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PALABRA PARA LA MISIÓN
El EUNTES.NET
propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un
itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave
misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera,
personal o
comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y
sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino
misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.
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“Vayan y hagan
discípulos de todos los pueblos”
Ascensión
del Señor (Domingo 7° de Pascua) Hechos
1,1-11
El
cumplimiento del hecho-misterio pascual de Jesús es la
raíz de la gozosa
esperanza de la Iglesia y de la serena confianza de los fieles
de poder
gozar un día de la misma gloria de Cristo (Prefacio).
Aquí tienen inspiración
y energía tanto el
compromiso apostólico como el optimismo que anima a los
misioneros del
Evangelio, con la certeza de ser portadores de un mensaje y de una experiencia
de vida exitosa, gracias a la resurrección. No se trata
de una
experiencia fracasada, sino exitosa: ya plenamente triunfante
en
Cristo, y, si bien de manera parcial, exitosa también en la vida
del cristiano
y del evangelizador, aunque a la espera de nuevos desarrollos. Motivados
interiormente por esta experiencia de vida nueva en Cristo, los
Apóstoles –y los misioneros de
todos los tiempos– se convierten en sus
“testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo”
(Hch
1,8), en un movimiento que se abre progresivamente del
centro (Jerusalén) hacia una periferia tan vasta como el mundo
entero. El campo
de trabajo misionero de la Iglesia son todos los pueblos (Evangelio),
a
los que Jesús envía a sus discípulos antes de
subir al cielo (v. 19). Los envía
con la plenitud de Su poder (v. 18), que le corresponde en cuanto Hijo
de Dios,
y en cuanto Kurios (Señor) glorificado: “Vayan, pues,
y
hagan discípulos de todos los pueblos,
bautizándoles... enseñándoles... (v. 19-20). Una
misión que es posible realizar
con la fuerza del Espíritu, al que invocamos, junto con
María y los Apóstoles,
en la espera de un Pentecostés siempre nuevo. Ese
pues (oun-ergo: en gr. y lat., respectivamente)
tiene el valor de
una consecuencia irrenunciable: indica la raíz y la continuidad
de la misión
universal, que nace de la Santa Trinidad y se prolonga en el tiempo y
en el
espacio por medio de la Iglesia, enviada a todos los pueblos,
confortada por la
perenne presencia de su Señor: “Yo estoy con Ustedes todos
los días”
(v. 20). Para Mateo, Jesús no se aleja de los suyos, cambia
solamente el modo
de presencia. Se queda con ellos: Él es siempre el Emanuel, el Dios
con
nosotros, anunciado desde el inicio del Evangelio (cf Mt 1,23). Los
verbos de la misión mantienen su perenne actualidad.
‘Ir’
indica el dinamismo y el valor para entrar en las situaciones siempre
nuevas
del mundo; ‘hacer discípulos’ quiere decir que todos los
pueblos están
invitados a hacerse seguidores no ya de una doctrina, sino de una
Persona; ‘bautizar’
hace referencia al sacramento que transforma e introduce a las personas
en la
vida de la Trinidad; ‘enseñar a guardar’ se refiere a la
respuesta de
los discípulos a la voz del Maestro y Pastor. Él ha
cumplido ya la obra de la
salvación en favor de todos los pueblos; ahora llama y
envía a otros
discípulos para continuar su misma misión. (*)
Éste es el don y el
misterio de cada vocación al servicio del Evangelio en el
mundo. Palabra del Papa Benedicto XVI
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4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad
para las Misiones
Extranjeras de París, misionero en China, fundador,
fallecido en Tréveris (Alemania). - 6/5: S.
Pedro Nolasco (+1245, en Barcelona), fundador, junto con
S. Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la
Orden de la Merced
para el rescate y la redención moral de los esclavos. - 6/5: B.
Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero
francés, obispo de Quebec. - 6/5: B.
Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda,
fundó en Plasencia (Italia) el Instituto de las Hijas de Santa
Ana, que muy
pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes. - 8/5: B.
María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las
Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado
físico y
espiritual de los enfermos en Quebec (Canadá). - 8/5: S.
Magdalena de Canossa (Verona, 1774-1835), virgen:
renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos
Congregaciones para la
educación cristiana de la juventud. - 8/5:
Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) / y de
la Medialuna Roja. - 9/5: S.
Pacomio (Alto Egipto, 347-348), padre del monacato
cenobítico cristiano, autor de una de las primeras Reglas
monásticas. - 10/5:
S. Juan de Ávila (1500-1569), entregado a las misiones
populares en el sur de España, amigo y socio de los grandes
reformadores de su
tiempo; es el patrono de los sacerdotes diocesanos españoles. - 10/5:
B. Iván Merz (1896-1928), laico de Croacia,
humanista,
comprometido en la vida social.
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona) Sitio Web: www.euntes.net “Palabra para la Misión” +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
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