PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical 


 

Dios busca una casa en el corazón de cada persona

 

IV  Domingo de Adviento

Año B –  18.12.2005

 

2Samuel  7,1-5.8-12.14-16

Salmo  88

Romanos  16,25-27
Lucas  1,26-38

 

Reflexiones
La Navidad está cerca; en los hogares cristianos y en las iglesias se intensifican los preparativos para el nacimiento, que es uno de los signos típicos de la Navidad, porque reconstruye el lugar y el ambiente en el cual nació Jesús. Los textos bíblicos de este domingo proponen el tema del lugar donde Dios nace, donde Él mora. ¿Dónde encontrar una casa para Dios? ¿Cuáles son sus preferencias?
 
El rey David (I lectura), tras haber logrado la paz con los enemigos que le rodeaban y haberse construido un palacio de cedro (v. 1-2), decide levantar un templo para el arca de su Dios. Ciertamente, pensaba en un templo grandioso, capaz de competir con los santuarios de los pueblos vecinos. Pero el profeta Natán rechaza ese proyecto: lo que más importa es que David entienda que Dios lo ha sacado de andar tras las ovejas (v. 8) y que los resultados de pacificación se deben a una presencia dinámica de Dios a su lado: “he estado contigo en todas tus empresas” (v. 9). También la dinastía y la descendencia, que tanto preocupan al rey, se le darán como don que “permanecerá por siempre” (v. 16.11), como parte de un proyecto más grande, querido por Dios.
 
La manifestación plena de la morada de Dios en medio de la familia humana es la carne de Cristo, que es el Hijo de Dios en carne humana (Evangelio). El seno de la Virgen María es escogido, por obra del Espíritu Santo, como lugar de la morada humana de Dios, quien ha preparado, para esa tarea, una persona especial, la “llena de gracia” (v. 28). Varios Padres de la Iglesia subrayan que María concibió al Hijo de Dios primero en su corazón, y luego en su cuerpo. Es decir, que es primeramente morada de Dios por la fe y el amor, antes que por su maternidad física. Todo esto se hizo posible gracias a la plena disponibilidad de María, quien acogió esa propuesta tan sorprendente del ángel de Dios: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí…” (v. 38). El fiat de María es mucho más que una aceptación resignada: el texto griego, que subyace, indica un deseo, una disponibilidad gozosa para que esto ocurra. Ha empezado ya la nueva familia de los verdaderos adoradores del Padre en espíritu y en verdad (Jn 4,23). Así, María puede cantar las grandes obras que el Todopoderoso hizo en ella (Lc 1,49).  *
 
Entre estas obras está también el cumplimiento de la promesa de Dios a David, de quien el Hijo del Altísimo – e hijo de María – heredará el trono para un reino que no tendrá fin (v. 32-33). S. Pablo (II lectura) habla de este misterio de salvación “mantenido en secreto durante siglos” (v. 25), pero “manifestado ahora… para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe” (v. 26). Dios quiere ser encontrado y acogido en el corazón de cada persona humana, ya que cada una está creada a su imagen. Toda persona, cada cultura, es morada de Dios. En cada persona existen signos de la belleza y bondad de Dios; en las culturas de los pueblos se encuentran signos de verdad, las llamadas “semillas del Verbo”, que son vehículos hacia una realidad más grande, y necesitan encontrarse con el Verbo para alcanzar su plenitud y madurez.
 
Cada corazón humano es, potencial y realmente, una incipiente morada de Dios. La actividad misionera de la Iglesia consiste en descubrir los signos de la presencia de Dios en el corazón de cada persona y en los acontecimientos de la historia cotidiana de los pueblos, para llevar a todos a la plenitud de vida en Cristo, el único Salvador. María es un modelo de esta plenitud, la primera creyente y la primera misionera de Cristo: después de la anunciación, lo lleva enseguida consigo al encuentro con su prima Isabel, y lo ofrece a los pastores y a los magos. María, modelo de morada divina, nos enseña que Dios quiere renovar a las personas desde dentro; que el corazón humano es la primera y la mejor morada (pesebre, nacimiento, belén), donde Jesús quiere nacer. Es decir, ¡en el corazón de cada persona!
 
 
Palabra del Papa
*  “Cuanto más cerca de Dios está el hombre, más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho que ella esté totalmente junto a Dios es la razón por la que está también tan cercana a los hombres. Por eso, es la Madre de todo consuelo y auxilio, una Madre a la cual, en cualquier necesidad, todos pueden dirigirse en sus debilidades y en su pecado... Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento, de esperanza. Ella se dirige a nosotros y nos dice: «¡Ten el valor de atreverte con Dios! ¡Haz la prueba! ¡No le tengas miedo! ¡Ten el valor de optar por la fe! ¡Ten el valor de arriesgar con la bondad! ¡Ten el valor de optar por el corazón puro! ¡Comprométete con Dios, y verás que tu vida se hace más abierta y luminosa, no aburrida, sino llena de infinitas sorpresas!»”
Benedicto XVI
Homilía para la Inmaculada Concepción, 8.12.2005
 
 
Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 21/12: S. Pedro Canisio (1521-1597), sacerdote jesuita de Europa central, teólogo en el Concilio de Trento, animador de la contrarreforma alemana, autor de un catecismo; es doctor de la Iglesia.
- 22/12: Sta. Francisca Javier Cabrini (Lodi 1850 - 1917 Chicago), fundadora de las Misioneras del Sgdo. Corazón de Jesús, para atender sobre todo a los emigrantes, en favor de los cuales creó numerosas obras.
- 23/12: S. Juan Cancio de Kety (1390-1473), sacerdote y teólogo polaco, maestro de varias generaciones de sacerdotes; párroco ejemplar en la oración y en el servicio de la caridad.
- 23/12: Sta. María Margarita de Youville (1701-1771), laica canadiense de Quebec, madre de familia, viuda, y luego religiosa y fundadora.
- 23/12: B. Antonio da Sta. Ana Galvão de França (São Paulo +1822), sacerdote franciscano de Brasil, entregado a la predicación y a la penitencia.
- 24/12: B. Bartolomé María del Monte (1726-1778), sacerdote de Bolonia, asiduo predicador de misiones al pueblo y al clero en más de 60 diócesis de Italia; creó la Pía Obra de las Misiones.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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