PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

Los signos del Crucificado-Resucitado y de la Misión


 

III Domingo de Pascua

Año B – 30.4.2006

 

Hechos  3,13-15.17-19

Salmo  4

1 Juan  2,1-5

Lucas  24,35-48

 

Reflexiones

La presencia de Jesús, que acompañaba a los dos discípulos en la ruta hacia Emaús (Lc 24,13s), concluyó con el descubrimiento de la identidad de ese misterioso viajero, que les ha explicado las Escrituras, ha calentado su corazón, ha partido el pan... “A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció... Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén” (Lc 24,31.33). En este punto comienza el pasaje de Lucas hoy (Evangelio), presentando a los Once apóstoles y a los Dos de Emaús que intercambian sus experiencias acerca del Resucitado (v. 34-35). Por fin, en la tarde de ese día –¡el primero del nuevo calendario de la historia humana!- Jesús en persona se aparece a todo el grupo y les dice: “¡Paz a Ustedes!” (v. 36).

 

La experiencia pascual de los discípulos, que ven y reconocen al Señor resucitado, se hace anuncio, se transforma en el fundamento de la misión de los apóstoles y de la Iglesia de todo tiempo y lugar. El texto de Lucas comienza y concluye con el anuncio pascual: los Dos de Emaús hablan de su encuentro con el Resucitado y los Once son enviados por Jesús a predicar “a todos los pueblos la conversión y el perdón de los pecados” (v. 47).

 

Los apóstoles, lejos de ser unos inocentones, oponen resistencia antes de aceptar que Jesús ha resucitado. Lucas insiste, primero, en decir que ellos estaban llenos de miedo y alarmados, tenían dudas y creían ver un fantasma (v. 37-38); luego, Lucas quiere dar pruebas concretas de la corporeidad del Resucitado. Por su parte, Jesús insiste en decir: “Soy yo en persona” (v. 39) y ofrece pruebas palpables de que es Él, el mismo Jesús, “de carne y hueso”: come delante de ellos un trozo de pez asado (v. 43), los invita a mirar y tocar sus manos, pies, costado (v. 39). Al final los discípulos se entregan y creen: las heridas de la pasión se convierten en signos visibles y palpables de que existe identidad y continuidad entre el Cristo histórico y el Cristo resucitado.

 

Normalmente, de no ser en circunstancias o por análisis especiales, las personas se identifican por el rostro. Jesús, por el contrario, quiere que los discípulos –Tomás, en particular- lo reconozcan por sus manos, los pies y el costado. “La referencia es a las heridas de los clavos y de la cruz, cumbre de una vida entregada por amor. El cuerpo resucitado de Jesús guarda los signos del don total de sí mismo... Al cristiano también se le reconocerá por las manos y los pies... El anuncio de la resurrección de Cristo es eficaz y creíble solamente si los discípulos pueden, como el Maestro, mostrar a los hombres sus manos y sus pies marcados por obras de amor” (F. Armellini).

 

Las tres lecturas neotestamentarias de este domingo pascual tienen un hilo conductor común: la conversión y el perdón de los pecados. Ambos –conversión y perdón- tienen su raíz en la Pascua de Jesús y son parte esencial del anuncio misionero de la Iglesia. Pedro (I lectura) lo declara en la plaza pública el día de Pentecostés: “Arrepiéntanse y conviértanse, para que se borren sus pecados” (v. 19). Y Juan (II lectura) exhorta amablemente (dice: “hijos míos”) a no pecar; pero, si alguno peca, hay siempre una tabla de salvación: “tenemos ante Padre un abogado, a Jesucristo, el Justo... víctima de propiciación por los pecados del mundo entero” (I Jn 1-2). (*)

 

Se nos ofrece esta hermosa noticia de la salvación como don del  Espíritu Santo, el cual, para Lucas y para Juan, tiene una especial conexión con el perdón de los pecados. Esta conexión aparece ahora más evidente en la nueva fórmula de la absolución sacramental, lo mismo que en una oración de la Misa donde se invoca al Espíritu Santo, porque “Él es el perdón de todos los pecados” (cfr oración sobre las ofrendas, en el sábado antes de Pentecostés).

 

Para el evangelista Juan, la institución del sacramento de la reconciliación tiene lugar el mismo día de Pascua: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,23). El perdón de los pecados es, por tanto, un regalo pascual de Jesús. Con razón, el gran teólogo moralista Bernardo Häring llama a la confesión “el sacramento de la alegría cristiana”. Para Lucas “la conversión y el perdón de los pecados” son el mensaje que los discípulos deberán predicar “a todos los pueblos”, en el nombre, es decir, por mandato de Cristo (Lc 24,47). Éstos son los signos del Crucificado-Resucitado, los signos de la Misión.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “La Iglesia es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña... En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores. La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual Él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones. Por eso, nos alegramos de pertenecer a esta gran familia que vemos aquí; de tener hermanos y amigos en todo el mundo”.

Benedicto XVI

Vigilia de Oración con los Jóvenes, Colonia, 20.8.2005

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/4: B. María de la Encarnación Guyart Martin (1599-1672), primera misionera de la historia (desde Francia a Canadá), mística, fundadora, junto con algunos jesuitas, de la Iglesia canadiense.

- 30/4: S. José Benedicto Cottolengo (1786-1842), sacerdote de Turín; confiando en la Divina Providencia, fundó obras e Institutos para la gente más necesitada y abandonada.

- 1/5: S. José Obrero, de Nazaret, quien enseñó a Jesús a trabajar. – Jornada Mundial de los Trabajadores.

- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandría de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y expulsado varias veces por los herejes arrianos.

- 3/5: SS. Apóstoles: Felipe de Betsaida, y Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén.

- 3/5: B. María Leonia (Alodia) Paradis (1840-1912), religiosa canadiense, fundadora de las Pequeñas Hermanas de la S. Familia de Sherbrooke, en Quebec (Canadá).

- 4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, misionero en China, fundador, muerto en Treviri (Alemania).

- 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245 en Barcelona), fundador, junto con S. Ramón de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos.

- 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec.

- 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda; fundó en Piacenza la congregación de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) salieron para  misiones a otros continentes.



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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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