PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

   

LA  SAMARITANA:

sed  de  agua  y  sed  de  Dios

III Domingo de Cuaresma

Año “A” – Domingo  27.2.2005

 

Éxodo  17,3-7

Del Salmo  94

Romanos  5,1-2.5-8

Juan  4,5-42


Reflexiones
 

Múltiples y sabrosos son los comentarios sobre este famoso texto del Evangelio de Juan, como se puede apreciar en los libros de homilética. Siguiendo la opción propia para este sito misionero, nos limitamos a indicar tan sólo algunos apuntes que pueden ayudar a los obreros del Evangelio y estimular el compromiso misionero de las comunidades cristianas que celebran la Eucaristía.

 

El pasaje del Evangelio presenta situaciones sencillas, ordinarias: hace calor, Jesús está cansado del camino, se sienta, tiene sed, desea agua, los discípulos han ido a comprar comida, llega una mujer samaritana al pozo como solía hacerlo cada día; se habla de cántaro, provisiones de alimentos... Son las realidades concretas de las que empieza la estupenda evangelización de Jesús, quien involucra, gradualmente, a la mujer, a la gente del pueblo, a los discípulos… De la búsqueda del agua cotidiana Jesús los lleva “al surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (v. 14); del pozo de Jacob (v. 6) al agua del bautismo y al Espíritu Santo; de los templos sobre los montes a las personas que “adorarán al Padre en espíritu y verdad”, como lo desea el Padre (v. 23); de la provisión de comida hasta un alimento que los discípulos no conocen: hacer la voluntad del Padre (v. 31.32.34)... Estamos ante una página perfecta de metodología misionera.

 

El que pide agua para beber (v. 7) es el que después se dará a si mismo como bebida que quita para siempre la sed de la mujer y de la gente: el Mesías “soy yo: el que habla contigo” (v. 26). ¡Suprema revelación de la identidad de Jesús! Él hace de esa mujer irónica (v. 9), poco seria en su vida sentimental, una misionera entusiasta de la buena noticia del Mesías: “vengan a ver…” (v. 29); y hace de muchos ‘samaritanos’ de ese pueblo, unos creyentes que Le retienen por dos días y Lo reconocen como el “Salvador del mundo” (v. 43).

 

Los discípulos deben ahora aprender a leer los signos maduros del crecimiento del Reino: “Levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega” (v. 35). Palabras del Maestro, que aluden a la ‘mies abundante’, en la que faltan obreros; por tanto, es preciso rogar “al dueño de la mies para que envíe obreros para su mies” (Mt 9,37-38). Es posible y necesario leer esos signos, porque, como dice Pablo (II lectura), Cristo ha muerto por nosotros y “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo” (Rom 5,5): Él ya está trabajando, aun antes de la llegada de los misioneros (Jn 4,36-38) y trasforma el corazón de las personas, incluso de las más imprevisibles.

 

Jesús introduce el tema del agua viva diciendo: “Si tú conocieras el don de Dios…” (Jn 4,10). Entre los múltiples dones con los que Dios rodea y alimenta nuestra vida, está ciertamente el don de la fe, que constituye un motivo peculiar de acción de gracias y de renovado compromiso misionero.* En efecto, la fe estimula a la misión y, a su vez, la misión fortalece la fe. **

 

“El pueblo estaba torturado por la sed…” (Éx 17,3 – I lectura). Hoy como entonces, el pueblo está cansado, murmura y reclama ‘agua’. ¡Tiene derecho a ello! La humanidad es cada vez más consciente de la importancia del agua para la vida humana y para el planeta. Basándose en el desequilibrio meteorológico, con la consiguiente irregularidad de lluvias, escasez de recursos hídricos, aumento de la desertificación, etc., los expertos en geopolítica prevén que, en las próximas décadas, el tema de las aguas será una causa para mayores conflictos a nivel mundial. Se trata de problemas que afectan a países ricos y países pobres. La falta de agua potable golpea sobretodo a los países más necesitados y provoca inquietantes consecuencias para la salud. En Mozambique, por ejemplo, tan sólo el 17% de la población rural tiene acceso al agua potable; sobre 1000 niños, mueren 126; la esperanza de vida al momento de nacer, para los varones es de 47 años, y de 51 para las mujeres. Estos son tan sólo algunos de los graves problemas diarios de la vida misionera en muchas regiones del mundo, donde la gente tiene hambre y sed: de alimentos y de Dios.

 

 

Palabra del Papa

* “Las incomparables riquezas que Dios nos otorga con el don de la fe son un motivo de inmensa gratitud… ¿Qué cosa ofreceremos al Señor a cambio de este don divino, además del asentimiento de la mente, si no es nuestro celo por difundir entre los hombres el resplandor de la divina verdad? El espíritu misionero, alimentado por el fuego de la caridad, es, de algún modo, la primera respuesta de nuestra gratitud hacia Dios, comunicando a nuestros hermanos la fe que hemos recibido”.

Pío XII, Comienzo de la encíclica Fidei Donum, 21 de abril de 1957.

 

** “La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!

Juan Pablo II, Redemptoris Missio, (1990), n. 2.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 26/2/1885: (Fecha importante para la historia del colonialismo en África y de las misiones):

en la Conferencia de Berlín (1884-1885) las potencias europeas se reparten el continente africano.

- 28/2: S. Augusto Chapdelaine, sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, mártir (1856) en Xilinxian, provincia de Guangxi (China).

- 3/3: Bb. Liberato Weiss, Samuel Marzorati y Miguel Pío Fasoli de Zerbo , ofm, mártires (1716) en Gondar (Etiopía).

- 3/3: S. Catalina Drexel, fallecida en Filadelfia (USA, 1955), fundadora; repartió su rica herencia en favor de los indígenas y afroamericanos.

 

 

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A cargo de: P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma – Sito Web:  www.ciam.org   “Parola per la Missione”