PALABRA PARA LA MISIÓN

Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

   

“VENGAN A MI  LOS QUE ESTÁN AGOBIADOS...”

 

Domingo 14° del T.O.

Año “A” – Domingo 03.07.2005

Zacarías  9,9-10                        

Del Salmo  144

Romanos  8,9.11-13

Mateo  11,25-30

    
Reflexiones

 

Nuevamente entramos hoy en el corazón del Evangelio de Mateo. Los estudiosos definen el pasaje hodierno como la gran manifestación del misterio de Dios, la más feliz síntesis mesiánica, el himno de júbilo, el Magnificat de Jesús (en cuanto expresa Su mundo interior, así como el Magnificat expresa el de María)… En efecto, esta plegaria de Jesús (Evangelio) recoge el programa de las Bienaventuranzas (Mt 5,3s), con una especial atención a los pobres, mansos, afligidos, puros misericordiosos, artífices de paz... Con razón el autor de Le Petit Prince afirma que “la bienaventuranza es el acceso a un punto de vista que unifica el universo” (Antoine de Saint-Exupéry). El Evangelio de Jesús está enucleado aquí en torno a algunos temas fundamentales: la alabanza al Padre, Señor y Creador; la vida de íntima comunión de la Trinidad; la actitud amorosa y activa de Jesús frente al sufrimiento humano; la nueva escuela y el estilo del Maestro, que dice a todos: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso” (v. 29).

 

Estos mismos son los temas fundamentales del anuncio misionero y de la catequesis: la Trinidad santa, Jesucristo el Salvador, la Iglesia como casa de acogida humana y espiritual en la cual los “cansados y agobiados” de todo tipo, de todos los tiempos y lugares, hallan alivio, descanso y protección. Una Iglesia que se hace discípula ejemplar de Cristo también en esto, hasta poder decir a todos los pueblos de la tierra: vengan a mí todos… aprendan de mí que soy mansa y humilde… encontrarán alivio y mi yugo les será llevadero. Es éste el rostro auténtico y más atractivo de la Iglesia, el único que interesa a la gente, y que los misioneros y la entera comunidad cristiana están llamados a encarnar.  *  Entre las imágenes más bellas de la Iglesia se encuentran también éstas dos: esa posada, casa para todos (pandokéion), a la cual el buen samaritano llevó al pobre hombre caído en manos de los bandidos (cf. Lc 10,34); y aquella casa alquilada en Roma, donde Pablo recibía a todos predicando a Jesucristo con toda valentía (cf. Hch 28,30-31).

 

Para el misionero se trata de una constatación cotidiana. Esta es la imagen que la Iglesia misionera ofrece sobretodo en los Países pobres del planeta, pero también en los recodos de las metrópolis más industrializadas. Este estilo de vida y de misión, inaugurado por Jesús, es posible en la medida en que el Espíritu de Dios habita en nosotros (II lectura). Estando unidos a Él, uno de los frutos asegurados será la paz. El profeta Zacarías (I lectura) presenta el ideal de un rey justo, pacífico y humilde, que cabalga un asno, destruirá los carros y los caballos de guerra, con un claro programa de paz: “Romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones” (v. 10); será un dominio universal, extendido a todas las criaturas (Salmo responsorial). S. Agustín indica a los gobernantes un criterio de sabiduría: “Es signo de mayor gloria matar las guerras con la palabra, antes que matar a los hombres con las armas; y conquistar la paz con la paz, no con la guerra”. Tan sólo el que esté habitado por el Espíritu de Dios podrá producir obras de paz.

 

 

 

Palabra  del Papa

*  “La primera forma de testimonio es la vida misma del misionero, la de la familia cristiana y de la comunidad eclesial, que hace visible un nuevo modo de comportarse. El misionero que, aun con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentales. Pero todos en la Iglesia, esforzándose por imitar al divino Maestro, pueden y deben dar este testimonio, que en muchos casos es el único modo posible de ser misioneros”.

Juan Pablo II

Redemptoris Missio (1990), n. 42

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 3/7: S. Tomás, apóstol, profesó su fe en Cristo resucitado y, según la tradición, evangelizó la India.

- 6/7: B. María Teresa Ledochowska (1863-1922), trabajó por los africanos y fundó el Sodalicio de S. Pedro Claver.

- 6/7: B. Nazaria I. March Mesa(1889-1943), española, emigró a México; fue misionera en Bolivia y Argentina; fundadora.

- 7/7: B. Pedro To Rot (Papua-Nueva Guinea, 1912-1945), laico catequista, casado, matado por los japoneses al final de la Guerra Mundial.

- 7/7: B. María Romero Meneses (1902-1977), salesiana nicaragüense, entregada a las obras de caridad.

- 9/7: SS. Agustín Zhao Rong (+1815) y numerosos compañeros mártires en la China, quienes en diferentes tiempos y lugares, entre 1648 y 1930 han dado testimonio del Evangelio con la vida y la palabra.

- 9/7: S. Paulina (Amabile Visintainer) del Corazón Agonizante de Jesús (1865-1942), italiana, emigró a Brasil, donde se entregó a los enfermos y pobres, y fundó una congregación.

 

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A cargo de:  P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma

Sito Web:   www.ciam.org     “Parola per la Missione”