PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Adviento: tiempo de esperanza y de Misión

I Domingo de Adviento
Año C – 03.12.2006

 

Jeremías  33,14-16
Salmo  24
1Tesalonicenses  3,12.13-4,2
Lucas  21,25-28.34-36

Reflexiones

La buena noticia de Jesús, hoy, al comienzo del nuevo año litúrgico, viene a iluminar tres situaciones de la existencia humana y cristiana: la realidad en la cual vivimos, la respuesta de la fe, el camino del cristiano.

 

1. El evangelista Lucas  -que va a ser nuestro compañero de viaje en el nuevo ciclo litúrgico-  presenta con tonos fuertes (Evangelio) la situación real de la humanidad “oprimida por muchos males” (oración colecta): habla de angustia, estruendo, muerte, terror, ansiedad, sacudidas... (v. 25-26). Estos males no se refieren directamente al fin del mundo, sino a la situación actual de la humanidad, con todas sus formas negativas, provocadas sobre todo por el pecado, que contamina todas las relaciones humanas: con Dios, consigo mismo, con los demás, con el cosmos.

 

2. La humanidad, sumergida en el mal y en el pecado, es incapaz de salvarse por sí sola, tiene necesidad de un Salvador que venga de afuera. Jesús, Hijo de Dios e Hijo del hombre, es el Salvador que viene. Tiene el poder de Dios para debelar cualquier mal del mundo (v. 27). En efecto, no existe ningún mal, caos o situación negativa que sean más fuertes que Él. Ésta es la buena noticia: la liberación del mal es posible, está cerca. Basta con mirar hacia Él con confianza: “Cobren ánimo y levanten la cabeza” (v. 28). El Señor que viene tiene la lozanía del brote que despunta (I lectura), de la vida que se renueva, de un mundo nuevo. La venida del Señor es siempre buena noticia; Él tiene solamente “palabras buenas” (v. 14).

 

3. Este sueño de Dios es posible con una condición: hay que hacer un camino en la vigilancia y en la oración, para que el corazón no se haga pesado por el libertinaje y las preocupaciones de la vida (v. 34.36); para vivir agradando a Dios (II lectura); para “progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros y en el amor para con todos” (v. 12). Los textos litúrgicos de hoy contienen una persistente invitación a la vigilancia, a la oración y a la esperanza, que son actitudes características del tiempo de Adviento. La espera del Señor que salva no acabará en una delusión, quedará satisfecha. Su venida  -la de cada día y, en especial, la de Navidad-  es siempre una sorpresa grata, cierta, gozosa.

 

La liturgia nos hace vivir la espera del Señor Jesús, haciéndonos revivir eficazmente Su primera venida en la Navidad. Tal es, en realidad, la fuerza especial de los sacramentos de la Iglesia, que hacen presentes hoy los misterios cristianos que tuvieron lugar en el pasado. De este modo, la historia se recupera plenamente y se convierte en historia de salvación en el hoy de cada cristiano. Para ello es necesario que la espera se convierta en atención al Señor que viene, es decir, preparación paciente de un corazón disponible y purificado, sensible a las necesidades de los demás, pronto a compartir con otros  la propia experiencia de Jesús Salvador.

 

Nosotros los cristianos, que ya creemos en Cristo, sabemos quién es el Salvador que viene, mientras que los no cristianos  –que son todavía la mayor parte de la humanidad (unas dos terceras partes)–  esperan aún el primer anuncio de Cristo Salvador. Por esta razón, el Adviento es un tiempo litúrgico muy propicio para despertar en los cristianos la conciencia de la responsabilidad misionera. Ya el Papa Pío XII, hace casi 50 años, exhortaba a ello, invitando a la oración y al compromiso misionero, especialmente durante el Adviento, que es el tiempo de la espera de la humanidad. (*)

 

 

Palabra del Papa

*  “Deseamos que por esta intención (misionera) se rece más y con un fervor más iluminado... En especial pensamos en el tiempo del Adviento, que es el tiempo de la espera de la humanidad y de los caminos providenciales de preparación a la salvación… Oren, por tanto, oren más. Acuérdense de las inmensas necesidades espirituales de muchos pueblos que todavía están lejos de la fe verdadera, o que carecen de recursos para perseverar en ella”.

Pío XII
Encíclica Fidei Donum, 21.4.1957)

 
Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 3/12: S. Francisco Javier (1506-1552), sacerdote jesuita, misionero en la India y Japón, fallecido en la isla de Sanchán, a las puertas de China. Es Patrono principal de las Misiones.

- 4/12: B. Adolfo Kolping (1813-1865), sacerdote alemán, “padre de los artesanos”, promovió la formación y las asociaciones de jóvenes trabajadores.

- 6/12: S. Nicolás (ca. 250-326), obispo de Mira, patrono de Bari, santo popular por los regalos navideños; patrono de los niños, jóvenes, farmacéuticos, mercaderes, navegantes, pescadores, perfumistas.

- 6/12: B. Pedro Pascual (ca. 1225-1300), mercedario español, obispo de Jaén, evangelizador en España y Portugal, fue martirizado por los musulmanes en Granada.

- 7/12: S. Ambrosio (339-397), obispo de Milán, doctor, defensor y organizador de la Iglesia, maestro de S. Agustín.

- 8/12: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de Cristo el Salvador.

- 8/12: B. Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869): nació y vivió en Ecuador, pero murió en Lima (Perú), terciaria dominica, entregada a la oración, penitencia y servicio a los necesitados.

- 9/12: S. Juan Diego Cuauhtlatoatzin (+1548), indígena de México, al que se le apareció la Virgen de Guadalupe sobre la colina del Tepeyac (1531).


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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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