PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

La misión va más allá de las
restricciones legales, ambientales, culturales


 

VI  Domingo del Tiempo Ordinario

Año B  -  12.02.2006

 

  • Levítico  13,1-2.45-46
  • Salmo  31
  • 1Corintios  10,31-11,1
  • Marcos  1,40-45

Reflexiones
En el Antiguo Testamento y en las culturas antiguas, el leproso era un muerto en vida: enfermo incurable, considerado como un maldito, excluido de la familia y de la convivencia social. La ley judía (I lectura) le imponía vivir solo, marginado y gritar a todos los transeúntes su situación de inmundo (v. 45-46). En los siglos posteriores, las condiciones de los enfermos de lepra no han mejorado, hasta el descubrimiento del bacilo específico por Hansen (1873), el uso de la sulfona, el aislamiento en las leproserías y, más tarde, los cuidados en ambulatorios. Gracias a las campañas del vagabundo de la caridad y apóstol de los leprosos, Raoul Follereau (1903-1977), y a la asistencia capilar de muchos misioneros y misioneras, se ha reducido la cortina de prejuicios, ha ganado terreno la idea correcta de que la lepra es una enfermedad como las otras, una enfermedad que es posible curar y erradicar, a bajos costos. Sin embargo, existen todavía unos 10 millones de leprosos en el mundo, con decenas de nuevos casos cada día. En ciertos aspectos (infección, efectos devastadores, marginación...), la gravedad y el espanto de la lepra se asemejan al azote moderno del SIDA.

Siempre los misioneros han reservado una particular atención a los enfermos de lepra, superando la mentalidad común sobre ellos. Han seguido el ejemplo de Jesús (Evangelio), quien ha actuado a contracorriente, dejando de lado las restricciones legales: permite que el leproso se le acerque, escucha su petición, se conmueve, le tiende la mano, lo toca, lo sana con una palabra (v. 40-41). La conmoción de Jesús es profunda, visceral (v. 41), como lo indica el verbo griego usado con frecuencia por los evangelistas (splanknistéis) para describir la conmoción íntima de Jesús ante las muchedumbres hambrientas, la misericordia del padre del hijo pródigo, y otras escenas.

Ese leproso anónimo, con el rostro desfigurado y las manos y pies sin dedos, grita a Jesús una de las más bellas oraciones de los Evangelios, hecha de rodillas, con humildad y confianza: “Si quieres, puedes limpiarme” (v. 40). El leproso es un hombre de oración y de misión: “comenzó a proclamar bien alto y divulgar la cosa” (v. 45). Desafiando el contexto de prohibiciones legales, Jesús se conmueve en lo más íntimo y se atreve a tocar al leproso con la mano, contrayendo incluso la impureza legal; Jesús revela así hasta qué punto ha entrado en la historia humana, pobre-enferma-pecadora-marginada, alcanzándola en su profundidad, cargando con la debilidad, la maldición, el ostracismo social... El misterio pascual de Jesús está prefigurado en la vicisitud del leproso: en ese contacto físico que cura, sana, limpia, salva, re-incorpora al enfermo en la comunidad. Sanando a los leprosos, Jesús realiza un signo típico de su misión mesiánica (cfr Mt 11,5). Además, el leproso sanado, que grita a todos su alegría, es una bella imagen misionera del cristiano y de la comunidad que proclama las maravillas del Dios que salva.

“La lepra es síntoma de un mal más grave y más vasto, que es la miseria”, ha recordado el Papa hace unos días. (*) Una miseria de dimensiones planetarias, que afecta a un número creciente de personas. Por tal motivo, con ocasión de la inminente Cuaresma, el Papa lanza a los gobernantes y a las personas de buena voluntad una nueva invitacón a asumir en primera persona la mirada misericordiosa de Jesús hacia las muchedumbres necesitadas de hoy: “Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la mirada de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa «mirada». Los ejemplos de los santos y las numerosas experiencias misioneras que caracterizan la historia de la Iglesia son indicaciones valiosas para sostener del mejor modo posible el desarrollo”.

Pero no es suficiente comprometerse por el desarrollo y cualquier otra forma de promoción humana, hay que hacerlo a la manera de Jesús. “Por sí solo el sufrimiento no es creativo, debe volverse fecundo, dar vida a la esperanza. Es el momento en que nos damos cuenta que, para que el desierto se convierta en jardín, no basta con arrancar espinos y cardos, es preciso plantar flores y árboles frutales” (R. Alves, brasileño). Los milagros de Jesús, lejos de ser simples manifestaciones de un super-poder extraordinario, iban siempre acompañados de actitudes de acogida, misericordia, fe, esperanza. La lucha contra las injusticias y toda forma de mal no es completa si no va acompañada de amor, misericordia, solidaridad. Así como Jesús ha dado prueba de su misión mesiánica sanando a los leprosos y curando otras enfermedades, también la Iglesia da prueba de autenticidad en la cura pastoral amorosa a favor de los pobres, marginados y de todos los que sufren. ¡En esto se juega en gran parte su credibilidad!

Palabra del Papa

(*)  “Deseo dirigir un saludo especial a todos los que sufren por esta enfermedad (lepra), y animo a los misioneros, a los agentes sanitarios y a los voluntarios comprometidos en esta frontera de servicio al hombre. La lepra es síntoma de un mal más grave y más vasto, que es la miseria. Por eso, como hicieron mis predecesores, renuevo el llamamiento a los responsables de las naciones a fin de que unan sus esfuerzos para superar los graves desequilibrios que aún perjudican a gran parte de la humanidad”.

Benedicto XVI
Angelus, en la Jornata Mundial de los enfermos de lepra, domingo 29.1.2006

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 12/2: S. Saturnino, sacerdote, y 48 compañeros mártires (+304), laicos norteafricanos en Abitine (Cartago), quienes declararon ante el procónsul: “Sin el domingo no podemos vivir”.

- 14/2: Ss. hermanos Cirilo, monje (+Roma 869), y Metodio, obispo (+885), nacidos en Tesalónica; fueron grandes evangelizadores de los pueblos eslavos y danubianos. Son co-patronos de Europa.

- 15/2: S. Claudio La Colombière (1641-1682), sacerdote jesuita, promotor de la devoción al Corazón de Jesús.

- 16/2: B. José Allamano (1851–1926), fundador de los Institutos de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata.

- 17/2:  Los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María (Florencia, s. XIII), mendicantes y misioneros.

 

 

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++