PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 

Misioneros con el corazón grande, como el de Dios

 

III  Domingo del Tiempo Ordinario

Año B  -  22.1.2006

 

  • Jonás  3,1-5.10
  • Salmo  24
  • 1Corintios  7,29-31
  • Marcos  1,14-20

 

Reflexiones
Después del Bautismo en el Jordán y de la experiencia en el desierto, Jesús comienza su vida pública con un anuncio esencial, que Marcos –el evangelista que leemos en este ciclo litúrgico– presenta en cuatro puntos (v. 15): ya se ha cumplido el tiempo de la salvación y está cerca el reino de Dios; es tiempo de convertirse y de creer en esta buena noticia.
 
El Evangelio de Marcos, aun dentro de su brevedad, tiene un mensaje global y completo. “El catecúmeno en el Evangelio de Mc – el cristiano hoy, cada uno de nosotros – está invitado a comprender que Dios está a punto de tomar posesión de su vida y sale a su encuentro con una misteriosa iniciativa, que él está llamado a aceptar” (Carlos M. Martini). Desde el comienzo hasta el final, una pregunta insistente recorre los 16 capítulos de Marcos: ¿Quién es Jesús?” Los numerosos milagros de curaciones y esa doctrina nueva, enseñada desde el comienzo con autoridad por un Maestro tan sorprendente (1,27), tiene dos puntos culminantes  –a mitad y al final del Evangelio de Marcos– en la misma profesión de fe de dos testigos oculares: el discípulo Pedro, quien afirma: “Tú eres el Cristo” (8,29), y el centurión pagano, quien al pie de la cruz declara: “Verderamente este hombre era Hijo de Dios” (15,39). Esta afirmación queda ratificada inmediatamente con la resurrección (16,6).
 
El núcleo del mensaje de Jesús es que la iniciativa de Dios para salvar el mundo es ya un hecho: con la encarnaciún del Hijo, Dios ha puesto su morada definitiva entre los hombres; en Jesucristo el Reino ha alcanzado su plenitud; de ahora en adelante, la salvación de todos pasa necesariamente a través de la Persona del Dios que ha tomado carne humana. El acontecimiento tiene tal magnitud que justifica plenamente, por un lado, las exigencias de Jesús: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (v. 15) y, por otro, la decisión radical de los discípulos en seguirlo inmediatamente, dejando de lado afectos e intereses personales (v. 18.20). La conversión conlleva un cambio total de mentalidad sobre la manera de ver a Dios, al hombre y la creación. Por parte de Dios ya no va a haber otras propuestas: el Evangelio ya está todo presente en Jesús, no habrá otro. Pero el Evangelio-Buena Noticia no es un libro de doctrinas o teorías espirituales: es una Persona, es Jesús mismo. Los primeros cuatro discípulos (v. 16-20), y más tarde los otros, no van tras una doctrina, por muy estupenda que sea, sino tras una Persona. Se fían de Él, le abren de par en par el corazón, le confían su destino. Aun con alguna fragilidad, ¡lo seguirán hasta dar su vida por Él!  *
 
El Maestro llama a los discípulos, los va formando, transformando. El seguimiento lleva a la misión: Jesús los hace pescadores de hombres (v. 17), portadores de su Buena Noticia, de la que la humanidad, si no quiere caer en el engaño, tiene extrema y urgente necesidad, “porque pasa la configuración de este mundo” (II lectura).
 
Dios ama a cada persona y quiere que todos seamos felices: da prueba de ello ese acontecimiento que se llama ‘Jesucristo’. Llevar este mensaje hasta los confines de la tierra es tarea de todos sus seguidores, llamados a ser discípulos y misioneros con un corazón grande, a imitación del corazón de Dios. Nada de personas mezquinas, testarudas e recelosas como Jonás (I lectura), profeta que, en un primer momento, huye para no cumplir el mandato misionero de Dios que lo envía a los pueblos paganos de Nínive, y más tarde cumple con el anuncio sólo parcialmente, “durante un día de camino” (v. 4), sentándose al final para protestar contra Dios, porque es “bueno y misericordioso”, siempre pronto al perdón, incluidos los pueblos lejanos (Jonás 4). La experiencia y la conciencia de universalidad es fundamental, tanto de cara a los contenidos del mensaje (el Evangelio) como a los destinatarios del anuncio (hacia todos los pueblos), pero también para los misioneros y las misioneras, que el Señor llama a ser portadores de su mensaje de salvación.
 
Palabra del Papa
*  “Para nosotros, los cristianos, Dios ya no es, como en la filosofía anterior al cristianismo, una hipótesis, sino una realidad... Con razón, Orígenes ve en la parábola de la oveja perdida, a la que el pastor toma sobre sus hombros, la parábola de la Encarnación de Dios. Sí, en la Encarnación él descendió y tomó sobre sus hombros nuestra carne, a nosotros mismos. Así, el conocimiento de Dios se ha hecho realidad, se ha hecho amistad, comunión. Demos gracias al Señor porque... ha tomado sobre sus hombros nuestra carne y nos lleva por los caminos de nuestra vida... A nuestro lado está el Dios-Emmanuel, que para los cristianos tiene el rostro amoroso de Jesucristo, Dios hecho hombre, hecho uno de nosotros”.

Benedicto XVI
Audiencia general, Miércoles, 11.1.2006

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 22/1: S. Vicente Pallotti (1795-1850), fundador de los Pallottinos/as, promotor de las misiones y del apostolado de los laicos, llamado por Pío XI “Precursor de la Acción Católica”.
- 22/1: B. Laura Vicuña, nacida en Chile y fallecida en Argentina a la edad de 13 años (+1904). Ofreció su vida por la conversión de su mamá.
- 23/1: S. Ildefonso, obispo de Toledo (607-667), escritor sagrado, verdadero padre de la Iglesia en España; dio un gran impulso a la liturgia y a la devoción mariana.
- 23/1: B. Marianne Cope (1838-1918), religiosa de la familia franciscana, misionera durante algunas décadas entre los leprosos en las islas Hawai y en Molokai.
- 24/1: S. Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra, escritor y gran evangelizador.
- 25/1: Conversión de S. Pablo, apóstol de los gentiles (pueblos paganos).
- 26/1: SS. Timoteo y Tito, colaboradores de S. Pablo, obispos de Efeso y Creta, respectivamente.
- 28/1: S. Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia; su Summa contra Gentiles es uno de los primeros manuales para misioneros entre los no cristianos, en particular los musulmanes.
- 28/1: S. José Freinademetz (1852-1908), de la Sociedad del Verbo Divino, misionero en China.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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