PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

  

EL PERDÓN REGENERA

a la persona y a la sociedad  humana

 

Domingo 24° del T.O.

Año “A” - Domingo 11.9.2005

 

Eclesiástico  27,30 – 28,9

Del Salmo  102

Romanos  14,7-9

Mateo  18,21-35

 

Reflexiones

El tema central de los cinco textos bíblicos hodiernos, incluido el Padre nuestro, es el perdón: la necesidad cristiana de perdonare hasta “setenta veces siete”, es decir, siempre, como enseña Jesús en el pasaje del Evangelio, que continúa y concluye el discurso eclesiástico (Mt 18) sobre las relaciones entre las personas. Se trata de una enseñanza insistente de Jesús, desde la bienaventuranza de los misericordiosos en el sermón de la montaña hasta el Calvario: Mt 5,7; 6,14-15; 9,2-6; 12,31-32; 18,21-35; 26,28; y, después de la palabra, el ejemplo de Jesús en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Es ya lo máximo: ¡el perdón de los enemigos!

 

La Biblia da cuenta de un progreso en la comprensión de la ley y praxis del perdón. En los tiempos arcaicos, el brutal Lamech, hijo de Caín, conoce tan sólo la represalia cruel, la venganza sin límites, hasta ‘setenta veces siete’ (cf Gen 4,23-24). Más tarde, se indica una reacción más equitativa, con la primitiva ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano…” (Es 21,24). Lo cual no se debe entender como una incitación a devolver el mal recibido, sino como un tope que no se ha de sobrepasar en la respuesta. Se llega, finalmente, al punto más alto en el Antiguo Testamento, con la invitación a rechazar venganzas y rencores, y a amar al prójimo como a sí mismo (cf Lv 19,18); el texto hodierno del Eclesiástico (27-28) refleja esta postura. Los rabinos del tiempo de Jesús limitaban el perdón hasta tres veces. Pedro llega hasta siete (Mt 18,21), pero Jesús no admite topes: “hasta setenta veces siete”; el perdón debe ser sin medidas, así como infinita es la misericordia del Padre (Lc 6,36).

 

Las lecturas presentan varios fundamentos del perdón. La parábola de Jesús(Evangelio) pone de manifiesto la inmensa distancia entre el corazón de Dios, que lo perdona todo y siempre (Salmo responsorial), y el corazón del hombre, que a menudo es estrecho y mezquino (Mt 18,33). El Eclesiástico (I lectura) amonesta severamente: “Piensa en tu fin... en la muerte y corrupción” (v. 6.7). La agresividad se diluye cuando se piensa en las limitaciones humanas. “Puede parecer una máxima banal, pero tiene una profundidad sicológica: el rechazo de la muerte está a la raíz de la violencia… Rechazar el sentido de la finitud humana significa haber puesto en nuestras raíces las premisas de todas las aberraciones” (E. Balducci). Pablo (II lectura) invita a la tolerancia y a la comprensión poniendo en el centro de la vida no al yo egoísta sino a Cristo que ha muerto y ha resucitado por todos, el único que da sentido y valor a la vida y a la muerte. Viviendo por el Señor (v. 7), se descubre la universalidad y la misión, que abren el corazón a todos.

 

El perdón regenera interiormente a la persona y a las comunidades en todo nivel, las hace semejantes a Dios, a su imagen y semejanza, libera de las tensiones y agresividades que a menudo contaminan las relaciones interpersonales y sociales, rompe la cadena de venganzas, pone de manifiesto la grandeza de ánimo de una persona y de una institución. Además del ámbito interpersonal y doméstico, el perdón cristiano tiene dimensiones y aplicaciones sobre todo en los grupos, sociedades, naciones. El Papa Juan Pablo II lo ha presentado a menudo en sus mensajes para las jornadas mundiales de la Paz y lo ha propuesto como criterio de solución de las tensiones entre los pueblos.  * Uno de los hombres que más ha reflexionado sobre las dimensiones mundiales del perdón y de la paz es ciertamente el Card. Carlos M. Martini: “El perdón tiene también un valor civil y político. Si no se llega a renunciar en algo a lo que se tendría teóricamente derecho, si se exige a toda costa lo que corresponde, lo que es de derecho, y se sigue enumerando las razones de cada uno, nunca se llegará a la paz, porque no se quiere pagar nada. La paz, por el contrario, tiene su costo… La paz, en un mundo marcado por el pecado, supone una constante voluntad de perdón: en las familias, en el seno de las comunidades, de las Iglesias entre sí, y aun más en el contexto civil”. La paz y el perdón son un mensaje prioritario de la misión. Incluidos el ‘perdonar de corazón al hermano’ (cf Mt 18,35) y el perdón a los enemigos, que constituye la gran novedad cristiana.

 

 

Palabra del Papa

*  “Ofrece el perdón, recibe la paz” (1997).
    “No hay paz sin justicia; no hay justicia sin perdón” (2002).
Juan Pablo II

Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 11/9: S. Juan Gabriel Perboyre (1802-1840), sacerdote vicentino francés, misionero en la China, donde fue encarcelado, colgado en una cruz y estrangulado en la provincia del Hubei.

- 13/9: S. Juan Crisóstomo (ca. 349-407), obispo de Constantinopla, padre y doctor de la Iglesia; escribió y sufrió mucho, murió en el exilio en Comana en el Mar Negro.

- 14/9: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, icono del Crucificado y símbolo del misterio pascual de la salvación de todos los pueblos.

- 15/9: Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, asociada íntimamente a la pasión salvadora de su Hijo.

- 15/9: Bb. Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, laicos catequistas, martirizados en México (+1700.

- 15/9: B. Pablo Manna (1872-1952), sacerdote del PIME, misionero en Birmania, fundador de la Pontificia Unión Misional, para la difusión del espíritu misionero en las comunidades cristianas. Se celebra también el 16/1, poco antes de la Semana por la Unión de los Cristianos, que él promovió.

- 16/9: S. Juan Macías (1585-1645), religioso coadjutor dominico de origen española, vivió y murió en Lima (Perú), entregado a los pobres y enfermos.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Parola per la Missione”

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