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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

¡No piedras! Dios salva amando

V Domingo de Cuaresma

Año C – 17-3-2013

 

Isaías  43,16-21
Salmo  125
Filipenses  3,8-14
Juan  8,1-11
 
Reflexiones

La “vida nueva” es el tema de las tres lecturas de este domingo. Jesús en el Evangelio devuelve la vida a la mujer adúltera: "Anda, y en adelante no peques más" (v. 11). Ya el profeta Isaías (I lectura) hablaba de vida a los exiliados de Babilonia prediciendo el retorno a la patria: “Miren que realizo algo nuevo, ya está brotando”. Dos signos elocuentes acompañan la promesa: un camino por el desierto y ríos en la estepa (v. 19). Para Pablo (II lectura) la vida nueva es una persona, Jesucristo, el único tesoro, ante el cual todo lo demás es pérdida y basura (v. 8). Él es la única meta hacia la cual hay que correr con tesón. Pablo no siente este compromiso como un peso, sino como una respuesta de amor hacia Cristo que por él se ha entregado (v. 12.14). De esta experiencia nace el impulso misionero de Pablo.

 
“Al amanecer” (Evangelio), sobre la explanada del templo de Jerusalén, comenzó la vida nueva también para una mujer “sorprendida en flagrante adulterio” (v. 2.4). Una mujer que, según la ley, debía ser lapidada, es arrojada como un guiñapo delante de Jesús, la única acusada de una culpa que, por definición, supone la existencia de un cómplice, el cual, sin embargo, se ha volatilizado hábilmente... Jesús la salva de las pedradas con actitudes sorprendentes, que provocan un cambio total de la situación. Ante todo, el silencio desarmante de Jesús, luego esos signos escritos con el dedo en el suelo, que la historia nunca logrará descifrar (v. 6.8), y por fin el desafío a lanzar la primera piedra (v. 7), desenmascaran la hipocresía de esos acusadores legalistas con corazón de piedra.

 
Al final, quedan solos la mujer y Jesús: ‘la mísera y la misericordia’, comenta San Agustín. Jesús habla a la mujer: nadie le había hablado, la habían llevado a empujones y con acusaciones. Le habla no con las palabras de la calle, sino con respeto, reconociendo su dignidad; la llama ‘mujer’, como Él solía llamar a su madre (Jn 2,4; 19,26). Jesús distingue entre ella  -mujer frágil, ciertamente-  y su error, que Él no aprueba: el adulterio es y sigue siendo un pecado (Mt 5,32), incluso en el caso de un deseo deshonesto (Mt 5,28; y el IX mandamiento). Él condena el pecado, pero no a la pecadora; no se detiene a analizar el pasado; relanza la vida, la abre nuevamente al futuro. El meollo de la narración no es el pecado, sino el corazón de Dios que ama y quiere que nosotros vivamos. Esta es la imagen de Dios-amor que Jesús quiere transmitir: que la mujer experimente que Dios la ama como es. De este modo, sintiéndose respetada, amada, protegida, la mujer está en condiciones de acoger la invitación de Jesús a no pecar más (v. 11). Dios salva amando. ¡Solo el amor convierte y salva!
(*)

 
Este incómodo pasaje evangélico ha tenido una historia atormentada: varios códices antiguos lo omiten, otros lo desplazan de lugar. Algunos piensan que el autor no es Juan sino Lucas, debido al estilo y al mensaje muy similares a la parábola del padre misericordioso (ver Lucas 15, en el Evangelio del domingo pasado), con los diferentes personajes: la mujer en el papel del hijo menor; los escribas y los fariseos alineados con el hijo mayor; y Jesús en el perfecto rol del Padre. Lo subraya también un conocido autor moderno: “Un texto insoportable, que falta en varios manuscritos. La conciencia moral y la conciencia religiosa de los hombres no puede admitir que Cristo se niegue a condenar a la mujer... Ella ha sido sorprendida en flagrante delito; ha cometido uno de los pecados más graves que la Ley conozca... Cristo confunde a los acusadores recordándoles la universalidad del mal: ellos también, espiritualmente, son unos adúlteros; ellos también, de una u otra manera, han traicionado el amor. ‘El que esté sin pecado...’ Nadie está sin pecado, y Él concluye diciendo: «Anda y en adelante no peques más»: una frase que abre un nuevo porvenir” (Olivier Clément).

 
Este pasaje evangélico constituye una intensa página de metodología misionera para el anuncio, la conversión, la educación en la fe y en los valores de la vida. El amor genera y regenera a la persona, la hace libre; Jesús educa en el amor vivido en libertad y gratuidad. Tan solo con estas condiciones se entiende por qué debemos dejar caer de nuestras manos las piedras que quisiéramos arrojar a otros. El hecho de que los más viejos se vayan escabullendo (v. 9), ¿revela en ellos un sentido de culpa, de vergüenza, o de haber aprendido la lección? Finalmente, queda claro que todo el que trabaja o lucha por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, en cualquier ámbito, tiene en Jesús a un precursor ideal, a un pionero y a un aliado.

 
Palabra del Papa

(*)  “Detengámonos a contemplar esta escena, donde se encuentran frente a frente la miseria del hombre y la misericordia divina, una mujer acusada de un gran pecado y Aquel que, aun sin tener pecado, cargó con nuestros pecados, con los pecados del mundo entero. Él, que se había puesto a escribir en la tierra, alza ahora los ojos y encuentra los de la mujer. No pide explicaciones... Jesús no entabla con sus interlocutores una discusión teórica sobre el pasaje de la ley de Moisés: no le interesa ganar una disputa académica a propósito de una interpretación de la ley mosaica; su objetivo es salvar un alma y revelar que la salvación solo se encuentra en el amor de Dios. Para esto vino a la tierra, por esto morirá en la cruz y el Padre lo resucitará al tercer día”.

Benedicto XVI

Homilía en el V Domingo de Cuaresma, 25-3-2007)

 Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 17/3: S. Patricio (385-461), nació en Inglaterra, fue el gran misionero y evangelizador de Irlanda; fue obispo de Armagh y es patrono de Irlanda.
- 18/3: S. Cirilo (+386), obispo de Jerusalén, conocido por sus catequesis; fue a menudo perseguido por los arrianos.
- 19/3: S. José, hombre “justo” (Mt 1,19), esposo de la B. V. María, padre putativo de Jesús, Patrono de la Iglesia universal.
- 20/3: B. Francesco Palau y Quer (1811-1872), sacerdote español de los carmelitas descalzos; fue víctima de varias persecuciones, fundador, dedicado a las misiones populares.
- 21/3: Jornada Internacional (ONU) para la eliminación de la Discriminación Racial.
- 22/3: Jornada Mundial del Agua, instituida por la ONU (1993).
- 23/3: S. Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606), nacido en España; era todavía un seglar cuando fue nombrado arzobispo de Lima (Perú); fue asiduo defensor de los indios. Es patrono del Episcopado latinoamericano.

 
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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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