PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


El amor desemboca y se concreta en la Misión



XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Año B - 05.11.2006

 

Deuteronomio  6,2-6

Salmo  17

Hebreos  7,23-28

Marcos  12,28-34

 

Reflexiones

En el laberinto de leyes y prescripciones, normas y preceptos contenidos en las Sagradas Escrituras, los rabinos habían catalogado hasta 613 mandamientos. Los habían clasificado minuciosamente en: 248 preceptos positivos (es decir, acciones para cumplir; tantas como los huesos del cuerpo humano), y en 365 preceptos negativos (acciones a evitar, tantas como los días del año). Era obligatorio observarlos todos, aunque algunos preceptos se consideraban graves y otros leves. Las mujeres  -no se comprende bien por qué-  estaban dispensadas de los 248 preceptos positivos. Era difícil aprenderlos todos y, más aún, observarlos. En el intento de una simplificación, algunas escuelas rabínicas discutían quisquillosamente cuáles eran los preceptos más importantes: para algunos, el mandamiento de ‘no tengas otros dioses’; para otros, la observancia del sábado; otros se acogían a la opinión del maestro Hillel: “No hagas a tu prójimo lo que no deseas para ti; ésta es toda la ley, lo demás es puro comentario”.

 

En este contexto se inscribe el diálogo entre el escriba y Jesús sobre “qué mandamiento es el primero de todos” (Evangelio, v. 28). Asistimos a un modelo de diálogo, que se fundamenta en las fuentes y concluye con una coincidencia doctrinal y un aprecio mutuo: “tienes razón”, “había respondido sensatamente” (v. 32.34). Más allá de la forma, lo que más importa es el contenido. Jesús, siguiendo la más pura tradición bíblica (I lectura), pone al principio del camino del creyente la escucha de Dios, el único Señor: “Escucha, Israel...” (shemá, Israel). La fe es, ante todo, escucha y adhesión: el discípulo escucha y cree, se abandona a su Dios amándolo con todo lo que es (corazón, mente, alma, fuerzas). Pero Jesús, sin que se lo pidan, asocia al primero un segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 31; Lv 19,18).

 

Numerosos textos del Nuevo Testamento (los tres evangelistas sinópticos, Juan, Pablo...) subrayan la similitud de los dos mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo sobre la base común del amor. Es más, la síntesis de los mandamientos se concentra en el amor al prójimo: “Esto les mando: ámense unos a otros” (Jn 15,17); el distintivo típico de los discípulos de Jesús es el mandamiento nuevo: “si se tienen amor los unos a los otros” (Jn 13,34.35). Para San Pablo “toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gal 5,14); “la caridad es la ley en su plenitud” Rm 13,10).

 

El motor de la vida del cristiano es el amor. Porque “Dios es amor” (1Jn 4,16). (*)  El cristianismo no es una religión hecha de prohibiciones o de teorías; es, ante todo, un camino de amor. Los ritos y los sacrificios tienen un valor secundario respecto del mandamiento del amor: amar vale más (Mc 12,33). “Ama, y haz lo que quieras”, afirmaba S. Agustín. El cristianismo es un camino de vida; un amor que se entrega hasta el extremo (Jn 13,1); un amor que se hace misión y servicio hasta dar la vida en rescate por los demás (Mc 10,45). Para que todos tengan vida en abundancia (Jn 10,10): los de cerca y los de lejos, en especial los pobres y los débiles. Para bien de todos: amigos y enemigos. Así como Jesús, que se ha ofrecido a sí mismo y ahora vive para interceder (II lectura), también el cristiano se ofrece a sí mismo por los demás.

 

Es necesario hacer también la aplicación eclesial y misionera del mandamiento del amor, como lo hizo el cardenal Dionisio Tettamanzi, arzobispo de Milán, en la Arena de Verona el pasado 16 de octubre, en la apertura de la IV Conferencia nacional de la Iglesia italiana: “Considero como muy oportuna y estimulante la relectura eclesiológica del mandamiento bíblico «ama a tu prójimo como a ti mismo», que, rigurosamente hablando, se conjuga así: «ama la parroquia de los demás como la tuya, la diócesis de los demás como la tuya, la Iglesia de otros países como la tuya, la agrupación de los otros como la tuya, etc.». ¿Acaso estoy exagerando y refugiándome en una especie de sueño, o, más bien, estoy proclamando la belleza y la audacia de nuestra fe? No hay dudas: en el mysterium Ecclesiae esto es posible, es un deber: no solamente en las intenciones y en la oración, sino también en lo concreto de la acción. Noto que precisamente en las realidades de cada día podemos captar el íntimo e inseparable vínculo entre comunión y misión, entre misión y comunión. Son absolutamente inseparables: simul stant vel cadunt (juntas se sostienen de pie o caen)”.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “El amor fraterno que el Señor pide a sus amigos tiene su manantial en el amor paterno de Dios... Para amar según Dios es necesario vivir en él y de él: Dios es la primera casa del hombre y sólo quien habita en él arde con un fuego de caridad divina capaz de incendiar al mundo. ¿No es ésta la misión de la Iglesia en todos los tiempos? Entonces no es difícil comprender que el auténtico celo misionero, compromiso primario de la comunidad eclesial, va unido a la fidelidad al amor divino... Precisamente de la conciencia de esta misión común toma su fuerza la generosa disponibilidad de los discípulos de Cristo para realizar obras de promoción humana y espiritual”.

Benedicto XVI

Mensaje para el día del DOMUND (29.4.2006) n. 3

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 5/11: B. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.

- 7/11: S. Prosdócimo (s. III), fundador de la comunidad cristiana alrededor de Padua y su primer obispo.

- 9/11: Dedicación de la Basílica de S. Juan de Letrán, catedral del Papa, en cuanto obispo de Roma: iglesia “madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del orbe”.

- 9/11: En 1989 cae el “Muro de Berlín”, símbolo de unas nuevas relaciones entre los pueblos.

- 10/11: S. León Magno, papa y doctor de la Iglesia (+461), salvó Roma e Italia de las invasiones de los Hunos y de los Vándalos.

- 11/11: S. Martín de Tours (+397), fundador de monasterios y evangelizador de los pobladores de la Galia central (Francia); tuvo fama de taumaturgo; fue el primer Santo no mártir venerado en la Iglesia latina.


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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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