PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Llamados a vivir y a anunciar la Misericordia



X Domingo del Tiempo Ordinario
Año “A” - Domingo 8.6.2008
 

Oseas  6,3-6
Salmo  49
Romanos  4,18-25
Mateo  9,9-13

 
Reflexiones

Tres personajes, en las lecturas de hoy, viven intensamente la llamada de Dios y le dan su respuesta personal. Vivir la vida como respuesta a la llamada de Dios es una garantía segura para la felicidad personal y para la misión; naturalmente esto no significa exención de las tribulaciones, sino más bien capacidad de superarlas, por la fuerza de Aquel que llama. El profeta Oseas (I lectura) invita a esforzarse para conocer al Señor (v. 3), pero no basta cualquier conocimiento ritual o cultual de Dios: se trata, por el contrario, de descubrir que para Él el amor y la misericordia valen más que los ritos y los holocaustos (v. 6). El patriarca Abrahán obedeció a la llamada de Dios (II lectura): salió de su tierra, acogió la promesa de la alianza, estaba dispuesto incluso a sacrificar, por obediencia, al hijo de la promesa. “Creyó, contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchas naciones” (v. 18). El misionero llega a ser padre de nuevos pueblos tan sólo si confía totalmente en Dios, como lo hizo Abrahán, dejándose conducir por los caminos sorprendentes del Dios de la Vida.

 

También el publicano Mateo (Evangelio) puso su total confianza en Jesús que lo llamaba: «Sígueme. Él se levantó y lo siguió» (v. 9). Todo está dicho en este medio versículo autobiográfico. Es algo sorprendente para Leví-Mateo, que está sentado al mostrador de los impuestos: él ha experimentado y gustado la misericordia de Jesús y se convierte en apóstol y misionero de ella. En seguida prepara la fiesta con sus muchos colegas “publicanos y pecadores” (v. 10), con los que ese nuevo Rabí se encuentra a gusto, incluso no duda en sentarse a la mesa con ellos, dejando de lado las impurezas legales. Los fariseos, que se creían justos (la gente bien), critican esos gestos y no entienden la clave de lectura que Jesús ofrece con tres explicaciones: la primera se resume en un dicho popular sobre la necesidad que los enfermos tienen del médico (v. 12); la segunda retoma el texto de Oseas (I lectura), en el que Dios proclama su preferencia por la misericordia por encima de las prácticas rituales; la tercera manifiesta la conciencia que Jesús tiene de su misión: ha venido justamente para estar con los pecadores, para salvarlos (v. 13). Jesús no se limita a escoger gente humilde, pobre y de poca relevancia; ¡escoge incluso a personas consideradas como negativas! Realmente, “la misericordia de Dios desciende siempre más abajo de la miseria humana” (Gustave Thibon).

 

En el Corazón traspasado del Buen Pastor en la cruz, que dio su vida para salvar a todos, la Iglesia contempla la plena manifestación de la misericordia de Dios, para anunciarla a los pueblos. Este misterio se hace presente  –verdadera y realmente-  en el sacrificio eucarístico, como manantial de la misión. El culto al Sagrado Corazón (que se celebra de manera especial en el mes de junio) nos lleva nuevamente a la contemplación y a la misión. “Especialmente en la Misa, entramos en contacto con el Corazón misericordioso de Jesús, con esa corriente de misericordia que nos viene de Él y que nos hace capaces de ejercer nosotros también la misericordia… Vamos a la Misa no sólo para disfrutar de la misericordia de Dios para con nosotros mismos, sino también para ser capaces de propagarla a los demás, para ser capaces de salir al encuentro de las personas necesitadas, despreciadas y excluidas” (A. Vanhoye).

 

El misionero afronta el mundo con la certeza y la confianza ilimitada de que para Dios no existen personas irrecuperables, ni situaciones perdidas o desesperadas: con cualquier persona y en cualquier situación Dios es capaz de llevar a cabo su obra salvadora. El caso de Mateo es iluminador. La misericordia de Dios no se detiene ante barrera alguna; alcanza y salva a cada persona en cualquier situación en la que se encuentre. Para conseguir esta certeza, el misionero  –y cada cristiano-  se pone a la escuela de Dios: aprende de Él lo que significa la misericordia, experimenta en su propia vida la profundidad y la dulzura de su amor y se convierte en testigo de Él, usa la misericordia con todos y razona siempre en términos de acogida, inclusión y comprensión, anuncia por doquier que la misericordia de Dios es para todos. (*)  Solamente así el misionero es portador de un mensaje que tiene en la misericordia su mejor carta de presentación, la única buena noticia que le interesa a la gente.

 

 

Palabra  del Papa
(*)  “La Iglesia profesa de manera particular la misericordia de Dios y la venera dirigiéndose al Corazón de Cristo. En efecto, precisamente el acercarnos a Cristo en el misterio de su Corazón, nos permite detenernos en este punto... de la revelación del amor misericordioso del Padre, que ha constituido el núcleo central de la misión mesiánica del Hijo del Hombre. La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia  -el atributo más estupendo del Creador y del Redentor-  y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora”.

Juan Pablo II

Encíclica Dives in Misericordia (1980), n. 13

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 8/6: B. Santiago Berthieu (1838-1896), sacerdote jesuita francés, misionero durante más de 20 años en Madagascar; murió mártir en Ambiatibé.

- 8/6: B. María Teresa Chiramel Mankidiyan (1876-1926), religiosa carmelitana de Kerala (India), fundadora de las Religiosas de la Sagrada Familia, que se dedican a jóvenes y a necesitados.

- 9/6: B. José de Anchieta (1534-1597), sacerdote jesuita, nacido en las islas Canarias, misionero y apóstol de Brasil, fundador de la ciudad de Sâo Paulo.

- 11/6: S. Bernabé, apóstol, fue entre los primeros fieles de Jerusalén, misionero en Antioquía, evangelizador de Chipre, amigo y colaborador de S. Pablo.

- 11/6: B. Ignacio Maloyan (1869-1915), obispo de Mardine de los Armenios y mártir, torturado y matado por los turcos al comienzo del holocausto armenio.

- 12/6: S. Gaspar Bertoni (Verona, 1777-1853), fundador de los Estigmatinos, “misioneros apostólicos”.

- 12/6: B. Merced María de Jesús Molina (1828-1883), religiosa ecuatoriana, misionera entre los indígenas ‘jíbaros’, fundadora, murió en Riobamba (Ecuador).

- 12/6: Jornada Mundial contra el Trabajo de los Menores, instituida por la ONU (2002).

- 13/6: S. Antonio de Padua (1195-1231), sacerdote franciscano portugués, eficaz evangelizador en Francia e Italia; es doctor de la Iglesia.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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