PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


El desafío de presidir a la caridad

 
XXXII Domingo del T. O.

Dedicación de la Basílica de Letrán
Año “A” - Domingo 9.11.2008

Ezequiel  47,1-2.8-9.12
Salmo  45
1Corintios  3,9-11.16-17
Juan  2,13-22

 
Reflexiones
Hoy es la fiesta de la Iglesia que vive en el amor: la Iglesia que se alimenta y crece en la caridad, que difunde el amor en el mundo. La motivación histórica de la fiesta de hoy es la consagración de la Basílica de Letrán, en Roma, dedicada al Santísimo Salvador, bajo la doble protección de los santos Juan el Bautista y Juan el Evangelista. Ésta es la iglesia catedral del Papa, en cuanto obispo de Roma, y, por tanto, es anillo de comunión con todas las Iglesias locales y sus pastores en el mundo entero. Lo recuerda también una lápida en la fachada de esta Basílica: “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad (Roma) y del orbe”. La afirmación tiene un alto valor teológico para la Iglesia. Un valor, sin embargo, que se debe interpretar y vivir a la luz de lo que afirmaba, ya en los comienzos del 2° siglo, S. Ignacio de Antioquia, mientras estaba a punto de llegar a Roma para afrontar el martirio entre los dientes de las fieras (+107): la sede de Roma es la primera en cuanto “preside a la caridad”. Una primacía sobre la cual volveremos más adelante.

 

Se nos invita hoy a descubrir y vivir la dimensión misionera de la comunión universal en la caridad. Una comunión que tiene sus raíces en el Bautismo, que nos introduce en la comunidad viva de la Iglesia. Este sacramento está ampliamente simbolizado en el agua abundante que brota del templo (I lectura), capaz de dar vida al Mar Muerto y de sanear el ambiente, sembrando en todas partes vida, árboles, hojas y frutos (v. 8-9.12). Para S. Pablo (II lectura) el único fundamento sobre el cual se construye el templo de Dios es Jesucristo (v. 11). Gracias a Él, el cristiano se convierte, por el Bautismo, en templo de Dios (v. 16-17). Y S. Pedro explica: acercándose a Cristo, “piedra viva… también ustedes, cual piedras vivas, entran en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios, por mediación de Jesucristo” (1P 2,4-5). Son palabras que ilustran las relaciones con Cristo, la vida en la Iglesia y el dinamismo misionero.

 

El gesto audaz  -impensable, si no lo dijeran los Evangelios-  de Jesús con el látigo en la mano (Evangelio) para echar a los mercaderes del templo (v. 15-16), pone de manifiesto con cuánta fuerza Él introduce una manera nueva de dar culto a Dios, que ya no se sustenta en el intercambio de obras y favores, sino sobre la gratuidad del don del Padre, que hemos de acoger y adorar “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23). El lugar nuevo de culto ya no es el edificio material hecho de piedras muertas, sino Aquel que es la “piedra viva”, es decir, el cuerpo crucificado-resucitado de Cristo (v. 19.21-22). Y los cristianos, unidos a Él, cual piedras vivas, dan a Dios su “culto espiritual”, según la exhortación de S. Pablo: ustedes ofrezcan “sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12,1). El templo material, sea espléndido o pobre, no es sino un mero contenedor exterior. Los valores son otros y más altos.

 

Tenemos aquí otra prueba de la novedad del Evangelio, el cual ha de iluminar y, eventualmente, purificar las expresiones religiosas presentes en las culturas de los pueblos. “Por tanto, la actualización de esta fiesta es clara: nosotros, como miembros vivos de nuestra Iglesia local, somos corresponsables para que ésta sea, a su vez, como la Iglesia-madre, generadora de otras Iglesias y comunidades, saliendo de su recinto y de sus confines geográficos para abrirse al mundo entero” (Enzo Lodi).

 

El dinamismo de crecimiento y el estilo de expansión misionera  -a partir de cualquier centro, pequeño o grande-  deben inspirarse en el Maestro que lava los pies de los discípulos (Jn 13,5), porque “no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida” (Mc 10,45). Es la expresión máxima de la caridad (Jn 15,12-13). Éste es el proyecto primigenio de la Iglesia, tanto a nivel local como universal. A este ideal se refiere S. Ignacio de Antioquía, allí donde afirma que la sede de Roma es la primera en cuanto “preside a la caridad”. Se trata de una expresión que no es fácil traducir; pero está claro que Ignacio une genialmente dos valores inseparables: presidencia y caridad, autoridad y amor… Algunos traducen bien así: el obispo de Roma preside al amor de todas las Iglesias; preside a la comunión de la caridad; preside en el caridad… ¡Un imperativo exigente! Sin la caridad la Iglesia, tanto local como universal, sería: una catedral vacía de sentido; una estructura fría, apuntalada por códigos estériles y por jerarcas acartonados; una agencia de propuestas que no interesan a nadie… En cualquier latitud, el amor vivido y anunciado es el único mensaje misionero (*) que calienta el corazón y da sentido a la vida.

 

Palabra del Papa

(*)  “El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo. EL misionero es el «hermano universal»; lleva consigo el espíritu de la Iglesia, su apertura y atención a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los más pequeños y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideología: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusión ni preferencia”.

Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris Missio, 7 de diciembre de 1990, n. 89

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 9/11: Dedicación de la Basílica de Letrán, catedral del Papa, en cuanto obispo de Roma.

- 9/11 (u otras fechas): “Día de Acción de Gracias” a Dios por los frutos de la tierra.

- 9/11: Recuerdo de la caída del “Muro de Berlín” (1989), símbolo de relaciones nuevas entre los pueblos.

- 10/11: S. León Magno, papa y doctor de la Iglesia (+461), salvó Roma e Italia de las invasiones de los Hunos y los Vándalos.

- 11/11: S. Martín de Tours (+397), fundador de monasterios y evangelizador de la Francia rural, con fama de taumaturgo; fue el primer Santo no mártir venerado en la Iglesia latina.

- 11/11: B. Vicente Eugenio Bossilkov (Bulgaria, 1900-1952), religioso pasionista y obispo de Nicópolis, asesinado en la cárcel en Sofia por su firme comunión con la Iglesia de Roma. Dos días más tarde (el 13/11) otros tres sacerdotes agustinos de la Asunción fueron martirizados en la cárcel en Sofia.

- 12/11: S. Josafat Kuncewicz (1580-1623), obispo de Vitebsk y de Polock en Polonia-Bielorusia, protomártir de la unión de los greco-rusos con la Iglesia católica de Roma.

- 15/11: S. Alberto Magno (Colonia, +1280), dominico, obispo, hombre de paz, doctor de la Iglesia y patrono de los estudiosos de las ciencias naturales; supo conjugar ciencias humanas y los estudios teológicos.

- 15/11: S. José Pignatelli (1737-1811), jesuita italiano, que se entregó con santidad de vida y habilidad a la restauración de la ya casi extinta Compañía de Jesús, después de las supresiones y la Revolución Francesa.

- 15/11: B. María de la Pasión de Chappotin de Neuville (1839-1904), religiosa francesa, misionera en India, fundadora de las religiosas Franciscanas Misioneras de María.

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++