PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Misión: Evangelio y liberación del mal

IV  Domingo del Tiempo Ordinario
Año B – 01.02.2009

Deuteronomio  18,15-20

Salmo  94

1Corintios  7,32-35

Marcos  1,21-28

 

Reflexiones

¡Dios es médico y también medicina!” Repetía con razón el santo capuchino P. Leopoldo Mandic (1866-1942) a sus penitentes en el confesionario de Santa Cruz en Padua. Palabras en plena sintonía con el pasaje evangélico de hoy. Desde el comienzo de su Evangelio, Marcos presenta a Jesús como un personaje extraordinario en palabras y gestos: un maestro que provoca estupor, porque enseña con autoridad moral (v. 22); un taumaturgo que, con un simple gesto y una orden (‘calla, sal’) es capaz de expulsar de un hombre a un espíritu impuro (v. 25-26). Temor, sorpresa, fama, admiración, y, a la vez, también tantas esperanzas, son los sentimientos que ese nuevo Rabí misterioso suscita en el corazón de todos “enseguida y en todo lugar” (v. 28). De esta manera, toma cuerpo en Jesús ese profeta ideal que Dios había prometido a su pueblo por medio de Moisés (I lectura). En pocas palabras, Marcos pone las bases para que el catecúmeno  –y cada cristiano–  pueda realizar un progresivo camino en el descubrimiento de Cristo, en un itinerario de escucha y de búsqueda, desde la oscuridad hacia la luz, hacia la Pascua y la misión.

 

El episodio del hombre poseído por un espíritu inmundo que grita y se retuerce, nos lleva a algunas reflexiones sobre la existencia de los espíritus malignos que, a menudo y de forma dramática, atormentan a las personas en el cuerpo, en la psicología y en el espíritu. Es cosa sabida que algunas manifestaciones que se atribuyen al diablo eran  -y son todavía hoy-  verdaderas enfermedades, aunque poco conocidas. Esto, sin embargo, no debe fomentar dudas sobre la existencia del espíritu maligno o sobre su acción negativa en las personas. Negarlo sería una ingenuidad que favorecería tan sólo la expansión del mal en el mundo. Los Evangelios nos dan cuenta de numerosos milagros de Jesús en favor de las víctimas de males extraños de tipo psicofísico. La acción sanadora de Jesús abarca la persona en su totalidad: Él sana, a la vez, el cuerpo, la psique y el alma.

 

En el intento de dominar el mal, el destino y las fuerzas negativas en general, todos los pueblos han hecho uso de medios como el espiritismo, la adivinación, el ocultismo, poniendo su confianza en magos, brujos, hechiceros, astrólogos, videntes, adivinos, nigromantes, etc. Desde antiguo, Dios prohibió estas prácticas a su pueblo (Dt 18,10-11). Se trata de un oscuro mundo de engaños, que explota  –a cambio incluso de grandes sumas de dinero-  los miedos, la ingenuidad, la credulidad de la gente, la ignorancia sobre Dios, causando falsos consuelos, seguidos puntualmente de frustraciones y desesperación. Según la experiencia común de los misioneros que trabajan en varias partes del mundo, el miedo y los engaños son signos típicos del paganismo. Pero son hechos que siguen cundiendo también en los cristianos, cuando éstos no están del todo convertidos interiormente, cuando no han aprendido, de un lado, a aceptar algunos límites naturales de la vida hmana y, de otro, a confiar en la guía amorosa y providente del Padre de la Vida. A menudo, algunos residuos de paganismo siguen conviviendo en personas creyentes, e incluso en personas de vida consagrada.

 

Un camino de conversión es necesario para cada uno y por toda la vida, ya que cada persona humana nace pagana, es decir, no cristiana: de hecho, el bautismo no es sino el comienzo de un proceso de crecimiento espiritual. La conversión cristiana consiste en la progresiva liberación de los miedos, de los ídolos y de múltiples formas de falsedad. Exponiéndose sin tapujos a la verdad del Evangelio, cada persona experimenta y demuestra la libertad interior que brota de la adhesión a Cristo. Los santos son las personas que, con la ayuda divina, han alcanzado un mayor grado de liberación de las formas de paganismo. De hecho, la adhesión a Cristo genera libertad, porque Él  -y sólo Él-  es la luz y la verdad que nos hacen libres (Jn 8,32; 14,6).  (*)

 

La predicación evangelizadora, aunque siempre ha de ser comprensiva hacia las personas que se equivocan o están enfermas, debe ser enérgica e incisiva contra el mal. El hecho de que el endemoniado del Evangelio de hoy, en un primer momento se quede calladito en la sinagoga y, tras la enseñanza de Jesús, empiece a rebelarse y a gritar contra Él, invita a reflexionar sobre la fuerza y autenticidad de nuestra predicación: ésta no puede ser indulgente o tibia hacia el mal, por miedo a incomodar. Debe, al contrario, sacudir las conciencias, estimular las personas a un cambio de vida e indicar el camino que lleva al encuentro auténtico con Dios y los hermanos, en la comunidad de los creyentes en Cristo. Solamente así el anuncio misionero del Evangelio de Jesús ejerce su fuerza liberadora y salvadora: expulsa a los demonios, sana heridas, renueva y transforma a las personas.

 

Palabra del Papa

(*)  “Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin Él. Pero, al mismo tiempo, existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos... Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un boom de lo religioso... A menudo la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que agrada, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la ‘medida de cada uno’ a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que nos indica el camino: ¡Jesucristo! Tratemos nosotros mismos de conocerlo cada vez mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia Él”.

Benedicto XVI

Homilía durante la Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, 21.8.2005

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 1/2: Jornada por la Vida.

- 1/2: B. Luigi Variara (1875-1923), misionero salesiano, que vivió entre los leprosos en Colombia.

- 2/2: Presentación del Señor Jesús, proclamado como “la salvación preparada a la faz de todos los pueblos, la luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2,31-32). - Jornada de la Vida Consagrada.

- 2/2: S. Juan Teófano Vénard (1829-1861), sacerdote de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, mártir en Hanoi (Vietnam). Sus cartas inspiraron también a S. Teresa de Lisieux en su amor y entrega por las misiones

- 3/2: B. María Elena Stollenwerk (+1900), cofundadora en Steyl (Holanda), junto con S. Arnoldo Janssen, de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo.

- 4/2: S. Juan de Brito (1647-1693), misionero jesuita portugués, martirizado en la India.

- 4/2: En 1794 en Haiti se aprobó la primera ley que abolía la esclavitud en América Latina.

- 6/2: S. Pablo Miki, sacerdote jesuita japonés, y 25 compañeros (jesuitas, franciscanos y laicos), martirizados-crucificados en Nagasaki (Japón, 5.2.1597).

- 6/2: S. Mateo Correa Magallanes (1866-1927), sacerdote mexicano, martirizado porque se negó a revelar un secreto de confesión.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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