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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

Pascua y Misión: de la pasión de Cristo a la resurrección del hombre
 
Domingo de Pascua
Año C – 4.4.2010


Hechos  10,34.37-43
Salmo  117
Colosenses  3,1-4
Juan  20,1–9
 
Reflexiones

Un pasaje pascual del Evangelio de Juan nos introduce en la Fiesta de hoy. La llegada de unos peregrinos griegos a Jerusalén, en días cercanos a la última Pascua de Jesús, tiene el efecto de una explosión luminosa sobre el misterio que se avecina. Esos peregrinos llevan una pregunta en su corazón y en sus labios: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). Eran personas de lengua y cultura helénica, convertidos o simpatizantes con el judaísmo. Su deseo tiene una honda significación misionera. Su pregunta va mucho más allá de la curiosidad por conocer la estrella de turno. Ellos vienen de lejos, pertenecen a otro pueblo, están cansados por el viaje, llevan en su corazón motivaciones espirituales... Quieren ver a Jesús: no para un saludo fugaz, sino para conocer su identidad, captar su mensaje de vida. La narración de Juan, contiene otros detalles vocacionales y misioneros: para llegar hasta Jesús, se necesitan a menudo guías, acompañantes. Esos peregrinos buscan intermediarios de su cultura, Felipe y Andrés, los únicos apóstoles con nombres griegos.

 
Esos peregrinos griegos asumen un significado emblemático: junto con otras personas de origen no judío (el centurión de Cafarnaún, la mujer Cananea y otros), son las primicias de los pueblos lejanos, también ellos llamados a aprender los caminos del Señor. La aspiración a cambiar de vida, conocer al verdadero Dios, encontrar a Cristo, está en el corazón de cada persona. Es un deseo que atraviesa los siglos, se cruza con personas, pueblos, culturas; a veces es explícito, muchas otras es mudo, intuitivo, indescifrable, a menudo confuso, fragmentario, contradictorio; pero es siempre un gemido que nace de lo profundo de la vida. Son los SOS del espíritu, breves y elocuentes como un sms… Más que las palabras, a menudo gritan los gestos, las situaciones, los sufrimientos, las tragedias, los silencios...

 
¡Queremos ver a Jesús!” Él responde a la petición de los peregrinos griegos, anunciando que ha llegado su hora, la hora de ser levantado de la tierra para atraer a todos a sí (Jn 12,32), a fin de que los pueblos alcancen la vida en plenitud. La hora del grano de trigo, que muere para dar mucho fruto (Jn 12,24). Aquí hay un dato autobiográfico: el grano que muere para dar vida es el mismo Jesús. Él está hablando de sí y muestra el único camino que lleva a la vida: pasar por la muerte y la resurrección. Tan sólo el que cumple este itinerario podrá luego anunciar a Cristo muerto y resucitado. El evangelista Juan indica quiénes podrán señalar a Jesús: son los apóstoles, que, tras haber encontrado personalmente al Resucitado, anuncian con gozo pascual: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,24). Para el evangelista Juan todo el arco de la Misión se encierra entre estas dos expresiones: “¡Queremos ver a Jesús!” y “¡Hemos visto al Señor!” El recorrido es completo en todas sus fases: comienzo, encuentro, diálogo, crecimiento, madurez, gozo, irradiación…

 
¿Quiénes darán cumplimiento a tantas esperanzas? Dar la respuesta corresponde a hombres y mujeres, que somos los cristianos, testigos del Resucitado. No será suficiente una respuesta teórica o la repetición de una fórmula; la respuesta misionera debe arrancar del conocimiento amoroso, de la conversión y adhesión a Cristo. Los cristianos, los misioneros deben poder afirmar, como los apóstoles después de la resurrección: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,24). “El apóstol es un enviado, pero antes es un experto de Jesús” (Benedicto XVI). También él  debe ser grano de trigo que muere para dar vida. Sólo así p
uede anunciar el Evangelio con credibilidad y eficacia. (*)

 
De la experiencia de vida nueva en Cristo nace el compromiso misionero del anuncio y del compartir. Puesto que Cristo ha resucitado, existe una manera nueva de relacionarse: con Dios, entre los seres humanos, con el cosmos, con las fuerzas del bien y del mal… Una vida mejor es posible, gracias al compromiso de los que creen en Cristo resucitado y hacen causa común con el hombre.

 
Creer en la resurrección de Cristo trae consigo comprometerse por la resurrección del hombre.
El lema de la exposición de la Sábana santa (Turín, 10 de abril - 23 de mayo de 2010), contiene un fuerte mensaje humano y misionero: "Pasión de Cristo - Pasión del hombre". Cristo, hombre de dolores, continúa hoy su pasión en los dolores del hombre. De cada persona. Por su pasión y resurrección, Cristo se converte en el primogénito de la nueva familia humana que nace de la Pascua: es la familia de los resucitados, llamados a vivir como resucitados. Hoy, para laicos, religiosas y sacerdotes, hacer Misión es colaborar con el Espíritu del Resucitado, para que la resurrección de Cristo sea resurrección del hombre. De esta manera la contemplación de la pasión de Cristo no se dirige sólo al pasado, sino que se convierte en compromiso por el presente y el futuro: ¡una contemplación que lleva necesariamente a un renovado compromiso misionero!

 
Palabra del Papa

(*)  «La resurrección no ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir, al Señor resucitado, nos aferramos, y sabemos que también Él nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y así nos damos la mano unos a otros, nos convertimos en un sujeto único y no solamente en una sola cosa. Yo, pero no más yo: ésta es la fórmula de la existencia cristiana fundada en el bautismo, la fórmula de la resurrección dentro del tiempo. Yo, pero no más yo: si vivimos de este modo transformamos el mundo. Es la fórmula de contraste con todas las ideologías de la violencia y el programa que se opone a la corrupción y a las aspiraciones del poder y del poseer».

Benedicto XVI

Homilía en la Vigilia Pascual, 15.4.2006

 Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 4/4: Pascua en la Resurrección de Jesucristo, Salvador de todos los pueblos. ¡Aleluya!

- 4/4: S. Isidoro (ca. 570-636), obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, hábil en las ciencias y en la organización; se le considera el último Padre de la Iglesia latina.

- 4/4: S. Benedicto Massarari, llamado el ‘Negro’, descendiente de esclavos africanos (Sicilia, 1526-1589), religioso franciscano, el primer africano negro que fue canonizado (1743). Es co-patrono de Palermo.

- 4/4: Recuerdo de Martin Luther King (USA, 1929-1968): líder de los derechos civiles, de la integración racial y de la “no-violencia-activa”, Premio Nobel de la Paz (1964), asesinado en Memphis el 4/4/1968.

- 5/4: S. Vicente Ferrer (1350-1419), sacerdote dominico español, uno de los mayores predicadores y misioneros itinerantes en la Europa occidental.

- 7/4: S. Juan Bautista de la Salle (1651-1719), educador, fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; Pío XII (1950) lo proclamó patrono especial de todos los maestros.

- 7/4: Jornada Mundial de la Salud, organizada por la ONU-OMS.

- 8/4: Jornada Mundial de los Rom y de los Sinti.

- 9/4: B. Tomás de Tolentino (ca. 1260-1321), sacerdote misionero franciscano, que llegó hasta China, y fue martirizado en India.

- 9/4: Recuerdo de Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), teólogo luterano alemán, símbolo de la resistencia contra el nazismo, muerto en el campo de concentración de Flossenburg.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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¡Felices Pascuas! - Volveremos para el domingo 18 de abril.