PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


“Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos”



Ascensión del Señor (Domingo 7° de Pascua)
Año “A” – Domingo  4.5.2008

 

Hechos  1,1-11
Salmo  46
Efesios  1,17-23

Mateo  28,16-20

 
Reflexiones
La Ascensión es una nueva epifanía. Las lecturas bíblicas y otros textos litúrgicos la presentan como una manifestación gloriosa de Jesús. En la I lectura se narra la nube de las apariciones divinas y hombres (ángeles) vestidos de blanco, se hacen hasta cuatro referencias al cielo en tan sólo dos versículos, hay un anuncio del retorno futuro… (v. 9-11). S. Pablo (II lectura) presenta el epílogo de una empresa difícil y paradójica, pero muy exitosa: Jesús sentado a la derecha del Padre en el cielo, por encima de todo principado y potestad, constituido como cabeza de la Iglesia y sobre todas las cosas (v. 20-22). Los acontecimientos conclusivos de la vida terrena de Jesús dan sentido e iluminan el doloroso recorrido anterior. “Por eso Juan habla de exaltación, por tanto de ascensión de Jesús, en el día mismo de la muerte en cruz: muerte-resurrección-ascensión constituyen el único misterio pascual cristiano, en el cual se realiza la recuperación en Dios de la historia humana y del ser cósmico. También los cuarenta días, mencionados en Hechos 1,2-3, evocan un tiempo perfecto y definitivo y no se han de considerar como una información cronológica” (G. Ravasi).

 

El cumplimiento del hecho-misterio pascual de Jesús es la raíz de la gozosa esperanza de la Iglesia y de la serena confianza de los fieles de poder gozar un día de la misma gloria de Cristo (Prefacio). Aquí tienen inspiración y energía tanto el compromiso apostólico como el optimismo que anima a los misioneros del Evangelio, con la certeza de ser portadores de un mensaje y de una experiencia de vida exitosa, gracias a la resurrección. No se trata de una experiencia fracasada, sino exitosa: ya plenamente triunfante en Cristo, y, si bien de manera parcial, exitosa también en la vida del cristiano y del evangelizador, aunque a la espera de nuevos desarrollos.

 

Motivados interiormente por esta experiencia de vida nueva en Cristo, los Apóstoles  –y los misioneros de todos los tiempos–  se convierten en sus “testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo” (Hch 1,8), en un movimiento que se abre progresivamente del centro (Jerusalén) hacia una periferia tan vasta como el mundo entero. El campo de trabajo misionero de la Iglesia son todos los pueblos (Evangelio), a los que Jesús envía a sus discípulos antes de subir al cielo (v. 19). Los envía con la plenitud de Su poder (v. 18), que le corresponde en cuanto Hijo de Dios, y en cuanto Kurios (Señor) glorificado: “Vayan, pues, y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándoles... enseñándoles... (v. 19-20). Una misión que es posible realizar con la fuerza del Espíritu, al que invocamos, junto con María y los Apóstoles, en la espera de un Pentecostés siempre nuevo.

 

Ese pues (oun-ergo: en gr. y lat., respectivamente) tiene el valor de una consecuencia irrenunciable: indica la raíz y la continuidad de la misión universal, que nace de la Santa Trinidad y se prolonga en el tiempo y en el espacio por medio de la Iglesia, enviada a todos los pueblos, confortada por la perenne presencia de su Señor: “Yo estoy con Ustedes todos los días” (v. 20). Para Mateo, Jesús no se aleja de los suyos, cambia solamente el modo de presencia. Se queda con ellos: Él es siempre el Emanuel, el Dios con nosotros, anunciado desde el inicio del Evangelio (cf Mt 1,23).

 

Los verbos de la misión mantienen su perenne actualidad. ‘Ir’ indica el dinamismo y el valor para entrar en las situaciones siempre nuevas del mundo; ‘hacer discípulos’ quiere decir que todos los pueblos están invitados a hacerse seguidores no ya de una doctrina, sino de una Persona; ‘bautizar’ hace referencia al sacramento que transforma e introduce a las personas en la vida de la Trinidad; ‘enseñar a guardar’ se refiere a la respuesta de los discípulos a la voz del Maestro y Pastor. Él ha cumplido ya la obra de la salvación en favor de todos los pueblos; ahora llama y envía a otros discípulos para continuar su misma misión. (*) Éste es el don y el misterio de cada vocación al servicio del Evangelio en el mundo.

 

 

Palabra del Papa
(*)  “Ésta es vuestra misión: llevar el Evangelio a todos, para que todos experimenten el gozo de Cristo y la ciudad se llene de alegría (cf Hch 8,8). ¿Qué puede haber más hermoso que esto? ¿Qué puede haber más grande, más entusiasmante, como cooperar a difundir en el mundo la Palabra de vida, como comunicar el agua viva del Espíritu Santo? Anunciar y dar testimonio de la alegría: éste es el núcleo central de vuestra misión… Para contribuir a la alegría de los demás, en un mundo a menudo triste y negativo, es necesario que el fuego del Evangelio arda dentro de vosotros, que habite en vosotros el gozo del Señor. Solamente así seréis mensajeros y multiplicadores de esta alegría llevándola a todos, especialmente a los tristes y desanimados”.

Benedicto XVI
Homilía en la ordenación de nuevos presbíteros, Roma, 27 de abril de 2008

 


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 4/5: Ascensión del Señor, después de haber enviado a sus Apóstoles al mundo entero. – Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, bajo el tema: “Los medios de comunicación social en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la verdad para compartirla.

- 4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, misionero en China, fundador, fallecido en Tréveris (Alemania).

- 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245, en Barcelona), fundador, junto con S. Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos.

- 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec.

- 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda, fundó en Plasencia (Italia) el Instituto de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes.

- 8/5: B. María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado físico y espiritual de los enfermos en Quebec (Canadá).

- 8/5: S. Magdalena de Canossa (Verona, 1774-1835), virgen: renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos Congregaciones para la educación cristiana de la juventud.

- 8/5: Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) / y de la Medialuna Roja.

- 9/5: S. Pacomio (Alto Egipto, 347-348), padre del monacato cenobítico cristiano, autor de una de las primeras Reglas monásticas.

- 10/5: S. Juan de Ávila (1500-1569), entregado a las misiones populares en el sur de España, amigo y socio de los grandes reformadores de su tiempo; es el patrono de los sacerdotes diocesanos españoles.

- 10/5: B. Iván Merz (1896-1928), laico de Croacia, humanista, comprometido en la vida social.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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