PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical 


 

LOS FRUTOS DE LA MISIÓN:

producirlos, guardarlos, difundirlos

 

Domingo 27° del T.O.

Año “A” - Domingo 2.10.2005

 

Isaías  5,1-7

Del Salmo  79

Filipenses  4,6-9

Mateo  21,33-43

 

Reflexiones

“La viña del Señor es su pueblo”, canta el salmo responsorial. Se trata de una viña plantada con cariño, cuidada y mimada con gozo y esperanzas, como canta el profeta Isaías (I lectura) en uno de sus famosos cantares poéticos por los que se le llama el “Dante de la literatura bíblica”. Pero, lamentablemente, la viña –es decir, el pueblo- ha sido infiel: en el momento de la cosecha, los frutos esperados dejan el lugar a decepciones y amarguras; en lugar de frutos de justicia y rectitud, el pueblo ha producido sangre y opresión (v. 7). En efecto, en la parábola de Jesús (Evangelio) los labradores, además de adueñarse de la cosecha, se convirtieron en homicidas: apalearon, apedrearon y mataron a los criados del dueño, e incluso a su Hijo. La aplicación a los hechos de la muerte de Jesús es directa (v. 39). Pero Dios recupera la piedra –¡Jesús!- desechada por algunos constructores y hace de ella la base de la salvación, para todos los pueblos. Tan sólo quien acepta y permanece en Él da mucho fruto, porque sin Él no podemos hacer nada (cf Jn 15,5). Por eso Dios no se desanima, no cede ante la decepción, vuelve a intentarlo después de cada rechazo, no renuncia a los frutos: vuelve siempre a proponer ante nuevos pueblos al mismo Salvador, para que, unidos a Él, den frutos de vida (v. 34.41.43).

 

La historia de las misiones da cuenta de peripecias y cambios de pueblos que, en épocas sucesivas, acogieron el anuncio del Evangelio y dieron frutos de vida. Si bien es cierto que ningún pueblo puede autodefinirse como mejor que los otros, sin embargo, hay hechos que invitan a serias reflexiones misioneras como el nacimiento, el florecer y luego la desaparición de numerosas comunidades en diferentes regiones del mundo. Muchas comunidades florecieron en el Norte de África y en Asia Menor, pero de ellas nos quedan tan sólo los nombres. Mientras tanto, otros continentes se han abierto al Evangelio y siguen dando frutos; mientras que algunos pueblos educados en la fe, viven ahora situaciones de cansancio y recaídas, con escasos frutos. ¿Cómo recuperar lozanía y vigor en la fe? He aquí el gran desafío para una eficaz pastoral misionera. *

 

Pablo en la carta a los Filipenses (II lectura) habla a una comunidad que, en su momento, dio buenos frutos. En el pasaje hodierno él hace una lista de ocho frutos que es preciso cultivar y guardar: lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, virtuoso, encomiable (v. 8), como garantía de paz con Dios y con los demás (v. 7.9). Son valores que invitan a pensar en positivo y constituyen la base para los caminos fundamentales y urgentes de la misión de la Iglesia en el mundo: el camino del diálogo con las otras religiones, la inculturación, el diálogo ecuménico, la promoción de la justicia

 

Pablo recomienda estos valores humanos y religiosos a los cristianos de Filipos, la primera comunidad che él fundó en Europa durante su segundo viaje misionero (años 49-50); una comunidad con la cual estableció relaciones muy cariñosas. Los orígenes de dicha comunidad ofrecen pautas misioneras interesantes. Después del concilio de Jerusalén, Pablo visitó las comunidades de Asia Menor, nombró allí unos responsables y se puso a buscar nuevos campos de evangelización (Hech 16,6-7), hasta que, estando en Tróada, la visión del macedonio le abrió el camino hacia un mundo nuevo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hech 16,9.10). El mar por delante era estrecho, pero el paso era muy significativo: para Pablo y sus compañeros esa fue la entrada al imperio romano; desde entonces la mirada de Pablo ya estaba en Roma, la capital. Los comienzos de Filipos y la invitación del macedonio (“Pasa a Macedonia y ayúdanos”) constituyen un hecho emblemático y un llamado misionero a todas las comunidades eclesiales, para que estén atentas al grito, abierto o silencioso, de los muchos macedonios de hoy (personas, pueblos, situaciones...), sobretodo estando ya cercana la fiesta misionera del DOMUND.

 

 

Palabra del Papa

*  “La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal”.

Juan Pablo II

Redemptoris Missio, (1990) 2

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 2/10: B. Juan Beyzym (1850-1912), sacerdote jesuita de la Volinia (Ucrania), misionero entre los leprosos en Fianarantsoa (Madagascar).

- 3/10: B. Ambrosio Francisco Ferro, sacerdote y 27 compañeros mártires (+1645) en las riberas del río Uruaçu (Natal, Brasil).

- 4/10: S. Francisco de Asís (1182-1226), amante de Cristo pobre, fundador de la familia franciscana, misionero entre los musulmanes, envió grupos de frailes a evangelizar en varias partes.

- 4/10: B. Francisco Javier Seelos (1819-1867), sacerdote redentorista alemán, misionero en varias regiones de USA, fallecido por la fiebre amarilla en New Orleans. Louisiana.

- 5/10: Ss. Froilán y Atilán, obispos españoles del siglo X, que dejaron la vida eremítica para entregarse a la evangelización de las regiones liberadas del dominio de los árabes.

- 5/10: Annalena Tonelli (1943-2003), laica misionera italiana, asesinada en Borama (Somalia) por un desconocido. Una de sus frases: “Un día el bien triunfará”.

- 7/10: Nuestra Señora del Rosario: oración popular que ayuda a revivir los misterios de la vida de Cristo y de María, en sintonía con los gozos y los problemas misioneros del mundo entero.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Parola per la Missione”

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