PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


La Eucaristía, alimento para la Misión en el desierto del mundo



SSmo. Cuerpo y Sangre de Cristo
Año “A” - Domingo 25.5.2008

 

Deuteronomio  8,2-3.14-16
Salmo  147
1Corintios  10,16-17
Juan  6,51-58


Reflexiones
En el desierto del mundo (I lectura), Jesucristo en la Eucaristía es el viático, el Pan de vida (Evangelio), para que la Iglesia viva y anuncie la comunión y la fraternidad (II lectura). El lenguaje de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (Evangelio) es realista e insistente: su cuerpo y su sangre no son solamente ‘cosas sagradas’, son Jesús mismo. Él es el Pan de vida, que se ha de acoger y recibir con fe, para vivir en esta vida y en la futura. Fiándose completamente de su Palabra. Porque solamente Él tiene palabras de vida eterna (cf Jn 6,68).

 

Tras su liberación de la esclavitud de Egipto, el pueblo tuvo que afrontar el desierto (I lectura) “inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua” (v. 15). En el duro camino hacia la libertad, el Señor acompaña al pueblo con sus dones, con su palabra y sus acciones: en especial el regalo del maná y del agua sacada de una roca de pedernal (v. 16). Dones que es necesario recordar y no olvidar (v. 2.14).

 

Jesús (Evangelio) promete un don superior al maná (v. 58). Un don que es preciso descubrir, proponer y compartir con otros: “Si tú conocieras el don de Dios”, dijo Jesús a la mujer samaritana  (Jn 4,10). La Eucaristía es el don nuevo y definitivo que Jesús confía a la Iglesia peregrina y misionera en el desierto del mundo. Es mucho más que el simple recuerdo de una gran hazaña del pasado: es, hoy, el don del Viviente. “El recuerdo bíblico introduce nuevamente al creyente en la historia de la salvación, actualizando en el hoy los eventos del pasado. Éste es el sentido de la palabra memorial que en el Nuevo Testamento se aplica también a la Eucaristía… La Eucaristía es el recuerdo de la muerte y resurrección de Cristo, es la certeza de su continua presencia como alimento del hombre peregrino, en la espera de su venida” (G. Ravasi).

 

La Eucaristía es fuente y sello de unidad (II lectura): siendo comunión con la sangre y el cuerpo de Cristo, debe llevar a la comunión fraterna entre todos los que comen del mismo pan. De la Eucaristía nace necesariamente un generoso estímulo al encuentro ecuménico y a la actividad misionera, “para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan en un mismo mundo” (Prefacio). La persona y la comunidad que realizan la experiencia viva de Cristo en la Eucaristía se sienten motivadas a compartir con los demás el don recibido en la Palabra y en el Sacramento: la misión nace de la Eucaristía y conduce a ella. Como resultado de su experiencia personal y como testigo de las múltiples vicisitudes de la existencia humana, el misionero lleva por el desierto del mundo la única respuesta, Cristo, buena noticia de vida para todos los pueblos. (*)

 

La Eucaristía nos enseña a derribar las barreras que impiden o mortifican el desarrollo de la vida: nos da la fuerza para defender la vida de cada persona, convencidos de que ‘nadie sobra’ en la aldea global de la humanidad; para vencer la espiral de violencia mediante el diálogo, el perdón y el sacrificio de sí mismos; para romper las cadenas del acaparamiento de los bienes promoviendo por doquier el compartir y la solidaridad.

 

La aldea global sólo puede tener un único banquete global, en el cual todos los pueblos tienen el mismo derecho a participar; del cual nadie debe ser excluido o discriminado, por ninguna razón. Desde siempre, éste es, y solamente éste, el proyecto del Padre común para toda la familia humana (cf Is 25,6-9). Éste es el sueño que Él confía, para que se realice, a la comunidad de los creyentes.

 

 

Palabra del Papa
(*)  “La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para Él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud”.

Benedicto XVI

Homilía en el solemne inicio del Pontificado, Roma, 24 de abril de 2005

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 25/5: Día de África, en el aniversario de la creación de la ‘Organizzación de la ‘Unidad Africana’ (OUA) en Addis Abeba (Etiopía, 1963).

- 26/5: S. Felipe Neri (1515-1595), sacerdote, apóstol de la juventud romana, fundador del Oratorio.

- 26/5: S. Mariana de Jesús de Paredes (1618-1645), ecuatoriana, laica terciaria franciscana, que se entregó para ayudar a indígenas y a los negros en Quito (Ecuador).

- 27/5: S. Agustín, obispo de Canterbury (+604/605), monje romano, enviado por el Papa S. Gregorio Magno como misionero a Inglaterra, donde fundó varias sedes episcopales.

- 28/5: BB. Antonio Juliano Nowowiejski (1858-1941) y León Wetmanski (1886-1941), respectivamente arzobispo y obispo auxiliar de Plock (Polonia), presidente y secretario de la Pontificia Unión Misional (PUM); ambos fallecieron en campos de concentración.

- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote francés de los Oblatos de María Inmaculada, misionero pionero en Sudáfrica y Lesotho.

- 29/5: S. Úrsula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austríaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús Agonizante: realizó viajes misioneros por diferentes países de Europa.

- 30/5: S. José Marello (1844-1895), obispo de Acqui Terme (Piamonte), fundador de los Oblatos de S. José, para la formación moral y cristiana de la juventud.

- 31/5: Visitación de la Virgen María a su prima Isabel: un encuentro de fe y de alabanza al Señor.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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