PALABRA PARA LA MISIÓN

Apuntes de reflexión misionera

sobre la liturgia dominical

 

LAS BIENAVENTURANZAS: CORAZON DE LA MISION

IV Domingo  Tiempo Ordinario
Año "A" – Domingo  30.1.2005

 

Sofonías 2,3; 3,12-13

Del Salmo 145

1 Corintios 1,26-31

Mateo 5,1-12

 

Reflexiones

 

En la secuencia de epifanías, o progresivas manifestaciones de Jesús (ver domingos anteriores), las Bienaventuranzas son el programa de su misión, la magna charta, una especie de constitución del Reino de Dios, que es el valor que hay que buscar antes y por encima de todo. Antes de ser un mensaje ético de comportamientos, la Bienaventuranzas son una afirmación teologal de la primacía de Dios y de sus criterios, a menudo contrarios a los caminos y pensamientos de los hombres. En realidad las Bienaventuranzas son una reafrimación del primer mandamiento: “Yo so el Señor Dios tuyo: no tendrás otro Dios fuera de mí”. Avidez de riquezas, poder, fuerza, soberbia, opresión… son contrarias al programa escogido por Jesús: El ha decidido que el Reino crezca con personas que optan por la pobreza, la mansedumbre, la pureza del corazón, la búsqueda y el trabajo por la paz, el sufrimiento del mal y la injusticia… Las Bienaventuranzas tienen un fuerte contenido escatológico y reclaman, por tanto, la prioridad del anuncio del Dios vivo.

 

Se trata de un cambio total con respecto a los criterios humanos. El profeta Sofonías (I lectura) exhorta a los humildes de la tierra a buscar al Señor, la justicia y la moderación, porque el Señor guarda una atención especial hacia los pobres y necesitados (salmo). S. Pablo nos lo confirma, escribiendo a los Corintios (II lectura) que Dios ha escogido lo necio del mundo, la gente baja, lo despreciable, lo que no cuenta… de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor (cfr v. 27-29). La misma comunidad de Corinto es un ejemplo de esto: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos o aristócratas (v. 26). Situaciones como ésta se repiten casi en todas partes en las jóvenes Iglesias misioneras, sobretodo en el sur del mundo, donde el anuncio del Evangelio y el crecimiento de las comunidades cristianas se llevan a cabo con medios sencillos y frágiles, casi siempre en situaciones de minoría, incomprensión, hostilidad.

 

Fundamentándose en el Evangelio, Juan Pablo II afirma: “El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de jusiticia y de paz, caridad: es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cfr Mt 5,1-12). Viviendo las Bienaventuranzas experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la buena nueva ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza” (Juan Pablo II, Redemptoris Missio, n. 91).

 

Es conocida la admiración de Gandhi (del cual hoy se cupmle el 57 aniversario del asesinato) y de otros líderes espirituales no cristianos por el mensaje de las Bienaventuranzas proclamadas por Jesús. El programa de las Bienaventuranzas exige la conversión interior de los evangelizadores; sin ella no son posibles ni la misión ad gentes, ni la actividad pastoral, ni el verdadero ecumenismo. *

 

 

Palabra del Papa

* “La oración debe ir acompañada de la purificación de la mente, de los sentimientos, de la memoria. Así se transforma en expresión de la conversión interior, sin la cual no hay auténtico ecumenismo. En definitiva, la unidad es un don de Dios, don que es preciso implorar sin cesar con humildad y verdad... El dolor de la separación se siente cada vez con mayor intensidad, ante los desafíos de un mundo que espera un testimonio evangélico claro y unánime de parte de todos los creyentes en Cristo”.

Juan Pablo II, Audiencia general, miércoles 19 de enero de 2005.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/1: Jornada mundial de los enfermos de lepra, fundada por Raoul Follereau en 1954.

- 30/1: Gandhi Mohandas Karamchand (1869-1948), el alma grande de la India, líder de la

no-violencia-activa”, asesinado en Delhi.

- 31/1: S. Juan Bosco (1815-1888), fundador de la familia Salesiana: envió a los primeros misioneros salesianos a la Argentina.

- 1/2: B. Luis Variara (1875-1923), misionero salesiano entre los leprosos, muerto en Cúcuta (Colombia).

- 2/2: Presentación del Señor Jesús, proclamado como “la salvación preparada a la faz de todos los pueblos, la luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2,31-32).

- 2/2: S. Juan Teófano Vénard (1829-1861), sacerdote de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, mártir en Hanoi (Vietnam).

- 4/2: S. Juan de Brito (1647-1693), misionero jesuita portugués, mártir en la India.