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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

Bienaventuranzas: retrato de Jesús y del Misionero

VI Domingo del Tiempo Ordinario
Año C - 14.2.2010


 

Jeremías  17,5-8
Salmo  1
1Corintios  15,12.16-20
Lucas  6,17.20-26
 
Reflexiones

"El sermón de la montaña ha ido derecho a mi corazón. Ha sido gracias a este sermón que he aprendido a amar a Jesús", afirmaba Gandhi, padre de la India moderna y promotor de la estrategia de la no-violencia-activa. La admiración nace en particular de las Bienaventuranzas, que constituyen el corazón del programa de Jesús. Es posible comprender este mensaje dentro del contexto bíblico más amplio sobre el sentido de la existencia. Acertar o equivocarse, vencer o perder, lograrlo o ser derrotados, conformarse o ir a contracorriente, acabar con un ‘bendito’ o con un ‘maldito’... La lista de alternativas opuestas podría continuar. Jesús añade su alternativa en el sermón programático de las Bienaventuranzas (Evangelio): “Dichosos... ay de ustedes...” (v. 20.24). El estilo literario empleado por Jesús es parecido al de Jeremías (I lectura). Enseñar con imágenes contrastantes, paralelas y repetitivas, era una praxis común entre los maestros de esa época, a fin de facilitar el aprendizaje a pueblos de cultura oral. Es un método didáctico que los misioneros conocen bien y encuentran hasta nuestros días entre numerosos grupos humanos.

 
Además del estilo literario, es importante captar el mensaje. La puesta en juego entre las dos alternativas expresadas por Jeremías y por Jesús es la vida, la salvación, la misma salvación eterna. Ser como un cardo en la estepa (es decir, vivir en un desierto sin frutos y sin vida), o bien ser como un árbol plantado junto al agua (no siente el estío y no deja de dar fruto) son el resultado de dos opciones de vida. Opciones que el profeta califica con un juicio contundente: maldito... o bendito... La razón moral de tanta severidad, reside, para Jeremías, en la elección de confiar en el hombre (v. 5), o de confiar en el Señor (v. 7). ‘Confiar’ es el verbo de la fe: o sea, fijar el punto de solidez de la casa, poner el fundamento del edificio sobre la roca. El salmo responsorial retoma el tema con abundantes imágenes tomadas de la vida agrícola y de las costumbres sociales.

 
Jesús propone un programa idéntico (Evangelio): organizar la vida, teniendo a Dios como punto de referencia, a fin de que el resultado final sea un ‘dichosos ustedes...’, y no un ‘ay de ustedes...’ Optar por Jesús significa trabajar en favor de los necesitados, descubrir motivos de gozo aun dentro de realidades que normalmente se consideran negativas, perdedoras, según las opiniones de la mayoría: la pobreza, el hambre, el llanto, los insultos  y repulsas... ¡Alégrense! (v. 20-23). El paralelismo de Lucas continúa con las imágenes opuestas, ri
tmadas por el ‘ay de ustedes’ (v. 24-26). El 'ay de ustedes' no es una amenaza o un castigo, sino el lamento de Jesús, la tristeza por la situación de los que persiguen planes mundanos de opulencia, poder, satisfacciones egoístas, atropellos, prestigio, honores... Jesús lo lamenta: ¡lo siento por ustedes!

 
Solamente el que se fía completamente de Dios logra vivir la gratuidad, compartir sin acumular, alegrarse con pocas cosas, encontrar ‘perfecta alegría’ aun recibiendo insultos, rechazos y persecución. El gozo espiritual de las bienaventuranzas no tiene nada que ver con satisfacciones masoquistas. Sin embargo, no elimina el sufrimiento propio de las situaciones difíciles, pero sabe leer en ellas un mensaje superior, una sabiduría nueva, un camino de salvación, una misteriosa fecundidad pascual, un signo de la humanidad renovada (oración). Aunque no de fácil e inmediata comprensión.

 
Las Bienaventuranzas son un autorretrato de Jesús: pobre, sufriente, perseguido... Ha escogido el camino de la pasión, muerte y resurrección para dar la vida al mundo (II lectura). El programa que Jesús confía a los apóstoles  -y a los misioneros de todos los tiempos-  no puede ser distinto: el misionero es el hombre/mujer de las Bienaventuranzas, como los ha definido Juan Pablo II.
(*)  En particular, en las Bienaventuranzas de la persecución y de la pobreza, vividas en el compartir la vida. Lo confirman las decenas de misioneros que cada año caen víctimas de la violencia: en el 2009 han sido 37. A su testimonio hay que asociar el de otros testigos (voluntarios, periodistas, agentes del orden público,...) caídos en acto de servicio. En el origen de tales asesinatos están a menudo bandidos y asaltantes; otras veces son evidentes las motivaciones religiosas y sociales. Optar por Cristo significa actuar siempre en favor de los débiles y de los necesitados, con los cuales Él se identifica: hambrientos, desnudos, enfermos, encarcelados, forasteros… Tenemos certeza de ello con las dos sentencias finales: "vengan, benditos de mi Padre", o "aléjense, malditos" (Mt 25,34.41). Hay coherencia entre el Evangelio de las Bienaventuranzas y el test del juicio final. El camino de las Bienaventuranzas lleva a la Bendición definitiva. A la felicidad auténtica y duradera.

 
Palabra del Papa

(*)  “El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (Mt 5,1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido”.

Juan Pablo II

Encíclica  Redemptoris Missio (1990), n. 91

 
Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 14/2: SS. Cirilo, monje (+Roma 869), y Metodio, obispo (+885), hermanos, nacidos en Tesalónica; fueron grandes evangelizadores de los pueblos eslavos y danubianos. Son co-patronos de Europa.

- 15/2: S. Claudio La Colombière (1641-1682), jesuita francés, promotor de la devoción al Corazón de Jesús, junto con S. Margarita M. Alacoque.

- 15/2: Memoria del P. José de Acosta (+1600), misionero jesuita español en el Perú , estudioso y defensor de la cultura indígena; tuvo un papel importante en el III Concilio Limense (1582-1583).

- 16/2: B. José Allamano (1851-1926), sacerdote italiano, fundador de los Institutos de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata (Santuario de Turín).

- 17/2:  Los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María (Florencia, s. XIII), mendicantes y misioneros.

- 17/2: S. Pedro Yu Chong-nyul, padre de familia, asesinado en Pyeongyang (+1866), porque fue sorprendido en la casa del catequista leyendo el Evangelio de noche. Es uno de los 103 Santos Mártires coreanos (mem. 20/9).

- 18/2: S. Francisco Régis Clet (1748-1820), sacerdote francés de la Congregación de la Misión, misionero durante 30 años en China y mártir.

- 18/2: S. Alberico Crescitelli (1863+1900), sacerdote del PIME, misionero en China, mártir durante la revolución de los boxers. Su fiesta es el 21/7; pero hoy se conmemora el aniversario de la beatificación.

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A cura di: P. Romeo Ballan – Missionari Comboniani (Verona)
Sito Web:   www.euntes.net    “Parola per la Missione”

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