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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

El Espíritu relanza constantemente la Misión

Domingo de Pentecostés
Año C – Domingo  23.5.2010


 


Hechos  2,1-11
Salmo  103
Romanos  8,8-17
Juan  14,15-16.23-26
 
Reflexiones

La fiesta judía de Pentecostés  -siete semanas, o sea 50 días, después de Pascua-  en un principio era la fiesta de la siega del trigo (cf Éx 23,16; 34,22). Más tarde, se asoció a ella el recuerdo de la promulgación de la Ley en el Sinaí. De fiesta agrícola, Pentecostés pasó a ser progresivamente una fiesta histórica: un memorial de los grandes momentos de la alianza de Dios con su pueblo (ver Noé, Abrahán, Moisés; Jeremías 31,31-34; Ezequiel 36,24-27…). Además de un cambio en el calendario, es importante notar la nueva perspectiva con respecto a la Ley y al modo de entender y vivir la alianza. La ley era un don del que Israel estaba orgulloso, pero se trataba de una etapa transitoria, insuficiente.

 
Era preciso avanzar hacia la interiorización de la ley, un camino que alcanza su cumbre en el don del Espíritu Santo, que se nos ha dado, en lugar de la ley, como verdadero y definitivo principio de vida nueva. El Pentecostés cristiano celebra el don del Espíritu, “que es Señor y dador de vida” (Credo). Alrededor de la Ley, Israel se formó como pueblo. En la nueva familia de Dios, la cohesión ya no viene de un ordenamiento exterior, por excelente que éste sea, sino desde dentro, desde el corazón, en virtud del amor que el Espíritu nos da, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rm 5,5). Gracias a Él (II lectura) “somos hijos de Dios” y exclamamos: “¡Abá, Padre!”. Somos el pueblo de la nueva alianza, llamados a vivir una vida nueva, en virtud del Espíritu, que nos hace familia de Dios, con la dignidad de hijos y herederos (v. 14-17). A esta dignidad debe corresponder un estilo de vida coherente. Pablo describe dos estilos de vida opuestos, según la opción de cada uno: la vida según la carne y la vida según el Espíritu (v. 8-13).

 
El Espíritu hace caminar a las personas y a los grupos humanos, renovándolos y transformándolos desde dentro. El Espíritu abre los corazones, los purifica, los sana y los reconcilia, hace superar las fronteras, lleva a la comunión. Es Espíritu de unidad-fe-amor, en la pluralidad de carismas y de culturas, como se ve en el evento de Pentecostés (I lectura), en el cual se armonizan la unidad y la pluralidad, ambos dones del mismo Espíritu. Pueblos diversos entienden un único lenguaje: el mapa de las naciones debe convertirse  en casa común para “hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (v. 11). S. Pablo atribuye claramente al Espíritu la capacidad de hacer que la Iglesia sea una y plural en la diversidad de carismas, ministerios y servicios (cf 1Cor 12,4-6). La Iglesia tiene que afrontar el desafío permanente de ser católica y misionera: ayudar a la familia humana a pasar de Babel a Pentecostés, de ghetto a campo abierto, por el dinamismo del Espíritu. (*)

 
El Espíritu, que se manifiesta como viento, fuego, don de lenguas, es el Espíritu de la misión universal. Él es el protagonista de la misión (cf RMi cap. III; EN 75s.), que Jesús confía a sus apóstoles y a sus sucesores. Para llevar a cabo esta misión, el Espíritu está siempre cercano y activo, como asegura Jesús en cinco ocasiones durante el largo discurso después de la Cena (Jn 14,16-17; 14,26; 15,26; 16,7-11; 16,13-15). Es el Espíritu Consolador (Evangelio) que permanece con nosotros siempre, que mora en el que ama (v. 16.23); es el Maestro que lo enseña todo y nos va recordando todo lo que Jesús nos ha dicho (v. 26). En Pentecostés los apóstoles entendieron, por fin, las palabras de Jesús que los ha enviado: vayan al mundo entero, hagan de todos los pueblos una sola familia...

 

Un profeta moderno de la misión y de la unidad de los cristianos ha sido ciertamente Atenágoras, Patriarca de Estambul, hombre lleno del Espíritu, como se ve también de estas afirmaciones: “Sin el Espíritu Santo Dios está lejos, Cristo queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una simple organización, la autoridad un poder, la misión una propaganda, el culto un arcaísmo, la conducta moral una conducta de esclavos. Pero en el Espíritu Santo el cosmos está comprometido para la  generación del Reino, Cristo resucitado se hace presente, el Evangelio se convierte en fuerza y vida, la Iglesia realiza la comunión trinitaria, la autoridad se transforma en servicio, la liturgia es memorial y adelanto, la conducta humana se deifica”.

 
Palabra del Papa

(*)  "Debemos vencer la tentación de limitarnos a lo que ya tenemos, o creemos tener, como propio y seguro: sería una muerte anunciada, por lo que se refiere a la presencia de la Iglesia en el mundo, que, por otra parte, no puede dejar de ser misionera por el dinamismo difusivo del Espíritu. Desde sus orígenes, el pueblo cristiano ha percibido claramente la importancia de comunicar la Buena Noticia de Jesús a cuantos todavía no lo conocen. En estos últimos años, ha cambiado el panorama antropológico, cultural, social y religioso de la humanidad; hoy la Iglesia está llamada a afrontar nuevos retos y está preparada para dialogar con culturas y religiones diversas, intentando construir, con todos los hombres de buena voluntad, la convivencia pacífica de los pueblos. El campo de la misión ad gentes se presenta hoy notablemente dilatado y no definible solamente en base a consideraciones geográficas; efectivamente, nos esperan no solamente los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socio-culturales y sobre todo los corazones que son los verdaderos destinatarios de la acción misionera del Pueblo de Dios".

Benedicto XVI

Homilía en Porto (Portugal), 14.5.2010

 Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 23/5: Fiesta de Pentecostés: el Espíritu Santo habla los idiomas de todos los pueblos.

- 24/5: Beato Juan del Prado (+1631), sacerdote franciscano, misionero y mártir en Marruecos, mientras se entregaba a la asistencia espiritual de esclavos cristianos.

- 25/5: Día de África, en el aniversario de la creación de la ‘Organización de la Unidad Africana’ (OUA, hoy UA) en Addis Abeba (Etiopía, 1963).

- 26/5: S. Felipe Neri (1515-1595), sacerdote, apóstol de la juventud romana, fundador del Oratorio.

- 26/5: S. Mariana de Jesús de Paredes (1618-1645), ecuatoriana, laica terciaria franciscana, entregada al socorro de indígenas y negros en Quito (Ecuador).

- 27/5: S. Agustín, obispo de Canterbury (+604/605), monje romano, enviado por el Papa San Gregorio Magno como misionero a Inglaterra, donde fundó varias sedes episcopales.

- 28/5: Beatos Antonio Juliano Nowowiejski (1858-1941) y León Wetmanski (1886-1941), respectivamente, arzobispo y obispo auxiliar de Plock (Polonia), presidente y secretario de la Pontificia Unión Misional (PUM), ambos fallecidos en campo de concentración.

- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote francés de los Oblatos de María Inmaculada, pionero de las misiones en Sudáfrica y Lesotho.

- 29/5: S. Úrsula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austriaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús Agonizante: realizó viajes misioneros en diferentes países de Europa.


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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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