuelve a proponer con fuerza los temas fundamentales de la salvación, y por tanto de la misión: la primacía de Dios y su plan de amor para con el hombre, la redención que se nos ofrece de manera gratuita en el sacrificio de Cristo, la lucha permanente entre pecado y vida de gracia, las relaciones de fraternidad y respeto que el hombre ha de guardar con sus semejantes y con la creación... Son temas y valores propios del desierto cuaresmal, entendido como lugar teológico de conversión y de salvación. En efecto, “en el deseirto un hombre sabe cuánto vale: vale lo que valen sus dioses” (A. de Saint-Exupéry), es decir, sus ideales, sus recursos interiores.

 

Las tentaciones de Jesús en el desierto (Evangelio) fueron algo serio, no un juego-ficción; lo mismo que le ocurre al cristiano y a la Iglesia. “Si Cristo no hubiese vivido la tentación como verdadera tentación, si la tentación no hubiese significado nada para Él, hombre y mesías, su reacción no podría ser un ejemplo para nosotros, porque no tendría nada que ver con la nuestra” (C. Duquoc). Ya que Jesús ha sido probado en todo, como nosotros, excluido el pecado, puede ayudar a los que se ven probados (cfr Eb 2,18; 4,15).

 

Realmente, Jesús se ha enfrentado al diablo (v. 13) sobre las posibles opciones del método y del camino para realizar su misión como Mesías. Cada una de las tres tentaciones –especificadas en los otros dos Evangelios sinópticos de Mateo y Lucas–  representa un modelo de mesías y, por tanto, de misión. Las tentaciones eran como “tres atajos para no pasar por la cruz” (Fulton Sheen). La tentación de ser: 1. un “reformador social” (convertir las piedras en pan para sí y para todos hubiera garantizado un éxito popular); 2. un “mesías milagrero” (un gesto aparatoso hubiera asegurado espectacularidad y fama); 3. un “mesías del poder” (un poder basado sobre el dominio del mundo hubiera dado satisfacción al orgullo personal y del grupo). Jesús supera las tentaciones: opta por respetar la primacía de Dios, se fía del Padre y de su plan para la salvación del mundo. Acepta la cruz por amor y muere perdonando: solamente así, logra romper la espiral de la violencia y le quita el ‘veneno’ a la muerte.

 

Jesús afronta las tentaciones con la fuerza del Espíritu (v. 12), del cual está lleno desde el seno de su Madre, y por el bautismo que acaba de recibir (Mc 1,10). Es el Espíritu de la Pascua y de Pentecostés. A veces se ha creído que poder, dinero, dominio, supuesta superioridad, super-activismo…son caminos apostólicos. El misionero puede ser tentado por estas ilusiones; por tanto, tiene necesidad del mismo Espíritu de Jesús, que es el agente principal de la evangelización (cfr EN 75) y el protagonista de la misión (cfr RMi 21).

 

El Espíritu nos ayuda a entender que el desierto cuaresmal es un tiempo de gracia (kairós): tiempo de las cosas esenciales, tiempo que hay que llenar con las cosas que merecen la pena, un don que se vive en el silencio, lejos de la contaminación de ruidos, prisas, dinero, futilidades... La invitación programática de Jesús –“conviértanse (cambien de rumbo) y crean en el Evangelio”, v. 15– más que una imposición penosa es una nueva y definitiva oportunidad, la indicación del recorrido hacia la vida y la paz: hacia Jesús (v. 15). Él es la buena noticia para vivirla y llevarla a otros. (*)

 

La conversión y el bautismo son los dos grandes temas cuaresmales de catequesis misionera, que culminarán en las celebraciones de la Pascua, tanto para los catecúmenos como para los bautizados. Ya en este primer domingo de Cuaresma, los dos temas están presentes en las lecturas y otros textos litúrgicos. San Pedro (II lectura) vincula explícitamente al camino de conversión bautismal también la experiencia de Noé: “aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente los salva” (v. 21), en virtud de Jesucristo, que murió, “el inocente por los culpables” (v. 18) y resucitó (v. 21).

 

Con Noé –que no era ni israelita, ni cristiano, ni musulmán, sino “un hombre justo y cabal, que andaba con Dios” (Gn 6,9)–  Dios estableció la primera alianza con la humanidad (I lectura), aun antes que con Abrahán: una alianza universal, con todos los pueblos, antes de otras revelaciones específicas; no ha sido una alianza sobre una base étnica o religiosa, sino simplemente sobre la base humana. Una alianza no revocada jamás, vigente hoy y para siempre; que tendrá, sin embargo, su plenitud necesaria en Jesucristo. Una alianza que está a la base de cualquier diálogo posible con todas las expresiones religiosas y culturales. El pacto atañe a las personas, en primer lugar –“con ustedes y con sus descendientes” (v. 9)–, pero también a todo ser viviente... a todos los animales (v. 10). Dios es el primer ecologista: Él es celoso de cada criatura. El signo de esta alianza, escogido por el mismo Dios, es el arco iris, símbolo de la voluntad universal de salvación por parte de un Dios que jamás se cansa de la familia humana: no habrá nunca maldad humana capaz de inducirlo a destruir a sus criaturas. El arco de flechas de muerte se ha convertido, por iniciativa de Dios, en arco de buenos auspicios y de paz.

 

Históricamente, esta alianza con Noé tuvo lugar en los tiempos bíblicos (varios milenios antes de Cristo) y, cabe presumir, en las tierras medio-orientales (Iraq y países cercanos), bañadas y a menudo inundadas por las aguas de los ríos Tigris y Éufrates. En esos cielos, el signo del arco iris ha sido interpretado como símbolo de paz y de prosperidad. Hoy, un sinnúmero de armas de muerte cruzan esos mismos cielos... Los más sofisticados arcos de guerra siembran por doquier terror y destrucción. Solamente un cambio de mentalidad, sólo la conversión al Dios de Jesucristo, puede salvar a la familia humana. Urge anunciarlo a todos. ¡Con fe y vigor!

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Para los discípulos de Cristo es mandato permanente que compromete a todos; es misión exigente que los impulsa a anunciar y testimoniar ‘el evangelio de la paz’, proclamando que el reconocimiento de la plena verdad de Dios es condición previa e indispensable para la consolidación de la verdad de la paz”.

Benedicto XVI

Homilía en la Jornada Mundial de la Paz, 1° enero 2006

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 7/3: Stas. Perpetua y Felicidad, mártires en Cartago (+203), bajo el emperador Septimio Severo.

- 8/3: S. Juan de Dios (1495-1550), portugués, fundador de la Orden Hospitalaria de S.J.d.D., protector de los hospitales, patrono de los enfermeros.

- 8/3: Jornada Internacional de la Mujer.

- 9/3: Ss. Cuarenta Soldados capadocios, mártires en Sebaste (Armenia, +320).

- 9/3: Sto. Domingo Savio, muerto a los 14 años (+1857), educado por S. Juan Bosco.

- 10/3: B. Elías del Socorro Nieves del Castillo, agustino mexicano, mártir en Cortázar (México, +1928).

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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