PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

“Éste es el Cordero...”: un anuncio cargado de Misión


Domingo II - Tiempo Ordinario
Año “A”- Domingo 20.1.2008

 

Isaías  49,3.5-6
Salmo  39

1Corintios  1,1-3

Juan  1,29-34

 

Reflexiones
Continúa la epifanía, la manifestación de Jesús. Después de la estrella de los magos y del bautismo en el Jordán, es otra vez Juan el Bautista quien señala con insistencia a Jesús como al Cordero de Dios (Evangelio). Juan ha ido creciendo en su conocimiento de Jesús: antes no lo conocía (v. 31.33), o lo conocía probablemente sólo como su pariente. Ahora lo proclama Cordero de Dios (v. 29), lleno del Espíritu, e incluso el que ha de bautizar con Espíritu Santo (v. 33), Hijo de Dios (v. 34). Juan el Bautista Lo declara presente: “Éste es el Cordero de Dios...”, el que carga sobre sí y, de esta manera, quita el pecado del mundo (v. 29). No se trata aquí de mecanismos jurídicos exteriores, tales como la condonación, el indulto o la amnistía, sino de la inmisión en el corazón de las personas de un dinamismo nuevo, el Espíritu Santo (v. 33), la fuerza del amor, la única energía vencedora sobre todo mal humano. Justamente, porque tan sólo el amor transforma y sana el corazón.

 

El segundo canto del Siervo de Yahvè (I lectura) contiene una prefiguración temática del Bautismo de Jesús. Él es el verdadero ‘talya’ (palabra aramea utilizada por Juan el Bautista para decir cordero y siervo): es el cordero pascual, inmolado, que quita, cargándolos sobre sí mismo, los pecados del mundo entero; el siervo, llamado desde el vientre materno (v. 5), que se convierte en luz de las naciones, con una misión universal de salvación que sobrepasa los límites nacionales para llegar hasta el confín de la tierra (cf v. 6; Lc 2,30-32; Hechos 13,47). El salmo responsorial canta la disponibilidad de Jesús  –y de la Iglesia evangelizadora–  para asumir esta misión sin fronteras: “¡Aquí estoy, Señor…!”.

 

La expresión “Cordero de Dios”, utilizada por el Bautista, está cargada de evocaciones bíblicas y de aplicaciones misioneras. Evoca, ante todo, al cordero pascual, cuya sangre fue signo de salvación del exterminio en la noche del éxodo de Egipto (Éx 12,23); evoca, además, la imagen del Siervo sufriente y silencioso, que cargaba con el pecado de la muchedumbre (cf Is 53,12); y finalmente, la expresión del Bautista remite al sacrificio de Abraham, en el que Isaac se salvó y Dios mismo proveyó el cordero para el holocausto (Gn 22,7-8): no ya el unigénito hijo de Abraham, sino el unigénito Hijo de Dios mismo. Es posible que Juan el Bautista, educado, quizás, en la escuela de los esenios de Qumrán, tuviera esta amplia comprensión de la expresión ‘cordero de Dios”. La tenían también, aunque en medida diferente, muchos píos israelitas, entre los cuales, ciertamente, María, Juan evangelista…

 

El progresivo descubrimiento e identificación con Jesús hacen de Juan el Bautista un modelo para la Iglesia misionera y, en ella, para cada evangelizador y evangelizadora: Juan cree en Jesús, lo reverencia, lo anuncia presente, da testimonio de Él hasta derramar su sangre. La Iglesia sigue señalando a Jesús con las palabras de Juan; lo hace en la Eucaristía-comunión: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado...”, y en el anuncio y servicio propios de la misión. El mensaje misionero de la Iglesia será tanto más eficaz y creíble cuanto más sea  –al igual que en Juan el Bautista-  fruto de libertad, austeridad, valentía, profecía, expresión de una Iglesia servidora del Reino. Sólo así, como para Juan el Bautista, la palabra del misionero estará al origen de nuevos discípulos de Jesús (cf Jn 1,35-37).

 

Esta ha sido también la vocación misionera de Pablo, apóstol enamorado de Jesucristo: lo menciona 4 veces en los 3 versículos de la II lectura. Su amplio saludo a todos los consagrados por Cristo Jesús (bautizados), sintoniza muy bien con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25 de enero), que este año tiene como tema: “Orad constantemente” (1Ts 5,17). El Ecumenismo y la Misión constituyen un binomio vital e irrenunciable para Iglesia de Jesús. (*) Incluso el tiempo litúrgico llamado ordinario, en el cual hemos entrado, es siempre un tiempo fuerte y específico para la misión, ya que ésta es la naturaleza misma de la Iglesia: la misión no está reservada solamente para algunas circunstancias, fiestas o colectas de solidaridad, sino que es coextensiva de la vida de la Iglesia y es capaz de fermentar todas sus actividades. (**)

 

Palabra del Papa
(*)  “La división de los cristianos perjudicaa la causa santísima de la predicación del Evangelio a toda criatura y cierra a muchos las puertas de la fe... Todos los bautizados son llamados a reunirse en una única grey y poder dar así ante las gentes, unánimemente, testimonio de Cristo, su Señor”.

Decreto conciliar Ad Gentes, 6

 

(**)  “Las Iglesias locales han de incluir la animacón misionera como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente los juveniles”.

Juan Pablo II

Encíclica Redemptoris Missio (1990) n. 83

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 18-25/1: Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. La unidad de la Iglesia está orientada a la misión: “que todos sean una misma cosa, para que el mundo crea” (Jn 17,21). – Tema para 2008: “Orad constantemente” (1Ts 5,17).

- 20/1: B. Cipriano Miguel Iwene Tansi (1903-1964), sacerdote diocesano de Onitsha (Nigeria) y después monje trapense, que inició esta forma de vida contemplativa para África.

- 20/1: Recuerdo del P. Alejandro Valignano (1539-1606), misionero en Asia y superior provincial de los Jesuitas en el Extremo Oriente (India, China, Japón...); murió en Macao.

- 22/1: S. Vicente Pallotti (1795-1850), fundador de los Pallottinos/as, promotor de las misiones y del apostolado de los laicos; el Papa Pío XI lo llamó “Precursor de la Acción Católica”.

- 22/1: B. Laura Vicuña, nacida en Chile y fallecida en Argentina a la edad de 13 años (+1904). Ofreció su vida por la conversión de su madre.

- 23/1: S. Ildefonso, obispo de Toledo (607-667), escritor sagrado; dando impulso a la liturgia y a la devoción mariana, dio solidez a la Iglesia en España.

- 23/1: B. Marianne Cope (1838-1918), religiosa franciscana alemana, emigró a Estados Unidos y fue misionera durante algunas décadas entre los leprosos de las islas Hawai y en Molokai.

- 24/1: S. Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia, auténtico pastor de almas, escritor, gran evangelizador y fundador. Es el patrono de los periodistas.

- 25/1: Conversión de San Pablo, apóstol de los paganos. En el camino de Damasco no nació tan sólo un cristiano, sino el mayor misionero de la historia.

- 26/1: SS. Timoteo y Tito, colaboradores de San Pablo, obispos de Éfeso y de Creta, respectivamente.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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