PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Todos “protagonistas y corresponsables de la Misión”



XXX Domingo del T. O.

Año C - 28.10.2007

 

Eclesiástico  35,12-14.16-18

Salmo  33

2Timoteo  4,6-8.16-18

Lucas  18,9-14

 

Reflexiones

En continuidad con la Jornada Misionera Mundial del domingo pasado, vuelve el tema de la oración y de la solidaridad por las Misiones. En efecto, la oración es camino e instrumento básico en la Misión de Jesús. Él, sintiendo compasión por la muchedumbre cansada, agotada, descarriada, sin pastor, invita a rogar al Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies (cf Mt 9,36-38; Lc 10,2). Para Jesús la oración es necesaria, pero no es la única respuesta a los imperativos de la Misión. Es preciso también ir, salir al encuentro de los demás: de hecho, Jesús llama enseguida a los Doce y los envía en Misión (Mt 10,1-5).

 

El cristiano sirve a la Misión orando, saliendo y colaborando con quienes salen. Orando, ante todo (I lectura). La oración insistente del pobre y del oprimido tiene una fuerza particular ante el Señor, el cual, si bien acoge a todos, “escucha las súplicas del oprimido”, del huérfano y de la viuda (v. 13-14). Según su justicia, el Dios de la Biblia restablece la equidad (v. 18) tomando partido por el pobre. Jesús lo confirma con la parábola de los dos orantes en el templo, el fariseo y el publicano, en un díptico exclusivo de Lucas (Evangelio). Tiene su lógica humana el fariseo  -¡supuestamente justo!-,  el cual expone ante Dios sus prácticas morales y cumplimientos ejemplares (v. 11-12), en virtud de lo cual, a su juicio, ‘merece ser premiado’. No espera recibir la salvación como un don, sino como un derecho adquirido con sus buenas obras. En la oración del fariseo no hay apertura a Dios, sino tan sólo una auto-ostentación y, por consiguiente, alejamiento y rechazo de los demás (v. 11-12). El Señor, al contrario, ofrece la salvación al que, con humildad, sabe que no es digno de ella: al publicano, que ciertamente ha pecado, pero implora compasión (v. 13). Al final, tan sólo éste baja a su casa “justificado”, es decir, hecho justo por Dios (v. 14). Al fariseo no se le pide que renuncie a su vida de cumplimientos, sino que abandone la imagen falsa de un dios contable y cajero, condicionado por las obras humanas. El publicano, en cambio, que ha experimentado la misericordia gratuita de Dios, verá florecer en su vida las obras buenas como signo de que el Señor  -¡tan sólo Él!-  lo hace justo.

 

Además de rezar, es necesario salir a la  Misión. También en esto Pablo (II lectura) es modelo del misionero que sale confiando totalmente en el Señor. De no haber sido un fariseo convertido a la lógica de Cristo, Pablo hubiera podio ostentar sus méritos de batalla, victoria y fidelidad (v. 7). En el momento final de su existencia (v. 6), no hace hincapié en sus méritos meritos personales, sino que profesa su adhesión y plena confianza en el Señor Jesús, el cual no abandona a los que desean su venida (v. 8). Pablo atribuye al Señor el éxito de la misión cumplida: tiene clara conciencia de que el Señor le ha ayudado y le ha dado fuerzas para anunciar íntegro el Evangelio a los paganos (v. 17). En el momento de su partida (v. 6), alaba al Señor y se abandona a aquel que lo salvará y lo llevará a su reino del cielo (v. 18).

 

Los misioneros que dejan huellas en la historia (como Pablo, Javier, Comboni, Cabrini, Teresa de Calcuta…) están convencidos de que son  guardianes y pregoneros de un Evangelio que nos llega del corazón de Dios para la vida del mundo. Junto con estos grandes, cabe recordar a otros muchos misioneros y misioneras, que hoy son ancianos y enfermos, tras haber entregado la existencia a anunciar el Evangelio a los pueblos. El Papa Benedicto en su mensaje para el DOMUND ha insistido sobre la urgencia y la prioridad de este servicio a la familia humana: “El compromiso misionero sigue siendo el primer servicio que la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos; para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, en muchas partes del mundo humillado y oprimido a causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación sistemática de derechos humanos”.  (*)

 

Benedicto XVI hace una llamada a todos los fieles, niños y jóvenes, enfermos y ancianos, consagrados y profesionales, para enrolarlos en el servicio misionero: “Para los fieles, no se trata simplemente de colaborar en la actividad de evangelización, sino de sentirse ellos mismos protagonistas y corresponsables de la misión de la Iglesia”. Para propagar el Evangelio, el testimonio personal es más importante y mejor en la escuela de la vida que las palabras; como afirmaba ya el mártir San Ignacio de Antioquía, al comienzo del segundo siglo: “Es mejor ser cristiano sin decirlo, que proclamarlo sin serlo”. Un desafío apremiante para cualquiera. ¡Un desafío irrenunciable de la Misión!

 

Palabra del Papa

(*)  “El anuncio del Evangelio sigue siendo el primer servicio que la Iglesia debe a la humanidad, para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, humillado y oprimido de tantas maneras, y para orientar en sentido cristiano las transformaciones culturales, sociales y éticas que se están produciendo en el mundo... Me complace recordar también que hace 150 años partieron hacia África, precisamente hacia el actual Sudán, cinco sacerdotes y un laico del instituto de don Mazza, de Verona. Entre ellos estaba San Daniel Comboni, futuro obispo de África central y patrono de aquellas poblaciones”.

Benedicto XVI

Mensaje en el Angelus del 7.10.2007

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 28/10: En Lima (Perú) la fiesta del “Señor de los Milagros”, imagen milagrosa del Crucificado realizada por un esclavo africano (ca. 1651), muy venerada por el pueblo.

- 28/10: SS. Apóstoles Simón el Cananeo (zelota) y Judas Tadeo.

- 29/10: Recuerdo del Mensaje “Africae Terrarum”, de Pablo VI a África (1967).

- 30/10: B. Alejo Zaryckyj (1912-1963), sacerdote griego-católico de Ucrania, muerto mártir en un campo de concentración en Dolinka, en Kazajistán.

- 1/11: “Solemnidad de Todos los Santos que con Cristo están en la gloria”, donde continúan ejerciendo el servicio misionero de la intercesión en favor de la humanidad entera.

- 2/11: Día de oración por todos los difuntos.- Jornada de los antepasados.

- 3/11: S. Ermengaudio, obispo de Seu de Urgell, Cataluña (+1035), uno de los evangelizadores españoles en las tierras recuperadas después de las invasiones de los árabes musulmanes.

- 3/11: S. Martín de Porres (1579-1639), mulato que vivió en Lima (Perú), en el Convento de Santo Domingo como hermano coadjutor, portero y enfermero; hombre de oración, austeridad y caridad.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sito Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión ”

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