PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Por una Navidad compartida y misionera


III Domingo de Adviento
Año C – 17.12.2006

Sofonías  3,14-18a

Salmo  Is 12,2-6

Filipenses  4,4-7

Lucas  3,10-18

 

Reflexiones

Continúa la insistente llamada a la conversión, que Juan el Bautista dirige a varios grupos de personas (Evangelio). Juan, como hemos visto en el Evangelio del domingo pasado, se mostró en el desierto, a orillas del río Jordán, “predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3,3). El evangelista Lucas da cuenta, sin tapujos, del lenguaje duro del Precursor, que sacude a sus oyentes, llamándolos “raza de víboras”: los invita a dar “dignos frutos de conversión” y a dar buenos frutos, para no ser arrojados al fuego (Lc 3,7-9). Pero, ¿qué tipo de conversión? ¿Qué obras y frutos?

 

El domingo pasado la llamada a la conversión se refería, ante todo, al retorno a Dios (se puede hablar de una dimensión vertical de la conversión), disponiendo el corazón para acoger su salvación. Hoy Juan da indicaciones precisas y concretas para una conversión que atañe directamente a las relaciones con los demás (dimensión horizontal). Lucas da cuenta de tres grupos de personas que, alcanzadas por la furia profética del Precursor, le preguntan: “¿Qué hacemos?” (v. 10.12.14). Ésta es una pregunta frecuente en los escritos misioneros de Lucas, cuando habla de conversiones: la muchedumbre el día de Pentecostés, el carcelero de Filipos, Pablo mismo en el camino de Damasco (cfr. Hch 2,37; 16,30; 22,10). La pregunta indica la disponibilidad para un cambio de vida: es la actitud básica en cualquier conversión y, al mismo tiempo, es una llamada a otra persona, que sepa responder en nombre de Dios. Esta persona, habitualmente, la llamamos misionero, en general, que puede ser sacerdote, laico, religiosa, maestro, catequista...

 

Los tres grupos de personas que se presentan ante el Bautista son: la gente (personas no siempre bien definidas), los publicanos (los recaudadores de impuestos, por tanto los odiados colaboracionistas con el imperio extranjero), los soldados (personas acostumbradas a modales duros). Son categorías consideradas a menudo como irrecuperables... El Bautista no les tiene miedo, los acoge y les da respuestas pertinentes y concretas, que atañen a las relaciones con los demás, con el prójimo: el compartir vestidos y comida (v. 11), la justicia en las relaciones con los demás (v. 13), el respeto y la misericordia hacia todos (v. 14). Se trata de relaciones que se establecen sobre la base del quinto y del séptimo mandamiento.

 

Juan va más allá de su predicación y de su persona, mirando a una intervención cualitativa del Espíritu Santo (v. 16), que se manifestará en Pentecostés como un bautismo de fuego (Hch 2). Entonces el Espíritu hará nuevas todas las cosas, renovará sobre todo el corazón de las personas y unirá pueblos diferentes en el único lenguaje del amor. Será entonces más fácil comprender que la conversión a Cristo significa compartir con el necesitado, es justicia y compasión hacia todos. Así Juan  -modelo para los misioneros de cualquier época-  “anunciaba al pueblo el Evangelio” (v. 18).

 

La experiencia personal y el anuncio de la Buena Nueva conllevan siempre la alegría, como se ve por las insistentes invitaciones de Sofonías, de Pablo (I y II lectura) y de otros textos litúrgicos. Ante todo, porque Dios se goza y se complace en nosotros, nos renueva con su amor, hace fiesta con nosotros. Por eso el profeta grita: “No temas, no desfallezcan tus manos”, porque el Señor es para nosotros un salvador poderoso (v. 16-18). Pablo vuelve a insistir sobre la razón de la alegría del creyente: porque el Señor está cerca, está presente; y la alegría se fortalece en la oración (v. 5-7). (*)

 

La alegría de la Navidad es auténtica sólo si es compartida con gestos concretos en favor del que sufre. He aquí un ejemplo actual entre muchos otros. En un pueblo de campo al sur de Verona, una familia de “marroquíes” (musulmanes) acaba de sufrir una doble desgracia (la muerte de la madre y de un niño). El párroco ha organizado entre los feligreses una colecta en beneficio de esa familia (papá y otros hijos huérfanos). Una iniciativa concreta, inmediata, eficaz, para una Navidad compartida, misionera. En el corazón de los feligreses que acogen esa iniciativa Jesús nace de veras. ¡Sólo así se celebra una verdadera Navidad cristiana! La fe se fortalece en ellos y se difunde.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la ‘Buena Nueva’ ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza”.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 17/12: S. Juan de Mata (1154-1213), sacerdote francés, fundador de la Orden de los Trinitarios para rescatar a los esclavos en poder de los árabes.

- 18/12: Jornada Internacional de los Trabajadores Migrantes (ONU, 1990).

- 21/12: S. Pedro Canisio (1521-1597), sacerdote jesuita de Europa central, teólogo en el Concilio de Trento, animador de la contrarreforma alemana, autor de un catecismo; es doctor de la Iglesia.

- 22/12: Sta. Francisca Javier Cabrini (Lodi 1850 - 1917 Chicago), fundadora de las Misioneras del Sgdo. Corazón de Jesús, para atender sobre todo a los emigrantes, en favor de los cuales creó numerosas obras.

- 23/12: S. Juan Cancio de Kety (1390-1473), sacerdote y teólogo polaco, maestro de varias generaciones de sacerdotes; párroco ejemplar en la oración y en el servicio de la caridad.

- 23/12: Sta. María Margarita de Youville (1701-1771), laica canadiense de Quebec, madre de familia, viuda, y luego religiosa y fundadora.

- 23/12: B. Antonio da Sta. Ana Galvão de França (São Paulo +1822), sacerdote franciscano de Brasil, entregado a la predicación y a la penitencia.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++