PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

El culto universal del “corazón sincero”


 

III Domingo de Cuaresma

Año B - 19.3.2006

  • Éxodo 20,1-17
  • Salmo 18
  • 1Corintios 1,22-25
  • Juan 2,13-25

 

Reflexiones

Culto y ética, credo religioso y práctica moral son dos elementos constitutivos del perfil espiritual de cada persona humana, que emergen de la Palabra de Dios proclamada hoy. En cuanto al culto, la venida de Jesús ha traído cambios radicales con relación al Antiguo Testamento. Cualquiera que reflexione con realismo sobre el hecho de Jesús que, a base de latigazos, echa del templo a mercaderes y cambistas, bueyes, ovejas y palomas (Evangelio), queda sorprendido de la energía y el valor con que Él se atreve a afrontar categorías de personas vinculadas más al dinero y a los intereses que al culto y a la religión. Se trata de una actuación de Jesús que será un motivo para acusarle en el juicio que lo llevará a la muerte.

 

El significado de este gesto tan desacostumbrado (casi descompuesto) en Jesús, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), va mucho más allá de la irritación de un momento por un hecho tan indecente como el haber convertido “en un mercado la casa de mi Padre” (v. 16). Ese gesto es un signo de que ya se acabó el tiempo de un culto vinculado al sacrificio de animales y al ofrecimiento de cosas para aplacar a Dios. Ese gesto y el hecho de que “el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mc 15,38) son signos de que la religión judía está definitivamente superada. De ahora en adelante, el único templo es el cuerpo de Cristo -Él hablaba del templo de su cuerpo”- (v. 21), crucificado y resucitado.

 

El contacto con Él -el único Salvador- se realiza no ya en la estrechez de los muros, la sangre de animales, cumplimiento mecánico (y mágico) de ritos exteriores, sino en la intimidad de cada persona, en la fe y en los signos sacramentales, en espíritu y verdad: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad” (Jn 4,21-24). El único culto agradable a Dios brota de un corazón arrepentido, como en el publicano (Lc 18,13-14), y reconciliado: “vete primero a reconciliarte con tu hermano, luego vuelves y presentas tu ofrenda” (Mt 5,24). Con razón, por tanto, Pablo exhorta “a que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será su culto espiritual...” (Rm 12,1-2). Se trata de un mensaje que abre enormes perspectivas para la Misión y para los pueblos que todavía no conocen el Evangelio. Los caminos para llegar al contacto salvífico con Cristo Salvador no están reservados sólo para algunos, sino que están abiertos a todas las gentes: a cualquiera que busque a Dios con corazón sincero. (*)

 

Además de la fe y del culto, podemos leer, en esta perspectiva misionera, también los compromisos de la vida moral. Los diez mandamientos (I lectura) tienen su fundamento en la ley natural, la cual es anterior a la Revelación de Dios en la Biblia y en la Iglesia. Esta verdad tiene una importancia extraordinaria para el trabajo de los misioneros en el mundo. Los mandamientos son patrimonio espiritual y ético de toda la humanidad, si bien la Revelación cristiana nos ofrece una comprensión, más segura y global, de la misma ley natural. El decálogo, o ley natural, posee, para todos los pueblos, un valor universal aun antes y fuera de la Revelación cristiana.

 

Nos lo enseña también el Catecismo de la Iglesia Católica. “Los diez mandamientos pertenecen a la Revelación de Dios. Nos enseñan, al mismo tiempo, la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto, indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ‘ley natural’: «Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Luego se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo» (S. Ireneo de Lyón). Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación: «En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad» (S. Buenaventura). Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la Revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral” (CCC, nn. 2070-2071).

 

Fe y mandamientos, culto y ética: son dimensiones fundamentales de la vida humana, las mismas que el cristiano vive a la luz del misterio pascual de Cristo, crucificado y resucitado (II lectura), “escándalo para los judíos, necedad para los paganos, pero, para los llamados... fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (v. 23-24).

 

San José -del cual hoy celebramos la fiesta- ha entrado de manera singular en el misterio pascual de Jesús, de María y de la Iglesia, de la cual es Patrono universal. Él es un modelo insigne de búsqueda, escucha y fidelidad al plan de Dios, a quien ha ofrecido el culto de su corazón sincero, junto con la ejemplaridad de sus obras.

 

 

Palabra del Papa

(*) “No es el poder lo que redime, sino el amor... El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”.

Benedicto XVI

Homilía en el comienzo solemne del Pontificado, 24 de abril de 2005

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 19/3: S. José, esposo de la B. V. María, padre putativo de Jesús, Patrono de la Iglesia universal.

- 21/3: (Primavera, en el hemisferio norte): Jornada Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial.

- 23/3: S. Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606), arzobispo de Lima (Perú), patrono del Episcopado latinoamericano. - IV centenario de la muerte.

- 24/3: XXVI aniversario del asesinato de Mons. Óscar Arnulfo Romero (+1980), arzobispo de San Salvador (El Salvador). - Jornada de oración y ayuno por los misioneros mártires.

- 25/3: Anunciación del Señor: el Verbo de Dios se hizo hombre.



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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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