PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

  
Llamados a compartir

LAS OPCIONES DE CRISTO

 

Domingo 22° del T.O.

Año “A” – Domingo 28.8.2005

  

Jeremías  20,7-9

Del Salmo  62

Romanos  12,1-2

Mateo  16,21-27

 

Reflexiones

Jesús, tras haber obtenido de sus discípulos la primera profesión de fe explícita en su mesianidad (ver la declaración de Pedro en el Evangelio del domingo pasado), da comienzo a una nueva fase en su predicación: “Desde entonces empezó Jesús a explicar…” (Mt 16,21). Es lo mismo que Mateo había escrito al comienzo de la vida pública, después de la fase preparatoria (bautismo en el Jordán y tentaciones en el desierto): “Desde entonces empezó Jesús a predicar y decir ‘conviértanse’...” (Mt 4,17). Jesús entonces (en el bautismo y en el desierto) había tomado decisiones muy claras sobre la manera de realizar la misión recibida del Padre para la salvación de la humanidad: la opción de ser/vivir como hijo y hermano, la opción de renunciar a los medios fáciles e ilusorios del poder, gloria y bienestar. Fiel a sus opciones, hechas según el corazón de Dios, Jesús avanza con determinación hacia su ‘hora’, disponible hasta las últimas consecuencias; se confía con sus discípulos y amigos, pero no acepta sugerencias o revisiones de quien piensa sólo a la manera humana, según la la carne (Mt 16,17.23). Jesús revela con claridad el choque, la incompatibilidad entre la manera de pensar según Dios y según los hombres (v. 23).

 

De acuerdo con este planteamiento, continúa, en el Evangelio hodierno, la revelación de la identidad de Jesús: es la misma, naturalmente, pero con nuevos elementos. Él no es solamente el Mesías-Cristo (v. 16), sino también el siervo, que tiene que “padecer mucho… ser ejecutado y resucitar” (v. 21). Jesús enseña que también sus discípulos, en la nueva familia que acaba de anunciar (ver el Evangelio del domingo pasado), deberán compartir sus opciones, recorrer el mismo camino, si quieren continuar la misma misión. Por eso habla abiertamente a sus discípulos de la necesidad de negarse a sí mismos, cargar con su cruz y seguirle, perder la propia vida por él (v. 24.25).

 

Antes de ser una exhortación moral y ascética a acceptar con paciencia y resignación las tribulaciones y las enfermedades de la vida, estas palabras exigentes son una invitación para que el discípulo se identifique con el proyecto de Maestro y comparta sus opciones y su camino. “La lectura del Evangelio según los hombres es una exhortación a la resignación; por el contrario Jesús no fue un resignado, antes bien, dice, ‘es necesario que yo sea condenado’. ¿Por qué es necesario? Es necesario porque la opción que yo he hecho el día en que dije a Satanás ‘apártate’, renunciando al dominio, al lenocinio del bienestar físico y al milagro – las tres renuncias de Jesú en el desierto – conduce inevitablemente a mi condenación” (Ernesto Balducci). Por tanto, no vemos la cruz solamente como un peso que es preciso cargar con resignación, sino como la conclusión necesaria de una decisión tomada libremente por Jesús en el desierto. Él está firme es su opción, rechaza las increpaciones de Pedro, nuevo satanás (v. 22.23) y lo pone en su lugar de discípulo: a Pedro no le corresponde indicar sino seguir los pasos del Maestro. De lo contrario, la ‘piedra de construcción’ (v. 18) se convierte en ‘piedra de tropiezo’ (v. 23). Pensar como Dios es condición básica para realizar fiel y eficazmente la misión que Jesús confía a su Iglesia.

 

El misionero, lo mismo que el profeta que a menudo es incómodo e incomoda (I lectura), si vive identificado con su Maestro, lleva en sus entrañas un fuego incontenible que lo empuja a superar el desánimo y las adversidades (v. 9) y a ofrecerse como hostia viva (II lectura), renovándose interiormente para saber “discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto” (v. 2). Los retos de la misión le exigen al evangelizador/a actuar inspirándose en el único Maestro y Salvador: Cristo, ansiado con amor insistente (Salmo responsorial). La historia de las misiones está llena de apóstoles apasionados por Cristo y por la humanidad: Francisco Javier, quien ha preferido Cristo antes que ganar el mundo entero (cf. Mt 16,26), y muchos otros como Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Daniel Comboni, Teresa de Calcuta… Asimismo los numerosos mártires de todos los tiempos. Esta fidelidad es condición segura de eficacia apostólica. Y de verdadera felicidad en el servicio misionero. *

 

 

Palabra del Papa

*  “Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo Él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro «sí» al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que he dicho al principio de mi pontificado: «Quien deja entrar a Cristo [en la propia vida] no pierde nada, nada – absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella y grande… Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera». Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo”.

Benedicto XVI

Discurso en la fiesta de acogida de los jóvenes, Colonia 18 de agosto de 2005

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 28/8: S. Agustín (354-430), se convirtió y fue bautizado en Milán (Pascua del 387), obispo de Hipona y doctor de la Iglesia, maestro universal de experiencia humana, teológica y espiritual.

- 28/8: B. Junípero Serra (1713-1784), sacerdote franciscano español, misionero en México y entre los pueblos de California.

- 29/8: Martirio di S. Juan Bautista, testigo de la verdad, matado por el rey Herodes Antipas.

Alrededor de esta fecha, el Martirologio Romano hace memoria de numerosos mártires (obispos, sacerdotes, religiosas, laicos) que fueron asesinados en lugares y tiempos diferentes (persecuciones en Inglaterra, revolución francesa, guerra civil española y otros).

- 3/9: S. Gregorio Magno (540-604), monje, papa y doctor de la Iglesia, organizador de la vida monástica y litúrgica; envió a S. Agustín y otros 40 monjes a evangelizar en Inglaterra (a. 597).

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Parola per la Missione”

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