PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


De la compasión a la Misión

XI Domingo del T.O.
Año “A” – Domingo 15.6.2008


Éxodo  19,2-6
Salmo  99
Romanos  5,6-11
Mateo  9,36–10,8

Reflexiones
La docena de versículos del Evangelio de hoy ofrece un cuadro global de la misión de Jesús y de los discípulos: están presentes todos los elementos de la misión de la Iglesia, según los contenidos y el estilo de Jesús. El cuadro resulta más completo si se incluye el versículo anterior (Mt 9,35), que presenta a Jesús misionero itinerante: “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia”. Jesús es el ideal, el proyecto primigenio de todo misionero: cercano a la gente, itinerante, maestro, predicador, sanador, compasivo, totalmente volcado hacia Dios, del cual anuncia el Reino, y apasionado por el bien de la gente, sobre todo de los que sufren.

 

Nunca Jesús pasa al lado del dolor humano sin experimentar un íntimo sufrimiento por ello y sin aportar un remedio, una solución. Las gentes “estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor” y Él “se compadecía de ellas” (v. 36). Su compasión es mucho más que un sentimiento. La traducción exacta sería: ‘sintió una total conmoción visceral. En efecto, el verbo griego subyacente (splanknízomai-esplanknisthe), que se emplea doce veces en los Evangelios, expresa la profunda conmoción de Dios y de Cristo por el hombre. La conmoción de las vísceras (splankna) hace referencia a la conmoción de la madre en el momento del parto. Por tanto, esta palabra del Evangelio (v. 36) nos permite vislumbrar el rostro materno de Dios. La misión de Jesús  -y, por ende, la misión de la Iglesia-  ahonda sus raíces en la ternura y compasión de Dios por la humanidad: “por la entrañable misericordia de nuestro Dios...” (Lc 1,78). De este amor misericordioso y misionero, el Corazón de Cristo es un signo patente y un instrumento eficaz, como lo enseña el Papa Benedicto XVI. (*)

 

El cristiano que mira al mundo como lo hacía Jesús, con los ojos y el corazón llenos de misericordia, descubre que hay inmensas realidades humanas que necesitan la misión, es decir, necesitan ser iluminadas y sanadas por el Evangelio. ¡Para que todos tengan vida en abundancia! (Jn 10,10). Darse cuenta que también hoy, aquí y en el mundo entero, “la mies es mucha y los obreros pocos” (v. 37), es ya un buen comienzo de misión. Jesús nos indica dos respuestas básicas ante las urgencias de la misión: rogar  e  ir. Ante todo, rogar al Dueño de la mies, por la buena calidad y el número de los obreros en la mies (v. 38): rogarle, porque es Él el Señor del Reino. Orar está bien, pero, a la vez, es preciso ir: Jesús llama al primer grupo, a los Doce; los llama a cada uno por su nombre (v. 10,2-4), les da el poder de predicar, curar las enfermedades, expulsar a los demonios y realizar otros signos. Los envía (v. 5) de dos en dos (en pequeños núcleos comunitarios), para realizar una primera misión de ensayo y adiestramiento, limitada en el tiempo y en el espacio (v. 5): de momento, los destinatarios son “las ovejas descarriadas de Israel” (v. 6). Después de su resurrección y con la fuerza del Espíritu, Jesús los enviará definitivamente al mundo entero: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19). A partir de ese momento. la misión será ir siempre más allá, superar metas, en busca de otras mieses y de otras ovejas sin pastor. ¡Dondequiera que estén! ¡Será una misión sin fronteras! ¡Con un amor inmenso!

 

 

El mensaje de la misión hace referencia al Reino de los cielos, que ya está cerca (v. 7); por tanto, es necesario convertirse y creer en el Evangelio (Mc 1,15: cf Canto al Evangelio). El Evangelio, sin embargo, no es un documento o un código: es, ante todo, una Persona, Jesucristo, que nos ha dado gratuitamente su amor, la salvación y la reconciliación (II lectura), hasta morir “por nosotros, siendo nosotros todavía pecadores” (v. 8). De esta manera, descubrimos la grandeza del amor de Dios por su pueblo, como Él ya lo había manifestado en el Antiguo Testamento (I lectura), liberando a los israelitas de la esclavitud de Egipto, llevándolos “sobre alas de águila” (v. 4), haciendo de ellos una “propiedad personal entre todos los pueblos... y una nación santa” (v. 5-6).

 

El misionero que ha hecho la experiencia personal de la grandeza y de la gratuidad del amor de Cristo se siente interiormente llamado a compartirla con gratuidad con aquellos que aún no le conocen o no le aman. El mandato de Jesús de servir al Evangelio con gratuidad, sin servirse de ello, se convierte así en una invitación gozosa a dar con gratuidad (v. 8). Lo había entendido muy bien el apóstol Pablo, el cual, en el momento de hacer un balance de su vida misionera, recordaba justamente esta palabra de Jesús: “¡Hay más alegría en dar que en recibir!” (Hch 20,35). Siempre, la misión nace y se realiza en el amor.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Este mes (junio) está dedicado tradicionalmente al Corazón de Cristo, símbolo de la fe cristiana particularmente apreciado tanto por el pueblo como por los místicos y teólogos, porque expresa de modo sencillo y auténtico la buena nueva del amor, resumiendo en sí el misterio de la Encarnación y de la Redención... Cada uno de nosotros, cuando se queda en silencio, no sólo necesita sentir los latidos de su corazón, sino también, más en profundidad, el pulso de una presencia fiable, perceptible con los sentidos de la fe y, sin embargo, mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo. Por tanto, os invito a cada uno a renovar durante el mes de junio vuestra devoción al Corazón de Cristo”.

Benedicto XVI

Angelus, domingo 1° de junio de 2008

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 15/6: B. Luis María Palazzolo (Bérgamo, Italia, 1827-1886), predicador de misiones populares, fundador de las Hermanas ‘Poverelle’ para la educación, asistencia y misiones.

- 16/6: B. María Teresa Scherer (1825-1888), religiosa suiza, cofundadora de las Religiosas de la Caridad de la Santa Cruz, que tuvieron una rápida difusión.

- 17/6: Jornada Internacional contra la Desertificación y la Sequía, instituida por la ONU (1995).

- 20/6: Jornada Mundial del Refugiado, creada por la ONU (2000).

- 20/6: B. Francisco Pacheco y otros 8 compañeros mártires jesuitas, condenados a la hoguera en Japón (Nagasaki, 1626).

- 21/6: S. Luis Gonzaga (1568-1591), religioso jesuita italiano, fallecido en Roma asistiendo a los afectados por la peste. Es el patrono de la juventud estudiantil.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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