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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


El amor fraterno: fuerza explosiva, contagiosa, misionera
 
V Domingo de Pascua
Año C – 28-4-2013
Hechos  14,21-27
Salmo  144
Apocalipsis  21,1-5
Juan  13,31-33a.34-35
 
Reflexiones

El Evangelio presenta dos momentos contrastantes, humanamente irreconciliables. Durante la última Cena, Jesús habla con insistencia de su ‘glorificación’: la menciona cinco veces (v. 31-32). Judas sale del Cenáculo llevando dentro su misterio: en esa trágica noche (v. 30) consuma la traición. El contraste es paradójico: faltan tan solo pocas horas para su captura y muerte en la cruz; sin embargo, Jesús se obstina en hablar de glorificación. Su gloria es el momento mismo de su muerte-resurrección, como el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto (cf Jn 12,24.20-21). Ser ese grano de trigo es su carta de identidad. ¡Extraña gloria que se expresa en la locura humillante de la cruz! Con su muerte-resurrección Jesús revela la grandeza del amor de Dios que salva a todos.

 
A la luz de este amor divino que sobrepasa toda medida, se percibe la grandeza del mandamiento nuevo (v. 34), que Jesús deja a sus ‘hijos-discípulos’ como credencial de reconocimiento: “como yo los he amado, ámense también unos a otros” (v. 34-35). La insistencia de Jesús sobre el amor mutuo  -lo repite tres veces en dos versículos-  tiene las características de un testamento importante acerca de un mandamiento que Él, con toda razón, llama “nuevo”.

 
El Antiguo Testamento decía: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Jesús va más allá.

1. Ante todo, su medida ya no es tan solo “como a ti mismo”, con las incógnitas y los errores propios del egoísmo, sino “como yo los he amado”; es decir, la certeza y la medida sin medida del amor divino.

2. El amor que Jesús propone es nuevo, porque es completamente gratuito: no busca motivos para amar; ama al que no lo merece o al que no puede corresponder; ama también al que le hace daño.

3. Se trata de un mandamiento nuevo, porque “antes de Jesús, nadie jamás ha intentado construir una sociedad basada sobre un amor como el suyo. La comunidad cristiana se coloca así como una alternativa, como una propuesta nueva ante todas las sociedades viejas del mundo, ante aquellas que se basan sobre la competitividad, sobre la meritocracia, el dinero, el poder. Este es el amor que debe ‘glorificar’ a los discípulos de Cristo” (F. Armellini). Es un nuevo criterio de asociación, una fuerza especial de agregación, “la señal por la que conocerán todos que son discípulos míos...” (v. 35): el amor mutuo y gratuito tiene una irresistible, contagiosa y explosiva fuerza de irradiación misionera. El amor mutuo se alimenta en el perdón, reconciliación, sufrimiento, entrega de sí, rechazo de la violencia, compromiso por la paz…

 
Tan solo el amor es capaz de inspirar y tejer relaciones nuevas y vitalizantes entre las personas; tan solo la revolución del amor es capaz de transformar a las personas y, por tanto, las instituciones. Lo enseñaba también Raoul Follereau, ‘apóstol de los leprosos y vagabundo de la caridad’: “El mundo tiene solo dos opciones: amarse o desaparecer. Nosotros hemos optado por el amor. No un amor que se conforma con lloriquear sobre los males ajenos, sino un amor combativo, creativo. Para que llegue y pueda reinar, nosotros lucharemos sin pausa ni desmayo. Hay que ayudar al día a amanecer”. Este es el sentido profundo de una vida entregada en el sacerdocio, la consagración religiosa, la vida misionera. (*)

 
Todo el que asume este desafío acepta la utopía de “un cielo nuevo y una tierra nueva” (II lectura), entra en la nueva “morada de Dios con los hombres” (v. 3), donde ya no habrá lágrimas, ni muerte, ni dolor (v. 4), por la fe en Aquel que afirma: “todo lo hago nuevo” (v. 5). Incluida una sociedad nueva que se basa y tiene como objetivo la civilización del amor. También la misión de Pablo y Bernabé (I lectura) perseguía este objetivo: abrir “a los paganos la puerta de la fe” (v. 27), exhortar a los discípulos a permanecer firmes en la fe, porque debemos entrar en el reino de Dios pasando por muchas tribulaciones (v. 22). Este primer viaje misionero de Pablo (Hechos 13-14) es una página intensa y estimulante de metodología misionera: por la manera que la comunidad cristiana de Antioquía escoge a los misioneros que envía, por el valor (parresía) de Pablo y Bernabé en dar el primer anuncio del Evangelio de Jesús a judíos y a paganos, por la institución de nuevas comunidades eclesiales y la designación de presbíteros que las guíen, por las nuevas fronteras geográficas de evangelización más allá de los territorios acostumbrados del Antiguo Testamento y de los Evangelios, por el intercambio con la comunidad de Antioquía a su regreso, por la continua confianza en el Señor que acompaña siempre a los suyos... En una palabra, ¡un modelo de praxis misionera!

 

Palabra del Papa

(*)  «Son muchos los jóvenes hoy en la Plaza. Quisiera preguntarles: ¿alguna vez han oído la voz del Señor, que a través de un deseo, una inquietud, los invitaba a seguirle más de cerca? ¿Han sentido el deseo de ser apóstoles de Jesús? La juventud hay que ponerla en juego por los grandes ideales. ¡Pregúntale a Jesús qué quiere de ti y sé valiente! Detrás y antes de cada vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, está  siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, un abuelo, una madre, un padre, una comunidad… Por eso Jesús ha dicho: “¡Rueguen al dueño de la mies  -es decir, Dios Padre-  para que envíe obreros a su mies!” (Mt 9,38). Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto».

Papa Francisco

Regina caeli, Domingo, 21-4-2013

 Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 28/4: S. Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), celoso apóstol de las misiones populares en Francia, fundador de las Hijas de la Sabiduría y de los Monfortianos.
- 28/4: S. Pedro Chanel (1803-1841), francés, sacerdote marista, misionero en la isla de Futuna, protomártir y patrono de Oceanía.
- 29: S. Catalina de Siena (1347-1380), laica terciaria dominica, mística y doctora de la Iglesia, patrona de Italia y de Europa.
- 30/4: B. María de la Encarnación Guyart Martin (1599-1672), primera mujer misionera de los tiempos modernos (de Francia a Canadá), mística, fundadora  -junto con algunos jesuitas-  de la Iglesia canadiense.
- 30/4: S. José Benedicto Cottolengo (1786-1842), sacerdote de Turín; confiando en la Divina Providencia, fundó obras e institutos para asistir a personas necesitadas y abandonadas.
- 1/5: S. José, obrero, que enseñó a Jesús a trabajar. – Día Mundial de los Trabajadores.
- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandría de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y expulsado varias veces por los herejes arrianos.
- 3/5: SS. Apóstoles Felipe de Betsaida y Santiago, el menor, primer obispo de Jerusalén.
- 3/5: B. María Leonia (Alodia) Paradis (1840-1912), religiosa canadiense, fundadora de las Hermanitas de la S. Familia de Sherbrooke, en Quebec (Canadá).
- 4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, misionero en China, fundador, fallecido en Tréveris (Alemania).


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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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