PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Una comunidad transformada e iluminada
anuncia el Evangelio



XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Año B - 29.10.2006

 

Jeremías  31,7-9

Salmo  125

Hebreos  5,1-6

Marcos  10,46-52

 

Reflexiones

La curación de Bartimeo, el ciego de Jericó, marca un punto de llegada y una nueva partida, en el contexto del Evangelio de Marcos. Es el último milagro de sanación realizado por Jesús, al concluir una serie de enseñanzas morales; y es el punto de partida hacia Jerusalén, donde Él ha de vivir los acontecimientyos de su última semana terrena, la Semana Santa, desde el ingreso triunfal en la ciudad hasta la pasión y la resurrección.

 

Jesús ha dado importantes enseñanzas morales, que, si se llevan a la práctica, renuevan a las personas desde dentro, con un cambio de mentalidad y de conducta (metanoia). Las exigencias morales que Jesús presenta  (ver los pasajes del Evangelio de Marcos en los domingos anteriores) llevan a la conversión del corazón, dando como resultado la libertad interior de la persona. Antes que de renuncias, es más justo hablar de don de liberación-purificación del corazón, para descubrir y seguir a Jesús, que es el verdadero tesoro. Tenemos, por tanto, la liberación del egoísmo (negarse a sí mismo, cargar con la cruz: 8,32-38); libertad en los afectos (unidad e indisolubilidad del matrimonio, amor y respeto para los niños: 10,2-16); libertad frente a las riquezas (peligro de las riquezas: 10,17-31); libertad del poder (autoridad como servicio: 10,35-45).

 

En cada uno de estos ámbitos el discípulo vive la tensión permanente entre la mentalidad mundana dominante y la llamada de Jesús. A menudo esta tensión llega a un choque, conflicto entre la oscuridad del mal y la luz del Evangelio. En este punto, antes de empezar la subida hacia Jerusalén, Marcos pone, emblemáticamente, la curación del ciego de Jericó (Evangelio), que él narra como un hecho milagroso y, al mismo tiempo, rico de simbología.

 

El ciego “estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna” (v. 46): era inmóvil, mendigo y, por tanto, dependiente de los demás... Cuando Jesús se acerca, la vida del ciego cambia: le grita por dos veces su situación implorando ayuda (v. 47-48). Tropieza con el grupo de los discípulos, que en un primer momento lo estorban y obstaculizan, pero después lo animan a ir hacia Jesús que lo llama (v. 49). El ciego suelta el manto  -símbolo de su seguridad hasta ese momento-,  da un salto, se acerca a Jesús, recibe de Él la fe y la vista, y lo sigue por el camino (v. 52). El camino que sube a Jerusalén es duro, sobre todo por los acontecimientos que le esperan a Jesús en esa Semana; pero el discípulo, ahora iluminado, sabe que el Maestro lo precede y lo atrae en pos de sí.

 

Bartimeo es un símbolo del discípulo que por fin abre los ojos a la luz del Maestro y toma la decisión de seguirle por el camino... La llamada de Jesús no llega directamente al ciego; hay alguien encargado de comunicársela. Estos mediadores representan a los auténticos seguidores de Cristo, sensibles al grito de quien busca la luz. Son aquellos que consagran una buena parte de su tiempo a escuchar los problemas de los hermanos en dificultad, que tienen siempre palabras de aliento, que indican a los ciegos el camino que lleva al Maestro” (F. Armellini). Ésta es la responsabilidad misionera de la comunidad de los creyentes: transformados por el amor de Dios  (*), su tarea es evitar los tropiezos y, con el testimonio y la palabra, facilitar el camino para los que buscan la luz y la verdad de Jesús. Este compromiso misionero empieza con las realidades cercanas, para llegar a los confines del mundo.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “La misión brota del corazón: cuando uno se detiene en oración delante del Crucifijo, con la mirada puesta en ese corazón traspasado, no puede no experimentar interiormente el gozo de sentirse amado y el deseo de amar y de convertirse en instrumento de misericordia y de reconciliación... La misión brota siempre de un corazón transformado por el amor de Dios, como lo atestiguan numerosas historias de santos y de mártires, que de diferentes maneras han entregado su vida al servicio del Evangelio”.

Benedicto XVI

Angelus en el día del DOMUND,  22 de octubre de 2006

 

 

Siguiendo lo pasos de los Misioneros

- 30/10: B. Alejo Zaryckyj (1912-1963), sacerdote griego-católico de Ucrania, muerto mártir en un campo de concentración en Dolinka, en el Kazakistán.

- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que viven con Cristo en la gloria”, desde donde siguen ofreciendo el servicio misionero de la intercesión en favor de toda la humanidad.

- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), acogido como hermano lego en el Convento de S. Domingo, donde era portero, enfermero, hombre de oración, austeridad y caridad.

- 3/11: S. Ermengaudio, obispo de Seu d’Urgell, Cataluña (+1035), uno de los grandes evangelizadores españoles en las tierras rescatadas después de las invasiones de los moros.

- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán, hombre de doctrina y caridad; organizó sínodos y seminarios para la formación del clero y promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.


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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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