PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


“No tengan miedo”. - Misión es fidelidad
de amor hasta el Martirio

XII Domingo del T.O.
Año “A” – Domingo 22.6.2008

Jeremías  20,10-13
Salmo  68
Romanos  5,12-15
Mateo  10,26-33

 
Reflexiones

En el centro del ‘discurso misionero’ de Jesús (Mt 10; Mc 6; Lc 10), que envía a sus discípulos a anunciar el Reino, está la perspectiva cercana y concreta de la persecución, quizás como un reflejo de la experiencia que las comunidades de fieles ya estaban sufriendo, cuando se escribían los Evangelios. De ahí la insistencia de Mateo (Evangelio) en recordar hasta por tres veces la palabra confortadora del Maestro: ‘No tengan miedo’ (v. 26.28.31). Desde siempre, estas palabras han dado ánimo a los pregoneros del Evangelio y han sostenido la fidelidad de los mártires de todos los tiempos. La superación del miedo y el valor de dar testimonio se basan:

- en el destino universal del mensaje de Jesús: es para todos los pueblos, es un mensaje que es preciso anunciar en pleno día y pregonar desde la azotea (v. 27);

- en el santo temor de Dios: el sentido profundo de su santidad y majestad exige que el primer lugar corresponda siempre y sólo a Aquel que tiene la palabra definitiva para la salvación del alma y del cuerpo (v. 28);

- en la bondad del Padre que cuida con amor cosas tan pequeñas como los pajaritos, y cuenta hasta los cabellos de la cabeza (v. 29-31);

- y en la necesidad de estar unidos y ser fieles a Cristo, por amor, y, en Él, unidos al Padre (v. 32-33).

 

El profeta Jeremías (I lectura) ha experimentado la amargura de la calumnia y el terror de la persecución (v. 10), pero, a la vez, la presencia del Señor a su lado “como fuerte soldado” (v. 11), al que él encomienda su causa (v. 12). Por eso, invita a alabar al Señor “que libró la vida del pobre de manos de los impíos” (v. 13). San Pablo (II lectura) alienta la esperanza de los cristianos de Roma, afirmando que el proyecto salvífico de Dios en favor de todos los hombres supera cualquier condicionamiento impuesto por la historia y por el pecado del hombre: “mucho más, gracias a Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios se han desbordado sobre todos” (v. 15). ¡Gracias al misterio pascual en la muerte y resurrección de Cristo! (*)

 

A  la luz de ese misterio, hay que interpretar las palabras de un profeta de nuestro tiempo, Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), teólogo luterano y mártir del nazismo alemán: “Dios nos ha salvado no en virtud de su potencia, sino en virtud de su impotencia”. Y más todavía: “¡Es el fin! Para mí es el comienzo de la vida”. Es significativo que en tiempos recientes dos Papas  -Juan Pablo II (1978) y Benedicto XVI (2005)-  hayan inaugurado su pontificado con una clara invitación a superar el miedo: “¡No tengan miedo! ¡Abran las puertas a Cristo!” El miedo es hoy uno de los sentimientos más extendidos en nuestro tiempo; algunos hombres políticos lo alimentan hábilmente y hacen de él un uso instrumental en orden a sus proyectos. Lo denuncia también el P. Adolfo Nicolás, prepósito general de los Jesuitas (2008): “El miedo se ha convertido en un instrumento político... Tenemos necesidad de afirmaciones continuas y nuestros miedos ocultos, de hecho, hacen de nosotros personas expuestas a dejarse manipular fácilmente”. El miedo es siempre un pésimo consejero.

 

La superación del miedo y la fidelidad hasta el martirio acompañan a la Iglesia misionera, la cual, en todo tiempo y lugar “debe continuar su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (S. Agustín, De civitate Dei). Hay una continuidad entre los cristianos perseguidos en los primeros siglos y los testimonios de mártires recientes, que son igualmente fieles al  anuncio del Evangelio y a la denuncia profética.

- El arzobispo Oscar A. Romero, poco antes de ser asesinado en 1980 en San Salvador (El Salvador), declaró con firmeza a las fuerzas del orden público: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada vez más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno: en nombre de Dios, cese la represión”.

- En repetidos llamamientos, grupos de religiosos de Irak y de otras naciones de Oriente Medio manifiestan una gran preocupación por el éxodo de numerosos cristianos de sus países por motivos de guerras, discriminaciones y nuevas formas de persecución: “Vivimos en una situación muy peligrosa. No podemos ni siquiera salir para ir a Misa. Sacerdotes y religiosos son perseguidos dentro y fuera de las iglesias. Nos quedamos atrincheradas en casa”. Es el grito de socorro de una comunidad de religiosas, que trabajan en Irak en la enseñanza, acogida de niños y asistencia sanitaria. Un monje caldeo declara: “En los últimos meses, después del atentado a las iglesias cristianas, han emigrado más de 50.000 cristianos iraquíes… a causa de las amenazas recibidas de parte de los fundamentalistas musulmanes. ¿Su culpa? Ser cristianos, es decir, de la misma religión que los soldados occidentales”. Jesús lo había predicho: Los perseguirán también a ustedes… Pero no tengan miedo. ¡Yo he vencido al mundo!

 


Palabra del Papa

(*)  “En la luz de Cristo resucitado cobra un valor particular la oración y el ayuno por los misioneros mártires. Recordar y orar por estos hermanos y hermanas nuestros  —obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos—  caídos mientras prestaban su servicio misionero, es un deber de gratitud de toda la Iglesia y un estímulo para cada uno de nosotros a testimoniar de modo cada vez más valiente nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que en la cruz venció para siempre el poder del odio y de la violencia con la omnipotencia de su amor”.

Benedicto XVI
Regina Caeli, Castel Gandolfo, 24 de marzo de 2008

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 22/6: S. Paulino de Nola (353-431), obispo y poeta latino, nacido en Francia, evangelizó sobre todo la Campania (Italia).

- 22/6: SS. Juan Fisher, obispo de Rochester, y Tomás Moro, magistrado: intrépidos defensores de la fe católica en contra de las pretensiones de Enrique VIII, martirizados en Londres (+1535). Alrededor de esta fecha, se hace memoria de otros numerosos mártires de Inglaterra, asesinados en épocas y lugares diferentes.

- 24/6: Natividad de S. Juan Bautista, Precursor del Mesías: anunció su venida pública y preparó su camino, dando testimonio de él hasta el martirio. Es modelo de los misioneros.

- 24/6: B. María Guadalupe García Zavala (1878-1963), de Guadalajara (México), fundadora, entregada al servicio de los pobres y enfermos.

- 25/6: Memoria del Siervo de Dios Mons. Melchior de Marion Brésillac (1813-1859), francés, que fundó en Lyon la Sociedad para las Misiones Africanas (SMA).

- 26/6: S. Vigilio (+405), tercer obispo de Trento (Italia), evangelizador de la región con la ayuda de tres misioneros procedentes de Capadocia (actual Turquía); murió mártir en el Valle Rendena.

- 26/6: S. Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), sacerdote español, fundador del Opus Dei, para promover el ideal de la santificación en la vida ordinaria y en el trabajo.

- 26/6: Jornada Mundial para el Apoyo a las Víctimas de la Tortura (ONU, 1987).

- 28/6: S. Ireneo (135-202 ca.), nacido en Esmirna (Asia Menor), discípulo de S. Policarpo, fue obispo de Lyon, gran evangelizador de la Galia y Padre de la Iglesia.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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