PALABRA PARA LA MISIÓN

Apuntes de reflexión misionera

sobre la liturgia dominical

   

LAS «BUENAS  OBRAS» DE LA MISION

V Domingo  Tiempo Ordinario
Año “A” – Domingo  6.2.2005

 

Isaías  57,7-10

Del Salmo  111

1 Corintios  2,1-5

Mateo  5,13-16

 

Reflexiones

 

Un principio universal de pedagogía reza así: “las palabras vuelan, los ejemplos arrastran”; y “un hecho vale más que mil palabras”. Jesús lo confirma en su programa, anunciado en las Bienaventuranzas (ver domingo anterior) y en todo el sermón de la montaña. Como buen pedagogo y predicador concretro y eficaz, Jesús lo explica tomando los ejemplos diarios de la sal y de la luz. La sal da sabor a la comida, cauteriza heridas, conserva alimentos; pero si pierde fuerza y sabor (es decir, su identidad), no sirve para nada y es tirada fuera; una sal sosa es un contrasentido. Lo mismo vale para la luz: está hecha para alumbrar la casa, el camino, las cosas… La lampara, el candelero, la ciudad puesta sobre un monte son otras de las imágines que aclaran el mensaje de Jesús: la luz está para alumbrar; una luz tapada o escondida no sirve para nadie. La sal y la luz, por su naturaleza, tienden a expandirse, a irradiar su presencia; conllevan, por tanto, una idea de universalidad.

 

Jesús aplica estas imágenes, tomadas del uso diario, a las “obras buenas” (en griego, las obras bellas) de sus discípulos, quienes, inmersos en el mundo, están llamados a dar y conservar el gusto y el sabor del Evangelio a las realidades de la vida de acada día; ser puntos luminosos de referencia para quienes andan en la oscuridad, perdidos, en busca del camino. Naturalmente, nos advierte Jesús, la motivación y la meta de las obras buenas no es la vanidad complaciente del discípulo, sino la gloria del Padre (v. 16); la luz es Jesús mismo, luz de las gentes (LG 1), sin alternativas; el discípulo tiene/es luz sólo si Le sigue a El (Jn 8,12; versículo para el Evangelio).

 

Se trata de un mensaje misionero, que vale para cada situación de evangelización: es el valor del testimonio de vida,* que, según el Concilio Vaticano II (cfr AG 11-12), es “la primera forma de evangelización” (RMi 42), como lo recerrda Juan Pablo II al presentar los caminos de la misión.** En muchos casos el testimonio es casi el único modo posibile de ser misioneros, sobretodo en los numerosos contextos de minorías cristianas y de persecuciones; a veces es posibile tan sólo ser semilla que cae en tierra y muere en el surco; el fruto ya vendrá, más tarde (cfr Jn 12,24).

 

En los años ’60, particularmente difíciles para la Iglesia en Sudan (expulsiones, restricciones, cárcel…), a los misioneros que se preguntaban qué debían hacer, la Congregación de Propaganda Fide contestó en nombre del Papa con un mensaje resumido en “tres p”: presencia, paciencia, plegaria. Si añadimos también pobreza, tenemos la síntesis completa del testimonio. Cuando éste llega hasta el martirio, la luz del amor y del perdón brilla más luminosa, y además con la fuerza de la intercesión.

 

La I lectura indica por dos veces cuáles son las obras buenas que agradan al corazón de Dios; son las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, hospedar en casa a los sin techo, desterrar la opresión… Las obras tienen su lenguaje, hacen brillar la luz en las tinieblas (v. 8.10); serán el test para el juicio final (Mt 25). Son éstas las obras que  - junto con el compromiso por la paz, la justicia, los derechos del hombre, la promoción humana -  desde siempre acompañan la misión de la Iglesia con su típica eloquencia. Pero bajo una condición: el amor es y sigue siendo la fuerza de la misión; es decir, la gratuidad, sin miras proselitistas u otros intereses (cfr RMi 42.60). Incluso la alabanza orante y el culto agradan a Dios sólo si van unidos al testimonio de la caridad y del apostolado. (cfr SC 15). Las conversiones y los bautizos llegarán más tarde, como don del Espiritu.

 

La evangelización, nos enseña Pablo (II lectura), en cuanto testimonio de Dios y anuncio de Cristo crucificado, se lleva a cabo por misioneros débiles y temerosos, que cuentan, sin embargo, con la manifestación del Espíritu y el poder de Dios (cfr v. 3.4.5).

 

 

Palabra del Papa

* “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”.

Pablo VI, Evangelii Nuntiandi  41.

 

** “La primera forma de testimonio es la vida misma del misionero, la de la familia cristiana y de la comunidad eclesial, que hace visible un nuevo modo de comportarse”.

Juan Pablo II, Redemptoris Missio  42.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/2: S. Pablo Miki, sacerdote jesuita japonés, y 25 compañeros (jesuitas, franciscanos y laicos), martirizados-crucificados en Nagasaki (Japón) el 5.2.1597).

- 8/2: S. Josefina Bakhita, religiosa canosiana (Darfur-Sudan 1869-1947 en Schio, Vicenza).

- 9/2: S. Miguel Febres Cordero (1854-1910), ecuatoriano, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

- 10/2: B. Luis Stepinac (+1960), obispo de Zagabria (Croacia), defensor de la fe y la dignidad humana bajo el régimen comunista.

- 11/2: Virgen de Lourdes (apariciones en 1858); XIII Jornada Mundial del Enfermo, celebrada con carácter oficial, este año, en Yaoundé (Camerún).

- 12/2: S. Saturnino, sacerdote, y 48 compañeros mártires (+304), laicos norteafricanos en Abitine (Cartago), quienes declararon ante el procónsul: “Sin el domingo no podemos vivir”.