PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Un proyecto misionero, grande como el corazón de Dios

III  Domingo del Tiempo Ordinario
Año B – 25.1.2009

 

Jonás  3,1-5.10

Salmo  24

1Corintios  7,29-31

Marcos  1,14-20;  (para la Misa de S. Pablo: Marcos 16,15-18)

 
Reflexiones

La fiesta de hoy, Conversión de San Pablo, en el contexto del año jubilar paulino, y la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, ofrecen pautas especiales de reflexión sobre la Palabra de Dios, la cual nos pide un cambio de mentalidad (conversión) y apertura al Evangelio. En efecto, después del Bautismo en el Jordán y de la experiencia en el desierto, Jesús comienza su vida pública con un anuncio esencial, que Marcos  –el evangelista que leemos en este año litúrgico–  presenta en cuatro puntos (v. 15): ya se ha cumplido el tiempo de la salvación y está cerca el reino de Dios; es tiempo de convertirse y de creer en esta buena noticia.

 

El Evangelio de Marcos, aun dentro de su brevedad, tiene un mensaje global y completo. “El catecúmeno en el Evangelio de Marcos  –el cristiano hoy, cada uno de nosotros–  está invitado a comprender que Dios está a punto de tomar posesión de su vida y sale a su encuentro con una misteriosa iniciativa, que él está llamado a aceptar” (Carlos M. Martini). Desde el comienzo hasta el final, una pregunta insistente recorre los 16 capítulos de Marcos: ¿Quién es Jesús?” Los numerosos milagros de curaciones y esa doctrina nueva, enseñada con autoridad por un Maestro sorprendente (1,27), culminan en la profesión de fe de dos testigos oculares: el discípulo Pedro, que afirma: “Tú eres el Cristo” (8,29), y el centurión pagano, que al pie de la cruz declara: “Verderamente este hombre era Hijo de Dios” (15,39). Estas afirmaciones  –puestas hacia la mitad y el final del Evangelio de Marcos–  quedan ratificadas inmediatamente con la resurrección (16,6).

 

El núcleo del mensaje de Jesús es que la iniciativa de Dios para salvar el mundo es ya un hecho: con la encarnaciún del Hijo, Dios ha puesto su morada definitiva entre los hombres; en Jesucristo el Reino ha alcanzado su plenitud; de ahora en adelante, la salvación de todos pasa necesariamente a través de la Persona del Dios que ha tomado carne humana. El acontecimiento tiene tal magnitud que justifica plenamente, por un lado, las exigencias de Jesús: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (v. 15) y, por el otro, la decisión radical de los discípulos en seguirlo inmediatamente, dejando de lado afectos e intereses personales (v. 18.20). La conversión conlleva un cambio total de mentalidad sobre la manera de ver a Dios, al hombre y la creación. Por parte de Dios ya no va a haber otras propuestas: el Evangelio ya está todo presente en Jesús, no habrá otro. Sin embargo, el Evangelio-Buena Noticia no es un libro de doctrinas o teorías espirituales: es una Persona, es Jesús mismo. Los primeros cuatro discípulos (v. 16-20), y más tarde los otros, no van tras una doctrina, por muy estupenda que sea, sino tras una Persona. Se fían de Él, le abren de par en par el corazón, le confían su destino. Aun con alguna fragilidad, ¡lo seguirán hasta dar su vida por Él!

 

El Maestro llama a los discípulos, los va formando, los transforma, los envía. El seguimiento lleva siempre a la misión: Jesús los hace pescadores de hombres (v. 17), portadores de un nuevo proyecto de vida, la Buena Noticia por excelencia. La familia humana tiene una necesidad extrema del Evangelio, para poder vivir en plenitud, como lo explixa San Pablo (II lectura), aun en situaciones de precariedad, sin sucumbir a las seducciones de los ídolos de turno, “porque la representación de este mundo se termina” (v. 31).

 

Dios ama a cada persona y quiere que todos seamos felices: da prueba de ello ese acontecimiento que se llama Jesucristo. Llevar este mensaje hasta los confines de la tierra es tarea de todos sus seguidores, llamados a ser discípulos y misioneros con un corazón grande, a imitación del corazón de Dios. Nada de personas mezquinas, testarudas y recelosas como Jonás (I lectura), un profeta que, en un primer momento, huye para no cumplir el mandato misionero de Dios que lo envía a los pueblos paganos de Nínive, y, más tarde, cumple sólo parcialmente con el anuncio, “durante un día de camino” (v. 4), sentándose al final para protestar contra Dios, por ser “bueno y misericordioso” con los Nínive, siempre pronto al perdón, sobre todo hacia los que están lejos (Jonás 4). Esta universalidad es un valor fundamental en todos los niveles: para los contenidos del mensaje (el Evangelio), para los destinatarios del anuncio (todos los pueblos, todos los creyentes en Cristo), para los misioneros y las misioneras, que el Señor llama, también hoy, a ser portadores de su mensaje de salvación. Por eso Jesús llamó a los primeros discípulos (Evangelio) y a Pablo, el cual ha puesto en evidencia, con decisión, la fuerza del Evangelio y la universalidad de la salvación ofrecida a todos los pueblos. (*) Un mensaje de vida por redescubrir y relanzar en el año paulino.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “San Pablo había comprendido muy bien que sólo en Cristo la humanidad puede encontrar redención y esperanza. Por ello, sentía apremiante y urgente la misión de «anunciar la promesa de la vida en Cristo Jesús» (2Tm 1,1), «nuestra esperanza» (1Tm 1,1), para que todas las gentes pudieran compartir la misma herencia, siendo partícipes de la promesa por medio del Evangelio (cf Ef 3,6). Era consciente de que la humanidad, privada de Cristo, está «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,12); sin esperanza, por estar sin Dios”.

Benedicto XVI

Mensaje para  el DOMUND, octubre  de 2008, n. 1

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 25/1: Conversión de San Pablo, apóstol de las gentes (pueblos paganos). En la ruta de Damasco no ha nacido sólo el cristiano Pablo, sino el más grande misionero de la historia.

- 25/1: Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra, fundada por Raúl Follereau en 1954. El tema para 2009 (56° jornada) es: “Salvemos de la lepra la belleza del hombre”.

- 26/1: SS. Timoteo y Tito, colaboradores de S. Pablo, obispos de Éfeso y Creta, respectivamente.

- 27/1: S. Angela Merici (1474-1540), fundadora de la Compañía de Santa Úrsula (Ursulinas),

pionera entre las mujeres de vida consagrada en el mundo, fuera de los tradicionales monasterios conventuales.

- 28/1: S. Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia; su Summa contra Gentiles es uno de los primeros manuales para misioneros entre los no cristianos, en particular los musulmanes.

- 28/1: S. José Freinademetz (1852-1908), de la Sociedad del Verbo Divino, misionero en China.

- 30/1: Memoria de Mohandas Karamchand Gandhi, llamado “Mahatma” (alma grande) de India (1869-1948), líder de la “no-violencia-activa”, asesinado en Delhi.

- 31/1: S. Juan Bosco (1815-1888), fundador de la familia Salesiana; envió a sus primeros misioneros salesianos a Argentina.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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