PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Misión es anunciar a un Dios que ama la vida



XXXI Domingo del T. O.

Año C - 4.11.2007

 

Sabiduría  11,22-12,2

Salmo  144

2Tesalonicenses  1,11-2,2

Lucas  19,1-10

 

Reflexiones

Omnipotencia que crea y misericordia que sana y re-crea: son dos de los títulos divinos que pone de relieve el autor del libro de la Sabiduría (I lectura). El autor es, a la vez, teólogo y poeta: con extrema habilidad y elegante estilo sabe profundizar y hacer accesible el misterio de un Dios creador y padre “que ama la vida” (v. 26). Un Dios ante el cual “el mundo entero es como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero” (v. 22); un Dios que otorga subsistencia, existencia, conservación y vida a cada criatura (v. 25-26). Junto con estos títulos de grandeza y honor, el autor pone en evidencia el rostro de Dios: ama a todos los seres, tiene un corazón tierno, se compadece de todos, usa su inmenso poder para perdonar al que se arrepiente de sus pecados (v. 23-24).

 

Además de ser compasivo y misericordioso, Dios está enamorado de sus criaturas, decidido a protegerlas a todas, porque Él las ha creado. Hoy diríamos que Dios es el primer ecologista, porque es “amigo de la vida” (v. 26). Queda, por tanto definitivamente superada y hasta sin sentido, la idea de un Dios receloso de la felicidad y del poder del hombre, como si fuera su adversario o competidor. Todo lo contrario. Cuanto más feliz es el hombre y consigue más éxitos, Dios estará más orgulloso de su criatura más bella.

 

Confluyen en este pasaje, escrito en un ambiente cultural helenista en la cercanía del Nuevo Testamento (s. I a. C.), las grandes experiencias espirituales vividas por Abrahán, Moisés, Elías, Isaías, Jeremías… que pregustaron la revelación de Dios “clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”, un Dios bueno con todos y tierno, que “sostiene a los que van a caer”. Lo canta muy bien el salmo, con el estribillo adecuado de San Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Verdaderamente, la gloria de Dios encuentra su plenitud en la vida del hombre.

 

Dentro de un emblemático juego de contrastes, volvemos a encontrar la misma plenitud de vida en la historia de Zaqueo (Evangelio), cuya conversión narra Lucas con extraordinaria finura de detalles. La narración es rica de verbos de movimiento: correr, subir y bajar de un árbol, miradas que se cruzan, intercambio de palabras, puertas que se abren para la fiesta, y sobre todo… bolsillos que se abren para devolver y compartir (v. 8). La salvación ha entrado de lleno en la casa de Zaqueo (v. 9), jefe de publicanos y rico (v. 2). Más aún,  ha entrado en su corazón transformado: se ha realizado, en efecto, el encuentro entre su deseo de ver a Jesús (v. 3) y la auto-invitación de Jesús que tiene que (es decir, quiere) alojarse y celebrar una fiesta en casa de un pecador que lo recibe “muy contento” (v. 5-7). No se trata de una conversión intimista, sino total, abierta a los demás, compartida en la fiesta, auténtica, hasta llegar al reparto del dinero. Zaqueo se convierte en un ejemplo en un campo tan importante y problemático.  (*)

 

Fijémonos ahora en el movimiento de los ojos de los  protagonistas. Zaqueo busca estratégicamente un lugar en alto para ver a Jesús que pasa. Al llegar a aquel sitio, Jesús levanta los ojos, ve a Zaqueo sobre el árbol y lo invita a bajar en seguida… “Desde lo alto Zaqueo trataba de ver a Jesús, pero ahora es Jesús el que, desde abajo, lo ve primero. Ante el pecador Jesús levanta siempre la mirada, porque su postura es la del siervo que se ha humillado… Igualmente, cuando se queda solo con la adúltera, Jesús levanta la cabeza hacia ella (Jn 8,10), la mira desde abajo, porque el que ama nunca se la da de juez, se rebaja, escoge el último lugar, se inclina ante la persona amada para lavarle los pies” (F. Armellini).

 

Zaqueo quería ver a Jesús y queda satisfecho; de igual manera los peregrinos griegos que llegan a Jerusalén deseosos de ver a Jesús (Jn 12,21). Se trata de un deseo sagrado, que tiene derecho a ser escuchado. Y Jesús lo satisface siempre, o directamente o por el anuncio-testimonio de alguien que puede decir a otros: hemos visto al Señor y os lo anunciamos (Jn 20,25; Hch 3,6; 1Jn 1,1-4).

 

La Biblia lleva al creyente a descubrir el verdadero rostro de Dios. Los Santos se convierten en sus enamorados y testigos con la vida y la palabra. La misión es anuncio de este Dios “que ama la vida”, creador de cosas hermosas, padre que acoge y sana, salvador que perdona y renueva, amigo que camina con los pecadores y hace causa común con los pobres, los excluidos, los últimos.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “El dinero no es ‘injusto’ en sí mismo, pero más que cualquier otra cosa puede encerrar al hombre en un egoísmo ciego. Se trata, pues, de realizar una especie de ‘conversión’ de los bienes económicos; en vez de usarlos sólo para el propio interés, es preciso pensar también en las necesidades de los pobres... La emergencia del hambre y la emergencia ecológica muestran cada vez con más evidencia que cuando predomina la lógica del lucro aumenta la desproporción entre ricos y pobres y una dañosa explotación del planeta. En cambio, cuando predomina la lógica del compartir y de la solidaridad, es posible corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo y sostenible”.

Benedicto XVI

Mensaje en el Angelus del 23 de septiembre de 2007

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 4/11: S. Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán; hombre de doctrina y caridad, organizó sínodos y seminarios para la formación del clero, promovió la vida cristiana mediante asiduas visitas pastorales.

- 5/11: B. Guido María Conforti (1865-1931), obispo de Parma, animador del espíritu misionero en la comunidad eclesial, fundador de los Misioneros Javerianos.

- 7/11: S. Prosdócimo (s. III), al que se considera fundador de la comunidad cristiana en torno a Padua y su primer obispo.

- 9/11: Dedicación de la Basílica de S. Juan de Letrán, catedral del Papa, en cuanto obispo de Roma: iglesia “madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe (Roma) y del orbe”.

- 9/11: Recuerdo de la caída del “Muro de Berlín” (1989), acontecimiento-símbolo de relaciones nuevas entre los pueblos.

- 10/11: S. León Magno, papa y doctor de la Iglesia (+461), salvó Roma e Italia de las invasiones de los hunos y de los vándalos.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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