PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical 


 

LA EXPERIENCIA DE FRATERNIDAD

es estímulo a la Misión

 

Domingo 31° del T. O.

Año “A” - Domingo 30.10.2005

 

Malaquía  1,14-2,1-2.8-10

Del Salmo  130

1Tesalonicenses  2,7-9.13
Mateo  23,1-12

 

Reflexiones
La creciente tensión entre los judíos y Jesús está llegando al punto de fractura, que culminará en la pasión. Dan prueba de ello los pasajes del Evangelio de hoy y de los domingos anteriores, con los repetidos choques y preguntas insidiosas para hacerlo caer. Tras múltiples llamados al culto autentico, a la conversión del corazón y de las costumbres, Jesús (Evangelio) desenmascara la hipocresía de los escribas y fariseos “porque ellos no hacen lo que dicen” (v. 3); aun reconociendo su autoridad (“cumplan lo que les digan…”), denuncia su ansia de poder (cargan fardos pesados en los hombros de la gente, v. 4); y pone en evidencia su vanidad en buscar los primeros puestos, saludos y elogios (v. 5-7). Jesús enseña a sus discípulos que el título de Padre compete sólo al Padre del cielo, y que el título de Maestro-Señor corresponde sólo a Cristo. Los únicos títulos de honor que competen a los discípulos son los de: hijo, hermano, servidor: “Todos ustedes son hermanos” (v. 8); “el primero entre ustedes será su servidor” (v. 11).
 
Sólo Dios es grande; todos nosotros somos hijas/hijos de un único Padre y Creador, como lo enseña hoy también el profeta Malaquías (I lectura): “¿No tenemos todos un solo Padre?… ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su hermano?” (v. 10). Dios nos confía una responsabilidad sobre los hermanos (‘¿dónde está tu hermano?’) y rechaza la perfidia de quien contesta: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gn 4,9). La grandeza real de una persona consiste en reconocerse hijo del Padre del cielo, hermano/hermana de todos, servidor delos demás, por amor. Recuerdo la convicción y el gozo interior de un compañero de misión que solía decir: ‘Nunca me he sentido tan grande como cuando me he sentido hermano’.
 
El que hace experiencia de fraternidad siente una responsabilidad misionera específica y tiene un estilo peculiar de evangelizar: siente la urgencia de comunicar a otros la buena noticia de Cristo, comparte los bienes espirituales y materiales, sabe valorar la diversidad de dones que el Padre distribuye a cada uno, ayuda a todos a superar las fronteras y las tensiones de raza, casta o ideología... Por eso Juan Pablo II define al misionero como el hermano universal, subrayando esta característica de la espiritualidad misionera. *  Vivir la fraternidad hacia todos es una urgencia en muchos lugares donde se desarrollan actividades misioneras, dada la frecuencia de conflictos y la necesidad de reconciliación.
 
En la fiesta del DOMUND del domingo pasado, hemos recordado que el anuncio del Evangelio constituye el primero y el más positivo servicio que la Iglesia puede brindar a la humanidad. Los misioneros son servidores y portadores de este mensaje. ¡Para todos los pueblos! S. Pablo (II lectura) marca el estilo de la misión: con humildad y la conciencia de que el mensaje es más grande que nosotros, “como Palabra de Dios” (v. 13); con entrega total y la ternura de una madre (v. 7-8); anunciando el Evangelio con gozo y libertad de corazón; involucrando a todos para que tomen parte activa en la más noble aventura por Cristo. Con espíritu de fraterna colaboración, como lo sugiere también un proverbio africano de Burkina Faso: “Si las hormigas se ponen de acuerdo, logran transportar un elefante”. La empresa es exigente, pero es posible y precisa.
 
 
Palabra del Papa
*  “El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo. EL misionero es el hermano universal; lleva consigo el espíritu de la Iglesia, su apertura y atención a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los más pequeños y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideología: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusión ni preferencia”.
Juan Pablo II
Redemptoris Missio, (1990), n. 89
 
 
Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 30/10: B. Alejo Zaryckyj (1912-1963), sacerdote griego-católico de Ucrania, muerto mártir en un campo di concentración en Dolinka, en el Kazakistán.
- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que viven con Cristo en la gloria”, desde donde siguen ofreciendo el servicio misionero de la intercesión a nuestro favor.
- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), acogido como hermano lego en el Convento de S. Domingo; portero, enfermero, hombre de oración, austeridad y caridad.
- 3/11: S. Ermengaudio, obispo de Seu d’Urgell (+1035), uno de los grandes misioneros españoles en las tierras rescatadas después de las invasiones de los Moros.
- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán, hombre de doctrina y caridad; organizó sínodos y seminarios para la formación del clero y promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.
- 5/11: B. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero, fundador de los Misioneros Javerianos.

 

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++