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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

El escándalo vencedor del Profeta

XIV Domingo  del Tiempo Ordinario

Año B – 05.7.2009

 

Ezequiel  2,2-5

Salmo  122

2Corintios  12,7-10

Marcos  6,1-6

 

Reflexiones

“Yo te envío a un pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí… son testarudos y obstinados…” (Ez 2,3-5). Con un lenguaje, que hoy no se dudaría en tildar de ‘políticamente no correcto’, el Señor ha enviado al joven Ezequiel (I lectura) como profeta entre los Israelitas (VI s. a. C.) deportados y esclavos en Babilonia. El lenguaje duro indica la difícil misión de ser profeta. Era difícil entonces; lo ha sido para Jesús (Evangelio) y para Pablo (II lectura). Ser profeta de Dios, portador del Evangelio de Jesús, ha sido siempre una misión ardua en toda época y latitud. Sin necesidad de buscar laureles de heroísmo, la historia ofrece abundantes pruebas de tales dificultades. Las tres lecturas de este domingo invitan a reflexionar sobre el ‘escándalo del profeta’ y nos presentan su vocación y misión.

 

El profeta auténtico no es nunca un auto-candidato, sino un llamado por Dios, que lo envía. A menudo la llamada de Dios se realiza por etapas, que ayudan a comprender el sentido y el alcance de una vocación. Así le ha ocurrido a Abraham, a Moisés, al mismo Jesús, a los Doce apóstoles, a Pablo y a muchos otros. Para Ezequiel la llamada se realiza en tres momentos: en primer lugar, la visión del “carro de Yahvéh” en medio de un escenario rico de imágenes difíciles de comprender (Ez 1). Sigue la llamada propriamente dicha, expresada en términos directos (I lectura): Dios interviene y entra en el profeta (v. 2), lo pone en pie y éste escucha la voz de Dios que lo envía (v. 3.4) a esos “testarudos y obstinados” (v. 4). Pero el profeta  -es el tercer momento de la vocación-  no debe tener miedo, no debe dejarse impresionar por esas caras rebeldes, que son como cardos, espinas, escorpiones… (v. 6-7). Èl se presenta ante ellos fuerte de la Palabra que ha comido: el rollo de la Palabra se vuelve en su boca dulce como la miel. El profeta tendrá “cara dura”: no dirá palabras suyas, sino tan sólo las que escuchará del Señor y que acogerá en su corazón. De esta manera, él será sentinela fiel y valiente en transmitir los mensajes de Dios. Le hagan caso o no le hagan caso... (Ez 3).

 

Pablo es un modelo de profeta, escogido por el Señor para una misión de primer anuncio del Evangelio a los paganos. Una misión que él ha cumplido con determinación, generosidad, amplitud de horizontes geográficos y culturales, entre pruebas de todo tipo, como lo explica en los textos que anteceden el pasaje de hoy (II lectura). Ha sido una misión ardua, pero vivida, al mismo tiempo, en humildad y debilidad, con una espina en la carne (v. 7). Ha rogado con insistencia para verse libre de ese sufrimiento, pero al final ha comprendido que la gracia del Señor estaba con él (v. 8-9). Es más, que la misión es más fuerte y más auténtica cuando se realiza en la debilidad: en los insultos, privaciones, persecuciones, dificultades sufridas por Cristo (v. 10). Porque de esta manera aparece claramente que misión y vocación son obra de Dios y no simples inventos humanos. (*) La experiencia histórica de los misioneros y de las Iglesias fundadas y sostenidas por ellos dan prueba de esta paradoja, sobre la cual solamente el misterio de Cristo echa un poco de luz.

