PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical 


 

“Estén siempre alegres”:

¡el Señor está cerca!

 

III  Domingo de Adviento

Año B –  11.12.2005

 

Isaías  61,1-2.10-11

Salmo  Lc 1,46-50.53-54

1Tesalonicenses  5,16-24
Juan  1,6-8.19-28

 

Reflexiones
“El que llega primero al manantial bebe el agua más pura”. Este proverbio de Tanzania, que tiene el gusto del agua fresca de los montes, despierta el sentido de alegría que es típico del Adviento, si se vive en la espera y la vigilancia. En este domingo “gaudete” (Alégrense), la invitación litúrgica a la alegría es insistente: en el canto de entrada, oración colecta, I y II lecturas, salmo responsorial… San Pablo explica el motivo del gozo cristiano: “¡el Señor está cerca!” (Fil 4,4.5). Para Pablo (II lectura) la alegría se alimenta en la oración y en la fidelidad al Espíritu (v. 17-19). Entre las características de la espiritualidad misionera, muy oportunamente Juan Pablo II incluye “la alegría interior, que viene de la fe” (RMi 91). *
 
El profeta (I lectura) invita al pueblo, liberado de la esclavitud, a alegrarse: hay una “buena noticia” para los que sufren, libertad para los prisioneros, un año de misericordia para todos (v. 1-2)… El pueblo puede desbordar de gozo con el Señor (v. 10), que es capaz de renovar al mundo con nuevos brotes (v. 11). De este himno de alegría se hace eco María, la primera creyente, con su cántico de alabanza por las “obras grandes” que el Poderoso hace por sus siervos (salmo responsorial). En María está la voz de la Iglesia peregrina entre gozos y tribulaciones. ¡Está la voz de cada uno de nosotros! Está sobre todo la voz de Jesús, quien en la sinagoga de Nazareth hizo suyo el programa del profeta, sintiéndose ungido para llevarlo a cabo (Lc 4,18-21).
 
Juan el Bautista (Evangelio) tiene conciencia de ser “enviado por Dios” (v. 6) para preparar el camino del Señor (v. 23); se reconoce tan sólo como voz de Otro, que es mayor que él. En efecto, Dios es la Palabra; Juan es sólo voz de Él, porque no tiene un mensaje propio. Él sabe que la fuerza está en la Palabra, no en el portavoz. Así como la fuerza está en la semilla, no en el que la esparce. Juan es testigo de esta realidad de salvación, que le sobrepasa. Él se alegra de esto, contento con disminuir, consciente de ser tan sólo “el amigo del novio”, y es justo que sea Él, el novio, quien crezca (Jn 3,29.30). Éste es el testimonio fuerte que Juan dio ante esa severa comisión oficial de encuesta que llegó de la capital. Juan el Bautista, en ésta como en otras circunstancias, es un auténtico modelo para los misioneros, hasta el martirio. (Lo explica bien el teólogo A. Rétif, en su libro Juan el Bautista misionero de  Cristo, Seuil-EMI, 1960).
 
En el campo de la Misión, la fuerza de transformación viene de Dios, la Palabra es Suya; el misionero está llamado a ser Su voz, a esparcir la semilla en los campos del mundo… De todo ello el apóstol es testigo, pero no es ni la Palabra, ni la semilla, ni el campo… El misionero es sólo voz, enviado a anunciar. Él debe anunciar, con la vida y la palabra, como afirma S. Pablo: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1Cor 9,16); aunque el pregonero no es dueño de los corazones que acogen el anuncio. Lo mismo que el Bautista, también el cristiano – y el misionero – hace un camino de progresiva identificación: primero descubre la Palabra, luego se alimenta de ella, hasta convertirse en testigo y misionero. ¡Hasta los confines de la tierra!
 
 
Palabra del Papa
*  “Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la «Buena Nueva» ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza”.
Juan Pablo  II

Redemptoris Missio, (1990) n. 91

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 12/12: Nuestra Señora de Guadalupe, quien se apareció en la colina del Tepeyac en México (1531) a San Juan Diego, con un mensaje de esperanza en los comienzos de la evangelización de América: “No temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”
- 14/12: S. Juan de la Cruz (1542-1591), sacerdote carmelita español, místico y doctor de la Iglesia, reformador de la Orden del Carmelo junto con S. Teresa de Ávila.
- 14/12: S. Nimatullah Youssef Kassab Al-Hardini (1808-1858), sacerdote maronita libanés, hombre ascético, entregado al estudio y  a la actividad pastoral.
- 16/12: B. Felipe Siphong Onphitak (1907-1940), padre de familia y catequista. Cuando el párroco fue expulsado, le escogieron para ser el guía de su comunidad y fue matado en Mukdahan.
- 17/12: S. Juan de Matha (1154-1213), sacerdote francés, fundador de la Orden de los Trinitarios para rescatar a  los esclavos en poder de los árabes.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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