PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Adviento: tiempo de esperanza, paz y misión



I Domingo de Adviento

Año A - 2.12.2007

 

Isaías  2,1-5

Salmo  121

Romanos  13,11-14

Mateo  24,37-44

 

Reflexiones

Vuelve con fuerza el imperativo de la vigilancia (Evangelio), al comienzo del tiempo litúrgico del Adviento: “Velen, pues, porque no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien… Estén preparados” (v. 42-44). Los ejemplos que Jesús emplea  -la experiencia de la gente en los días de Noé antes del diluvio (v. 37-39) y la llegada del ladrón a la hora que menos se piensa (v. 43)-  no están ahí para infundir terror, sino para estimular a la vigilancia y animar la esperanza para el encuentro con el Salvador. La vigilancia no es salgo especulativo, sino la capacidad espiritual de captar los signos de la salvación de Dios presente en la historia humana. Velar es mantenerse firmes en la Palabra del Señor, sin titubeos ni impaciencias, sin ceder a ilusiones ni a falsos mensajes. La vigilancia es una actitud

concreta de espera y de compromiso. Es una manera de ser, vivir, mirar y afrontar la realidad.

 

Todos estamos igualmente inmersos en los acontecimientos de la historia humana; sin embargo, la comprensión de la misma cambia radicalmente, según cómo se la mire. La fe, en efecto, es una clave de lectura de los acontecimientos, capaz de captar y de evidenciar un plan de amor y de salvación que otros, no poseyendo este don, no captan y no se dan cuenta de nada (v. 39). Las actividades pueden ser las mismas, pero el creyente y el no creyente las viven de manera diferente, e incluso opuesta. Jesús lo explica hablando de la gente en los días de Noé antes del diluvio: comer, beber, casarse, así como trabajar en el campo o en casa… (v. 38-41) son realidades ordinarias de la vida cotidiana que se pueden vivir distraídamente y como cautivados por ellas, o bien como lugar de salvación.

 

“La diferencia entre el creyente y el no creyente no radica tanto en particulares comportamientos exteriores, sino en una actitud interior diferente. El no creyente vive como si Dios no existiera; como si Dios no tuviera que llegar nunca para él. Vive como un insipiente, un necio. El creyente, en cambio, vela, sabe que el Señor no tarda. No vive a de una manera acomodaticia, no importa cómo. No se instala en una cotidianidad alienante. El creyente no rehúye el presente  -es más se compromete lo mismo que los demás-;  pero no queda preso de las cosas” (Horacio Petrosillo).

 

San Pablo (II lectura) emplea un lenguaje drástico para describir dos opuestas maneras de vivir: obras de las tinieblas o armas de la luz; vida placentera y pendenciera o bien imitando al Señor Jesús (12-14). El cristiano debe escoger, sin tardar, porque el tiempo es un don precioso para la salvación (v. 11). Sobre este famoso texto fue madurando la conversión del joven Agustín. ¡Y descubrió la vida plena!

 

Desde el comienzo del Adviento, aparece el tema fuerte de la paz y el desarme (I lectura). El pequeño reino de Judá estaba amenazado e involucrado en una guerra temeraria en contra de Asiria. El rey, atemorizado, busca alianzas militares estratégicas. Tan sólo el profeta Isaías “ve más allá, lejos”, invita a la confianza en Dios, único árbitro de pueblos numerosos, y lanza un desconcertante oráculo de paz, nada menos que la transformación de las armas en instrumentos de producción, trabajo, desarrollo: hacer arados de las espadas, sacar hoces de las lanzas (v. 4). ¡No más armas de muerte, no se adiestrarán más para la guerra! La utopía será una realidad, dice el profeta, el día en que todos “caminemos a la luz de Yavé” (v. 5). Los cristianos tenemos aquí nuevas motivaciones para una opción única, definitiva, total por la paz y por el desarme. La reducción-eliminación de las armas, antes que una decisión política, es un imperativo que nace de la fe en Cristo. En nombre de esta fe, es un deber protestar y denunciar a los gobiernos por los incrementos en los gastos militares y en la fabricación de nuevas armas de muerte. ¡Los pobres de la tierra tienen derecho a recibir algo mucho más sano y positivo por parte de los así llamados países civilizados y cristianos!

 

Isaías es también el profeta de la universalidad de la salvación de Dios, que Él ofrece a todos los pueblos (v. 2). Este mensaje irá creciendo con la venida de Jesús. Nosotros los cristianos, que ya creemos en Cristo, sabemos quién es el Salvador que ha venido, que viene y que vendrá, mientras que los no cristianos  –que son todavía la mayor parte de la familia humana (dos terceras partes)–  esperan aún el primer anuncio de Cristo Salvador. Por eso el Adviento es un tiempo litúrgico propicio para despertar en los cristianos la conciencia de la responsabilidad misionera. Ya el Papa Pío XII lo recomendaba hace 50 años, invitando al compromiso misionero y a la oración, especialmente en Adviento, que es el tiempo de la espera de la humanidad. (*)

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Deseamos que por esta intención (misionera) se rece más y con un fervor más iluminado... En especial pensamos en el tiempo del Adviento, que es el tiempo de la espera de la humanidad y de los caminos providenciales de preparación a la salvación… Oren, por tanto, oren más. Acuérdense de las inmensas necesidades espirituales de muchos pueblos que todavía están lejos de la fe verdadera, o que carecen de recursos para perseverar en ella”.

Pío XII
Encíclica Fidei Donum, 21.4.1957)

 Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 2/12: B. Liduina Meneguzzi (1901-1941), misionera de las Salesas de Padua, fallecida en Etiopía.

- 2/12: Recuerdo del primer despacho de la agencia de prensa misionera ‘Misna’ (1997).

- 3/12: S. Francisco Javier (1506-1552), sacerdote jesuita, misionero en India y Japón, fallecido en la isla de Sanchán, a las puertas de China. Es Patrono principal de las Misiones.

- 3/12: Papa Gregorio XVI condena (1839) la trata de esclavos y excomulga a quienes la practican.

- 4/12: B. Adolfo Kolping (1813-1865), sacerdote alemán, “padre de los trabajadores artesanos”.

- 6/12: S. Nicolás (ca. 250-326), obispo de Mira, patrono de Bari, santo popular por los regalos de Navidad; patrono de los niños, farmacéuticos, mercaderes, navegantes, pescadores, perfumistas...

- 6/12: B. Pedro Pascual (ca. 1225-1300), mercedario español, obispo de Jaén, evangelizador en España y Portugal; fue martirizado por musulmanes en Granada.

- 7/12: S. Ambrosio (339-397), obispo de Milán, doctor y organizador de la Iglesia, maestro de S. Agustín.

- 7 y 8/12: Aniversarios de importantes documentos misioneros: decreto conciliar Ad Gentes (7.12.1965); Evangelii Nuntiandi (Pablo VI, 8.12.1975); Redemptoris Missio (Juan Pablo II, 7.12.1990).

- 8/12: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la B. V. María, Madre de Cristo Salvador.

- 8/12: B. Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869), que vivió en Ecuador y falleció en Lima (Perù).

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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