PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

Ascensión:
para una Iglesia en permanente estado de Misión


 


Domingo (7° de Pascua) de la Ascensión del Señor

Año B – 28.5.2006

 


Hechos  1,1-11
Salmo  46
Efesios  4,1-13
Marcos  16,15-20

 

Reflexiones

La Ascensión de Jesús al cielo se presenta bajo tres aspectos complementarios: 1° como una gloriosa manifestación de Dios (I lectura): con la nube de las apariciones divinas, hombres vestidos de blanco, cuatro referencias al cielo en tan sólo dos versículos, el anuncio del retorno futuro (v. 9-11); 2° como el epílogo de una hazaña difícil y paradójica, pero exitosa (II lectura): Jesús, subiendo a lo alto, distribuye dones a los hombres y llena el universo (v. 8.10); 3° como el envío de los apóstoles para una misión tan grande como el mundo (Evangelio).

 

Los acontecimientos que coronan la vida terrena de Jesús dan sentido e iluminan el doloroso recorrido anterior. “Por eso, Juan habla de exaltación, por tanto de ascensión de Jesús en el mismo día de la muerte en la cruz: muerte-resurrección-ascensión constituyen el único misterio pascual cristiano, en el cual se realiza la recuperación en Dios de la historia humana y del ser cósmico. También los cuarenta días, mencionados en Hechos 1,2-3, evocan un tiempo perfecto y definitivo, y no se deben considerar en modo alguno como una información cronológica” (G. Ravasi).

 

El acontecimiento del hecho pascual de Jesús es la raíz de la gozosa esperanza de la Iglesia y de la serena confianza de los fieles de poder gozar un día de la misma gloria de Cristo (Prefacio). Ésta es la base del compromiso apostólico y del optimismo que anima a los misioneros del Evangelio, con la certeza de ser portadores de un mensaje de vida y de esperanza, que ya ha tenido éxito pleno en Cristo gracias a la resurrección; y lo va teniendo, aunque sólo inicialmente, también en la vida de los miembros de la comunidad cristiana. Los frutos ya se dan: es preciso verlos y saber apreciarlos.

 

Motivados interiormente por esta positiva experiencia de vida nueva en Cristo, los Apóstoles  –y los misioneros de todos los tiempos–  se convierten en Sus “testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo” (Hch 1,8), en un movimiento que se abre progresivamente del centro (Jerusalén) hacia una periferia tan vasta como el mundo entero. En efecto, el mundo entero es el campo al cual Jesús, antes de subir al cielo, envía a los suyos (Evangelio): “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación” (v. 15).  (*)

 

Los verbos del envío a la misión mantienen su perenne actualidad: ‘ir’ indica el dinamismo y el valor para adentrarse en las nuevas situaciones del mundo; ‘predicar’ para que los pueblos se hagan seguidores no ya de una doctrina, sino de una Persona; ‘creer’ quire decir la obediencia de la fe; ‘bautizar’ hace referencia al sacramento que transforma e introduce a las personas en la vida trinitaria y eclesial.

 

Los apóstoles ponen en práctica en seguida el mandato de Jesús: “Se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes” (v. 20). Las últimas palabras de los Evangelios son el lanzamiento de la Iglesia en misión  -¡una Iglesia en permanente estado de Misión!-,  para continuar la obra de Jesús. ¡Por todas partes, siempre! Con el aporte de cada uno, arremangándose, según la expresión popular, para que el proyecto de Jesús llegue a transformar a las personas por dentro, en el corazón, y, de esta manera, se logre crear un mundo más justo, fraterno, solidario. La mirada al cielo -meta final e inspiradora del gran viaje de la vida- no distrae y no quita energías; por el contrario, estimula a los cristianos a tener hacia el mundo una mirada de amor, un compromiso misionero sintonizado con las situaciones concretas, generoso y creativo por la vida de la familia humana.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Nosotros existimos para mostrar a Dios a los hombres. Tan sólo allí donde se ve a Dios, empieza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios viviente, llegamos a conocer lo que es la vida… No hay nada más hermoso que ser alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo. No hay nada más hermoso que conocerle a Él y compartir con otros la amistad con Él. La tarea del pastor, del pescador de hombres a menudo puede parecer pesada. Sin embargo, es hermosa y grande, porque, finalmente, es un servicio a la alegría, al gozo de Dios que quiere hacer su ingreso en el mundo”.

Benedicto XVI
Homilía en el solemne inicio del Pontificado, 24 de abril 2005.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 28/5: Ascensión de Jesús al cielo, después de enviar a los Apóstoles al mundo entero. – Jornada de las Comunicaciones Sociales.

- 28/5: Beatos Antonio Julián Nowowiejski (1858-1941) y León Wetmanski (1886-1941), respettivamente arzobispo y obispo auxiliar de Plock (Polonia), presidente y secretario de la Unión Misional del Clero (PUM), ambos fallecidos en un campo de concentración.

- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote francés de los Oblatos de María Inmaculada, pionero de las misiones en Suráfrica y Lesotho.

- 29/5: S. Úrsula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austríaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús Agonizante; realizó viajes misioneros por diferentes países de Europa.

- 30/5: S. José Marello (1844-1895), obispo de Acqui Terme (Piamonte), fundador de los Oblatos de S. José, para la formación moral y cristiana de la juventud.

- 31/5: Visitación de la Virgen María a su prima Isabel: un encuentro de fe y de alabanza al Señor.

- 1/6: S. Justino, filósofo cristiano, nacido en Palestina y martirizado en Roma (+165).

- 1/6: B. Juan B. Scalabrini (1839-1905), obispo de Piacenza, fundador de los Misioneros de S. Carlos, para el cuidado pastoral de los migrantes.

- 2/6: Con la bula pontificia ‘Sublimis Deus’, Pablo III condena la esclavitud (año 1537).

- 3/6: SS. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires de Uganda, asesinados (entre 1885-1886) en Namugongo y alrededores de Kampala. Junto con ellos murieron otros 23 jóvenes de confesión anglicana.




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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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