PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

 
LAS TENTACIONES DE JESUS Y DEL MISIONERO

I Domingo de Cuaresma

Año “A” – Domingo  13.2.2005

 

Génesis  2,7-9; 3,1-7

Del Salmo  50

Romanos  5,12-19

Mateo  4,1-11

 

Reflexiones

 

La celebración de la Cuaresma, que nos lleva “a la verdadera conversión” (oración colecta), vuelve a proponer con fuerza los temas fundamentales de la salvación, y por tanto de la misión: la primacía de Dios y su plan de amor para con el hombre, la redención que se nos ofrece de manera gratuita y generosa en el sacrificio de Cristo, la lucha entre pecado y vida de gracia que acompaña todo ser humano como desafío y como oportunidad, las relaciones de fraternidad y de respeto que el hombre ha de guardar con sus semejantes y con la creación... Son temas que no tocan solamente a los cristianos, sino a todo ser humano, porque la salvación en Cristo es sobreabundante, para todos.

 

Las tentaciones de Jesús (Evangelio) son otra epifanía, o manifestación de Su personalidad espiritual. Junto con las Bienaventuranzas, también las tentaciones son elementos autobiográficos que ayudan a comprender al personaje Jesús: Sus preferencias, criterios, opciones, renuncias, métodos. Todos estos tienen una repercusión sobre la Misión de los discípulos y de la Iglesia en cada tiempo y lugar.

 

Se trató de tentaciones verdaderas, no de un juego-ficción, para Jesús, lo mismo que ocurre para el cristiano y para la Iglesia. “Si Cristo no hubiese vivido la tentación como verdadera tentación, si la tentación no hubiese significado nada para El, hombre y mesías, su reacción no podría ser un ejemplo para nosotros, porque no tendría nada que ver con la nuestra. Es ejemplar solamente si, habiéndose enfrentado realmente con la tentación, El la ha superado desde dentro. No nos interesa una comedia o un ejercicio estilístico!” (C. Duquoc). Jesús ha sido probado en todo, como nosotros, excluido el pecado; por tanto puede ayudar a los que se ven probados (cfr Eb 2,18; 4,15).

 

Realmente Jesús ha chocado con las posibles opciones de método y de camino para realizar Su misión como Mesías. Cada una de las tres tentaciones representa un modelo de mesías, y por tanto de misión: 1. un “reformador social” (convertir las piedras en pan para El y para todos hubiera garantizado un éxito popular); 2. un “mesías milagrero” (un gesto aparatoso, manipulando a Dios, hubiera asegurado espectacularidad y fama); 3. un “mesías del poder”, basado sobre el dominio del mundo, se hubiera impuesto sin dificultad.

 

Jesús supera las tentaciones: opta por la Palabra de Dios como único alimento capaz de saciar totalmente el corazón del hombre (Mt 4,4); se fía del Padre y de su plan (v. 7); escoge respetar la primacía de Dios, el único que es digno de recibir la reverente adoración del hombre (v. 10). Las tentaciones eran como “tres atajos para no pasar por la cruz” (Fulton Sheen), pero Jesús la acepta, con amor, y muere perdonando. Y así ha vencido; el pecado de Adán (I lectura) ha sido superado en Jesús, nuevo Adán, quien ofrece gracia sobreabundante, para todos (II lectura). He aquí nuestra salvación: Jesús nos ha indicato el camino  -¡seguir sus huellas!-  y nos da la fuerza para seguirLe.*

 

Jesús enfrenta las tentaciones con la fuerza del Espíritu (Mt 4,1), del que está lleno desde el seno de su Madre y después del bautismo (Mt 3,16). Es es Espíritu de la Pascua y de Pentecostés. A veces se ha creído que poder, dinero, dominio, supuesta superioridad, super-activismo… fueran caminos apostólicos. Por eso el misionero tiene necesidad del mismo Espíritu de Jesús, que es el agente principal de la evangelización (cfr EN 75) y el protagonista de la misión (cfr RMi 21).

 

 

Palabra del Concilio

* “Siguiendo las huellas de su Maestro, manso y humilde de corazón, (el misionero) manifieste que su yugo es suave y su carga ligera. Con una vida realmente evangélica, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad, con caridad sincera dé testimonio de su Señor, si es necesario, hasta la efusión de la sangre. Dios le concederá valor y fortaleza para conocer la abundancia de gozo que se encierra en la experiencia intensa de la tribulación y de la absoluta pobreza. Esté convencido de que la obediencia es virtud característica del ministro de Cristo, quien con su obediencia redimió al mundo”.

Decreto conciliar sobre la actividad misionera, Ad Gentes, 24.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 14/2: Ss. hermanos Cirilo, monje (+Roma 869), y Metodio, obispo (+885), nacidos en Tesalónica; fueron grandes evangelizadores de los pueblos eslavos y danubianos. Son co-patronos de Europa.

- 15/2: S. Claudio La Colombière (1641-1682), sacerdote jesuita, promotor de la devoción al Corazón de Cristo.

- 16/2: B. José Allamano (1851–1926), fundador de los Institutos de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata.

- 17/2:  Ss. Siete Fundadores de la Orden de los Siervos de María (Florencia, s. XIII), mendicantes y misioneros.