PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Para gustar y anunciar la Navidad


IV Domingo de Adviento
Año C – 24.12.2006

Miqueas  5,1-4a

Salmo  79

Hebreos  10,5-10

Lucas  1,39-48

 

Reflexiones

A las puertas de Navidad, la Palabra de Dios nos ofrece hoy las claves para comprender, gustar y anunciar a otros el misterio que celebramos. Estas claves se llaman: María,  la carne  y  la pequeñez. Ante todo, María, que el evangelista Lucas nos presenta en el hecho de la Visitación a su pariente Isabel (Evangelio). En un clima de fe y de intensa alegría, se produce el encuentro entre dos mujeres que han llegado a ser madres gestantes por una especial intervención de Dios: Isabel en su ancianidad, María en su virginidad. Ambas están llenas del Espíritu Santo (v. 41; Lc 1,35), atentas en acoger las señales de su presencia, prontas a alabarlo y a darle gracias por sus obras grandes (v. 42-45.46-48). Estos elementos hacen de la Visitación un misterio de fe, de alegría, de servicio, de anuncio misionero. María, apresurada en el viaje (v. 39), llevando en su vientre a Jesús, es imagen de la Iglesia misionera, que lleva al mundo el anuncio del Salvador.

 

Dichosa tú, que has creído”, exclama Isabel (v. 45). Ésta es la primera bienaventuranza que aparece en los Evangelios. Por la fe María ha concebido en su corazón al Hijo de Dios aun antes de engendrarlo en la carne. Ha creído, es decir, se ha fiado, se ha abandonado en Dios. Las palabras de María: ‘heme aquí, soy la sierva, hágase...’ (v. 38) están en sintonía con el ‘sí’ de Jesús, el cual, según el autor de la carta a los Hebreos (II lectura), entrando en el mundo, ha dicho: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (v. 7). Así pone en evidencia el único culto grato a Dios, el culto de los verdaderos adoradores del Padre “en espíritu y verdad”, como el mismo Jesús lo revelará también a la mujer samaritana (Jn 4,23).

 

Desde hace mucho tiempo  -podemos decir desde siempre-  Dios no se deleita con el perfume del incienso o con el humo de las carnes de los animales inmolados en el templo. Él quiere habitar en un templo de carne, en el corazón de las personas, ser el centro de cada pensamiento y de toda aspiración, la razón de cada elección y decisión, la raíz de toda alegría. Solamente llegando a este nivel, se puede hablar de una auténtica conversión del corazón, una conversión que va mucho más allá de unos cuantos gestos exteriores puramente rituales, de prácticas superficiales o de fórmulas abstractas repetidas de memoria.

 

Jesús es el verdadero adorador del Padre: desde su primer ingreso en el mundo, no le ofrece animales o incienso (v. 5-6), sino se presenta a sí mismo, en su cuerpo, como ofrenda de amor para santificar a todos (v. 10), sin excluir a nadie, porque “no se avergüenza de llamarles hermanos” (Heb 2,11). “Caro salutis est cardo” (la carne es la base de la salvación), como solían repetir los Padres de los primeros siglos con su gran sentido teológico y antropológico. Así ponían en evidencia que Dios ha querido manifestar concretamente su salvación, haciéndola pasar a través de la carne humana del Hijo de Dios, que se hizo hijo de María. En la escuela de María, el Papa nos invita a encontrar a Jesús en Navidad y en la Eucaristía.  (*)

 

Esta maravillosa obra de salvación se realiza por medio de signos pequeños y pobres, personas y realidades humildes. El ejemplo bíblico del día es Belén (I lectura), aldea chica, pero cuna de uno que “pastoreará con la fuerza del Señor”, dará tranquilidad y paz a su pueblo, “se mostrará grande hasta los confines de la tierra” (v. 3-4). Belén es un pueblito insignificante, pero Dios lo escoge para que allí nazca el que es ‘la más Bella Noticia’ para todos los pueblos. En el origen de este acontecimiento está María; ella es consciente de que Dios “ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava” (v. 48). Por eso ella exulta y canta.

 

También hoy, Dios realiza sus grandes obras por medio de instrumentos pobres, gestos humildes, situaciones humanamente desesperadas. Y uno se pregunta: entonces ¿quién se salva? Aquellos que, con corazón sincero y bien dispuesto, acogen el misterio de ese Niño, nacido en Belén hace 2000 años; aquellos que escuchan su mensaje, se convierten en constructores de la paz, portadores de alegría. ¡Como María, como los pastores!

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Queridos amigos, entramos en el misterio de Navidad, que ya está cerca, a través de la ‘puerta’ de la Eucaristía: en la gruta de Belén adoramos al mismo Señor, que en el Sacramento eucarístico ha querido hacerse nuestro alimento espiritual, para transformar el mundo desde dentro, a partir del corazón del hombre. Pónganse en la escuela de la Virgen María, la primera en contemplar la humanidad del Verbo encarnado. En el Niño Jesús, con el cual intercambiaba infinitos y silenciosos coloquios, Ella reconocía el Rostro humano de Dios, de tal manera que la misteriosa Sabiduría del Hijo se ha estampado en la mente y en el corazón de la Madre”.

Benedicto XVI

A los Estudiantes Universitarios, Roma, 14 de diciembre de 2006

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 24/12: B. Bartolomé María del Monte (1726-1778), sacerdote de Bolonia, abnegado predicador de misiones al pueblo y al clero en más de 60 diócesis de Italia; creó la Pía Obra de las Misiones.

- 25/12: Nacimiento de Jesucristo en Belén, Hijo de Dios en carne humana, Salvador de todos los pueblos (Lc 2,10-11).

- 26/12: S. Esteban, protomártir (+ 34 ca.), diácono lleno de fe y del Espíritu Santo; murió rezando por sus perseguidores.

- 26/12: Bb. Inés Phila y Lucía Khambang, de las Hermanas “Amantes de la Cruz”, martirizadas junto con otras mujeres cristianas de Tailandia (+ 1940).

- 27/12: S. Juan, apóstol y evangelista.

- 28/12: Fiesta de los Santos Inocentes, testigos de Cristo con el sacrificio de su vida.

- 28/12: S. Gaspar del Bufalo (Roma, 1786-1837), evangelizador de carreteros y campesinos, entregado a las misiones populares; difundió la devoción a la preciosa Sangre de Cristo.

- 29/12: S. Tomás Becket (1118-1170), cancillier del rey y, más tarde, obispo de Canterbury, fue exiliado en Francia durante seis años; regresó a Inglaterra y fue asesinado en su catedral.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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