PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera

sobre la liturgia dominical

   

LA EUCARISTÍA:

alimento e inspiración para la MISIÓN

 

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Año “A” - Domingo 29.5.2005

Deuteronomio  8,2-3.14-16      

Del Salmo  147

1Corintios  10,16-17

Juan  6,51-58


 

                       

 

        

Reflexiones

Jesucristo en la Eucaristía es el Pan de vida (Evangelio), en el desierto del mundo (I lectura), para que la Iglesia viva, realice y anuncie la comunión y la fraternidad (II lectura). El lenguaje de Jesús en la sinagoga de Cafarnao es realista e insistente: el cuerpo y sangre de Jesús no son sólo ‘cosas sagradas’, sino Jesús mismo. Él es el Pan de la vida, que ha de ser acogido y recibido con fe radical, para vivir en esta vida y en la futura. Fiándose completamente de El. Porque solamente Él tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6,68).

 

La Eucaristía es el don nuevo y definitivo que Jesús confía a la Iglesia peregrina y misionera en el desierto del mundo: un don superior al maná (cf. Jn 6,58); un don que es preciso descubrir y proponer a otros: “si tú conocieras el don de Dios…” (Jn 4,10). Es el don del Pan y del Agua para poder caminar en el desierto terrenal, haciendo continua memoria (“recuerda... no olvides…” Dt 8,2.14) de la salvación recibida. “El recuerdo bíblico introduce nuevamente al creyente en la historia de la salvación, actualizando en el hoy los eventos del pasado. Este es el sentido de la palabra memorial que en el N.T. se aplica también a la Eucaristía… La Eucaristía es el recuerdo de la muerte y resurrección de Cristo, es la certeza de su continua presencia como alimento del hombre peregrino, en la espera de Su venida” (G. Ravasi).

 

El desierto bíblico (I lectura) es una experiencia múltiple: es lugar de prueba y humillación, pero también tiempo de búsqueda de la verdad profunda acerca de la propia vida (“para conocer tus intenciones”, v. 2); lugar “inmenso y terrible, con dragones y alacranes”, pero a la vez experiencia de liberación de la esclavitud (v. 14); tiempo de hambre, durante el cual el pueblo se nutre del maná y de la palabra que sale de la boca del Señor (cf. v. 3); tierra reseca y sin agua, en la cual el Señor saca agua de una roca de pedernal (cf. v. 16). Experto, por su vida personal, y testigo de estas vicisitudes típicas de la existencia humana, el/la evangelizador/a lleva por los caminos del mundo la única respuesta válida, que es Cristo, buena noticia de vida verdadera para todos los pueblos. Sobre este punto, el Papa Benedicto XVI ha pronunciado, ya en el comienzo de su pontificado, palabras claras e inspiradoras para la acción misionera. *

 

La Eucaristía es fuente y sello de unidad (II lectura): siendo comunión con la sangre y el cuerpo de Cristo, debe llevar a la comunión entre todos los que comen del mismo pan. De la Eucaristía nace necesariamente un generoso y creativo empuje al encuentro ecuménico y a la actividad misionera. La persona, y la comunidad, que hace la experiencia viva de Cristo en la Eucaristía se siente motivada a compartir con los demás el don recibido en la Palabra y en el Sacramento: la misión, en cuanto anuncio y presencia de Cristo, nace de la celebración y conduce a ella.

 

La Eucaristía nos enseña y nos da la fuerza para eliminar las barreras que impiden o mortifican el desarrollo de la vida: para defender la vida de cada persona, convencidos de que ‘nadie sobra’ en la aldea global de la humanidad; para vencer la espiral de violencia mediante el diálogo, el perdón y el sacrificio de si mismos; para romper las cadenas del acaparamiento de los bienes mediante el compartir, la solidaridad y la puesta en práctica de relaciones más justas entre las personas y entre los pueblos. En una palabra, la Eucaristía es motor y proyecto de un auténtico desarrollo y promoción humana y cristiana de toda persona.

 

La ‘aldea global’ no puede tener sino un solo banquete global, al cual todos los pueblos tienen igual derecho a tomar parte, del cual nadie debe ser excluido o discriminado, por ninguna razón. Desde siempre, éste es, y solamente éste, el proyecto del Padre común de toda la familia humana (cf. Is 25,6-9). Éste es el sueño que Él confía, para que se realice, a la comunidad de los creyentes que tienen el “deber-derecho” a celebrar la Eucaristía haciendo memoria de la muerte y resurrección de su Hijo. Éste es el banquete al cual están invitados los pueblos de la tierra, todos unidos por el mismo Espíritu.

 

 

Palabra del Papa

*  “La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud”.

Benedicto XVI

Homilía en solemne inicio del ministerio petrino; Roma, 24 de abril de 2005.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 29/5: Se concluye en Bari (Italia), con la participación del Papa Benedicto XVI, el 24 Congreso Eucarístico Nacional, con el tema: “Sin el domingo no podemos vivir”.

- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote francés de los Oblatos de María Inmaculada, misionero pionero en Sudáfrica y Lesotho.

- 29/5: S. Ursula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austriaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús Agonizante, realizó viajes misioneros por diferentes Países de Europa.

- 30/5: S. José Marello (1844-1895), obispo de Acqui Terme (Piamonte), fundador de los Oblatos de S. José, para la formación moral y cristiana de la juventud.

- 31/5: Visitación de la Virgen María a su prima Isabel: un encuentro de fe y de alabanza al Señor.

- 1/6: S. Justino, filósofo cristiano, nacido en Palestina y martirizado en Roma (+165).

- 1/6: B. Juan B. Scalabrini (1839-1905), obispo de Piacenza, fundador de los Misioneros de S. Carlos, para el cuidado pastoral de los migrantes.

- 3/6: Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: del Corazón de Cristo nace la Iglesia misionera.

- 3/6: Ss. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires de Uganda, martirizados en Namugongo (entre 1885-1886) y alrededores de Kampala.

 

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A cargo de: P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma – Sito Web:  www.ciam.org   “Parola per la Missione”