 

Parecería lógico que por lo menos la misión profética del Hijo de Dios en carne humana resultara clara para todos, aceptada sin rechazos ni contestaciones. En cambio, en su misma patria, entre los suyos, Jesús fue incomprendido (Evangelio) y, más tarde, en la ciudad santa de Jerusalem fue eliminado en un complot organizado por sus adversarios religiosos y políticos. En Nazaret la gente, asombrada (v. 2), vacila entre varias interpretaciones: se ponen cinco preguntas sobre la identidad de Jesús (v. 2-3), pasando del asombro al escándalo, a la envidia hasta el rechazo de ese conciudadano, que resulta ser demasiado divino (por sabiduría, prodigios…), pero, al mismo tiempo, demasiado humano (es carpintero, uno de ellos, de una familia conocida…). Extrañado por su falta de fe, Jesús cura sólo algunos enfermos (v. 5).

 

No obstante la cerrazón e incomprensión de esos habitantes, Jesús responde con un doble signo: 1. recorre los pueblos de alrededor, se conmueve viendo a la gente, les enseña muchas cosas (v. 6 y 34); 2. llama a los Doce y los envía de dos en dos entre la gente, dándoles también  “poder sobre los espíritus inmundos” (v. 7). Los Doce, una vez llegado el tiempo de su misión plena por las rutas del mundo, vivirán las mismas experiencias de su Maestro: tendrán reconocimientos y acogidas, pero, más a menudo, incomprensiones y persecuciones, sospechas y y desprecio, junto con enfermedades y defectos personales. Son éstas las vicisitudes comunes a todo misionero, llamado a seguir los pasos de Jesús, el cual lo había predicho: “Si me han perseguido a mí, los persguirán también a ustedes; si han observado mi palabra…” (Jn 15,20). Y siempre con la certeza de Pablo: la fuerza de Cristo y de su plan de salvación “se realiza en la debilidad” (2Cor 12,9). A través de la fragilidad de los instrumentos humanos, aparece más claramente que la fuerza de la misión viene de Dios. Éste es el escándalo del profeta; es el escándalo vencedor de la cruz.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Pablo pertenece a la legión de ‘místicos constructores’, cuya existencia es a la vez contemplativa y activa, abierta a Dios y a los hermanos, para prestar un servicio eficaz al Evangelio.

En esta tensión místico-apostólica me complace destacar la valentía del Apóstol ante el sacrificio al afrontar pruebas terribles, hasta el martirio (cf 2Co 11,16-33), la confianza inquebrantable basada en las palabras de su Señor: «Te basta mi gracia, pues mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza» (2Co 12,9)”.

Benedicto XVI

Homilía en la fiesta de la Presentación del Señor, 2.2.2009

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/7: B. María Teresa Ledóchowska (1863-1922), trabajó por la liberación de los esclavos africanos y fundó las Hermanas Misioneras de San Pedro Claver.

- 6/7: B. Nazaria I. March Mesa (1889-1943), española, emigró a México; misionera en Bolivia y Argentina; fundadora.

- 7/7: B. Pedro To Rot (Papua-Nueva Guinea, 1912-1945), laico catequista, casado, matado por los japoneses, con una inyección letal, a fines de la II Guerra Mundial.

- 7/7: B. María Romero Meneses (1902-1977), salesiana de Nicaragua, dedicada a obras de caridad.

- 9/7: SS. Agustín Zhao Rong (+1815) y numerosos compañeros mártires en China, quienes, en lugares y tiempos diversos (entre  1648 y 1930), han  dado testimonio del Evangelio de Cristo con la palabra y la vida.

- 9/7: S. Paulina (Amabile Wisintainer) del Corazón Agonizante de Jesús (1865-1942), italiana, emigró a Brasil, se dedicó al cuidado de enfermos y pobres, y para ellos fundó una congregación.

- 11/7: S. Benedicto de Norcia (480-547), abad, “Padre y Patrón de Europa”, fundador, patriarca de los monjes en Occidente.

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A cura di: P. Romeo Ballan – Missionari Comboniani (Verona)
Sito Web:   www.euntes.net    “Parola per la Missione”

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