PALABRA PARA LA MISIÓN

Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

  

EL CIEGO DE NACIMIENTO:

ve y cree

IV Domingo de Cuaresma

Año “A” – Domingo  6.3.2005

 

1 Samuel  16,1.4.6-7.10-13

Del Salmo  22

Efesios  5,8-14

Juan  9,1-41



Reflexiones

 

La liturgia cuaresmal se caracteriza como un camino catequético-bautismal hacia la Pascua, con los grandes temas del rostro de Cristo para contemplar, y además los símbolos del agua, la luz, la vida. En el Evangelio de este domingo es central la figura de Jesús-luz: El es quien ve al ciego, le unta barro en los ojos y le ordena lavarse en la piscina de Siloé (que significa Enviado). El ciego va, se lava y vuelve con vista. El signo es claro, pero tan sólo para el que sabe verlo. Un milagro tan patente de Jesús se convierte en signo de contradicción: ante al mismo hecho se producen dos reacciones opuestas. El ciego va, gradualmente, hacia el descubrimiento del rostro-identidad de Jesús: de un mero hombre, a un profeta, hombre de Dios, Señor… hasta postrarse con fe: “Creo, Señor.”; Ahora el ciego está completamente iluminado y convertido, en el cuerpo y en el espíritu. Mientras el ciego avanza en su descubrimiento de Jesús, los fariseos, por el contrario, se van cerrando ante la luz, no creen al testimonio del ciego, le mandan que se calle y lo expulsan. La obstinación del corazón lleva a la ceguera interior; la fe se puede incluso perder. Sólo el que no teme que la verdad le haga cambiar vida, no le tiene miedo a la luz.

 

“¡Más luz!”, fueron las últimas palabras de Johann W. Göthe.  Jesús, con la palabra y el signo, trae al mundo una luz nueva que aclara una vastísima zona oscura, propia de las personas aún no suficientemente iluminadas por el Evangelio: se trata de la no-comprensión del sentido de la enfermedad, del dolor, de la desgracia... Los discípulos, viendo al ciego de nacimiento, preguntan al Maestro: “¿Quién pecó: éste o sus padres...?” (Jn 9,1). Es un típico planteamiento pre-cristiano del problema del sufrimiento: identificar el dolor o la enfermedad con el pecado, con el mal de ojo, el maleficio, el hechizo por parte de otra persona… Mentalidad muy extendida en personas y ambientes no evangelizados. Pienso en mi experiencia misionera en RdCongo con los muchos problemas y miedos de los ndoki (mal de ojo, y cosas parecidas), ante lo cual muchos cristianos, e incluso catequistas, aún no eran interiormente libres. Se toca con mano que el paganismo (con sus nexos) es sinónimo de tiniebla y de manejos oscuros, que serpentean abundantemente entre los cristianos, de todas las latitudes. El corazón humano nunca está del todo convertido.

 

Se sale del paganismo tan sólo con un camino de conversión permanente, aceptando, interiormente y hasta el fondo,* a Cristo, quien ha dicho: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 9,5), “la verdad los hará libres” (Jn 8,32). Esta la clara invitación de Pablo (II lectura) a caminar como hijos de la luz (cfr Mt 5,14), a no tomar parte en las obras estériles e innombrables de las tinieblas, sino mirar a Cristo: “Despierta tú que duermes... y Cristo será tu luz” (Ef 5,14). Cristo es el Enviado, en el cual lavarse (= bautismo); Él es el Misionero del Padre, el Salvador.

 

La luz de Cristo ayuda a comprender el sentido de la enfermedad y del dolor, como lo estamos aprendiendo del silencioso testimonio que está dando Juan Pablo II, quien ahora predica también a través de su sufrimiento. La fe es una luz nueva que nos permite captar el mensaje de vida presente en el dolor, la oportunidad de purificación y de salvación. La fe nos lleva a fiarnos de Dios, el Pastor que nos conduce por rutas seguras (Salmo responsorial); él tiene caminos y criterios diferentes a los nuestros, “mira el corazón”, como se ve en la elección de David (I lectura). Éste era el más pequeño, un pastor (cfr Lc 2,8); sin embargo, Dios quiere hacer de él un rey. Son los criterios del mismo Dios que sana al ciego, un mendigo (Jn 9,8), un expulsado (Jn 9,34), se le auto-revela, hace de él un creyente, un apóstol. Lo mismo que para la Samaritana. Él es el Dios que elige a los últimos para dar crecimiento a su Reino en el mundo.

 

 

Palabra del Papa

* “Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad... Alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación… Lo que importa es evangelizar -no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces- la cultura y las culturas del hombre”.

Pablo VI, Evangelii Nuntiandi (1975) 18.19.20.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 7/3: Ss. Perpetua y Felicidad, mártires en Cartago (+203), bajo el emperador Septimio Severo.

- 8/3: S. Juan de Dios (1495-1550), portugués, fundador de la Orden Hospitalaria de S.J.d.D., protector de los hospitales, patrono de los enfermeros.

- 8/3: Jornada Internacional de la Mujer.

- 9/3: Ss. Cuarenta Soldados capadocios, mártires en Sebaste (Armenia, +320).

- 9/3: S. Domingo Savio, muerto a los 14 años (+1857), educado por S. Juan Bosco.

- 10/3: B. Elías del Socorro Nieves del Castillo, agustino mexicano, mártir en Cortázar (México, +1928).

- 12/3: S. Luis Orione (1872-1940), sacerdote fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia y de algunas Congregaciones.

 

 

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A cargo de: P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma – Sito Web:  www.ciam.org   “Parola per la Missione”