PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Esa presencia real y misteriosa: “¡a mí me lo hicieron!”

 
Solemnidad de Cristo Rey - XXXIV Domingo del T. O.
Año “A” - Domingo 23.11.2008

Ezequiel  34,11-12.15-17
Salmo  22
1Corintios  15,20-26.28
Mateo  25,31-46

 
Reflexiones
La fiesta de Cristo Rey, último domingo del año litúrgico, tiene un evidente mensaje de recapitulación, que se proyecta sobre el pasado, el presente y el futuro de la vida humana. En la cual está siempre presente Cristo Salvador, el Emmanuel, (Dios con nosotros): Él ha venido a Belén en carne humana, camina con nosotros en la vida diaria, vendrá en la etapa final como juez. Su presencia está siempre marcada por el amor: es portadora de consuelo en el sufrimiento y es motivo de esperanza en la espera del juicio final. El Evangelio de hoy describe ese último momento con palabras severas (v. 41-46), que, sin embargo, no están en contradicción con el Jesús bueno, “amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7,34), quien se hizo hombre para “buscar lo que estaba perdido” (Lc 19,10). De modo emblemático, inmediatamente después de la escena del juicio, Mateo coloca a Jesús que “va a ser entregado para ser crucificado” (Mt 26,2).

 

Jesús, el Pastor bueno que da su vida por las ovejas (Jn 10), encarna el proyecto de Dios, rey-pastor, del cual Ezequiel (I lectura) pone en evidencia el amor atento por las ovejas: las busca, las cuida, las cuenta, las reúne, las conduce, las apacienta… El salmista canta su seguridad y felicidad, porque el pastor está cerca (Salmo). Para Pablo (II lectura) todo el mal, incluida la muerte, será vencido.

 

Según la literatura bíblica (ver Dn 7) y extrabíblica, las escenas de juicio no se proponen describir lo que ocurrirá, sino enseñar cómo comportarse hoy. Antes que una información sobre el futuro, se nos indica un programa para vivir hoy. A la luz del juicio final, Jesús revela la calidad que han de tener nuestras acciones; nos enseña cómo plantear la vida, cómo elegir el buen camino para no equivocarnos. El único camino es el Suyo: el amor y el servicio a los necesitados. En efecto, “al atardecer de nuestra vida, seremos juzgados sobre el amor” (S. Juan de la Cruz).

 

El amor a los últimos abre las puertas del Reino de Dios: “Vengan, ustedes, los benditos de mi Padre…” (v. 34). Jesús indica el camino para alcanzarlo. Enumera cuatro veces seis obras de amor a personas necesitadas: hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, encarcelados. Ayudar a estas personas es parte del trabajo diario de los misioneros y es tarea de cada cristiano. Y lo es igualmente para los seguidores de todas las religiones. Estas obras de amor son un terreno común de encuentro con todas las personas de buena voluntad. Encontramos una lista de estas obras en Is 58,6-7. Pero ya en el antiguo Egipto (2° milenio a.C.), el Libro de los muertos (cap. 125) ponía en los labios del difunto estas palabras: “Yo he hecho lo que agrada a los dioses. He dado pan al hambriento, he dado agua al sediento, he vestido al que estaba desnudo, he acogido al que estaba de paso”. A estas obras, Jesús aporta una novedad decisiva: Él se identifica con los más débiles y pequeños, hasta decir “a mí me lo hicieron” (v. 40). Los últimos son realmente los destinatarios privilegiados de las opciones del Señor. Por tanto, la opción preferencial por los pobres no es una libre elección alternativa, sino una obligación para la Iglesia, como lo afirmaba enérgicamente Juan Pablo II en el final de su vida. ¡Una opción en la cual está en juego la misma fidelidad de la Iglesia a su Señor. (*)

 

Es fuerte el testimonio misionero del B. Carlos de Foucauld, que vivió intensamente la presencia de Cristo en los pobres entre los cuales quiso vivir, los beduinos del desierto, todos ellos musulmanes. Pocos meses antes de morir escribía: “Creo que no hay otra palabra del Evangelio que me ha impresionado tanto y ha transformado mi vida, como ésta: «Lo que ustedes hacen a uno de estos pequeños, me lo hacen a mí». Si se piensa que tales palabras son de la Verdad increada, palabras de la boca que ha dicho: «Esto es mi Cuerpo… Ésta es mi Sangre», con qué fuerza nos sentimos impulsados a buscar y amar a Jesús en estos pequeños, pecadores, pobres”. Carlos, el hermano universal, supo reconocer la presencia de Cristo tanto en la Eucaristía como en los pobres, incluidos los no cristianos. ¡Fue un verdadero testigo misionero!

 

Palabra del Papa

(*)  “Tenemos que saber descubrir (a Cristo) sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse: «He tenido hambre y ustedes me han dado de comer, he tenido sed... fui forastero... desnudo... enfermo... encarcelado y han venido a verme» (Mt 25,35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia… Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial Suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos”.

Juan Pablo II
Carta apostólica Novo Millennio Ineunte
(6.1.2001), n. 49

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 23/11: S. Columbano, abad (+615), nacido en Irlanda, misionero itinerante en Francia, Suiza e Italia, fundador de numerosos monasterios.

- 23/11: B. Miguel Agustín Pro (1891-1927), jesuita mexicano, martirizado durante la persecución en contra de la Iglesia. Junto con él, cabe recordar a muchos otros mártires de aquel período.

- 24/11: S. Andrés Dung Lac (+1839), sacerdote, y compañeros mártires en Vietnam. Juan Pablo II en 1988 canonizó a 117: obispos, sacerdotes, laicos martirizados en diferentes lugares y tiempos.

- 24/11: BB. Pedro Kassui Kibe (1587-1639), jesuita japonés, y 187 compañeros mártires: 4 eran sacerdotes y todos los demás laicos, incluidos mujeres y niños. Este 3° grupo de mártires japoneses (después de los de 1597 y de 1622) son proclamados Beatos en Nagasaki, hoy, 24.11.2008.

- 26/11: S. Leonardo de Puerto Mauricio (1676-1751), sacerdote franciscano, itinerante, entregado a las misiones populares. Fue el primero en crear el Via Crucis.

- 26/11: B. Santiago Alberione (1884-1971), fundador de la Familia Paulina (una decena de instituciones), para difundir el Evangelio a través de los mass media y para promover las vocaciones.

- 26/11: Recuerdo del Card. Charles Lavigerie (1825-1892), obispo francés de Argel, fundador de los Misioneros de África (Padres Blancos).

- 29/11 (y días cercanos): BB. Eduardo Burden (+1588), Jorge Errington (+1596) y compañeros; S. Cutberto Mayne (+1577), SS. Edmundo Campion (+1581) y compañeros; B. Ricardo Langley (+1586) y muchos otros sacerdotes y laicos martirizados en Inglaterra bajo la reina Isabel I.

- 29/11: BB. Dionisio Berthelot y Redento Rodríguez, religiosos carmelitas, capturados y luego martirizados por musulmanes (+1638) en Aceh (Sumatra, Indonesia).

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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