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Las
Bienaventuranzas: corazón de la Misión

IV
Domingo Tiempo Ordinario
Año “A” – Domingo 3.2.2008
Sofonías
2,3;
3,12-13
Salmo
145
1Corintios
1,26-31
Mateo
5,1-12
Reflexiones
En
la secuencia de epifanías, o progresivas manifestaciones
de Jesús (ver domingos anteriores),
las Bienaventuranzas son el programa
de su misión, la carta magna, una especie de constitución
del
Reino de Dios, valor que hay que buscar antes y por encima de todo (Mt
6,33).
Antes de ser un mensaje ético de comportamientos, las
Bienaventuranzas
son una afirmación teologal de la primacía de Dios,
de sus criterios y
opciones, a menudo contrarios a los caminos y pensamientos humanos. En
realidad, las Bienaventuranzas son una reafirmación del primer
mandamiento: “Yo
soy el Señor tu Dios: no tendrás otro Dios fuera de
mí”. Avidez de riquezas, de
poder, fuerza, soberbia, opresión… son contrarias al programa
escogido por
Jesús. Él ha decidido que su Reino crezca con
personas que optan por la
pobreza, la mansedumbre, la pureza de corazón, el
trabajo por la paz,
la misericordia, la reconciliación, el sufrimiento por el mal y
la injusticia…
Las Bienaventuranzas tienen un fuerte contenido escatológico;
reclaman, por
tanto, la prioridad del anuncio del Dios viviente, la invitación
esencial a fiarse
de Dios. Porque “sólo Dios basta” (S. Teresa de
Ávila).
Jesús
ha vivido las Bienaventuranzas y, tras haberlas vivido, las
ha propuesto. Ellas son su autorretrato, trazan su
perfil
interior de verdadero Dios en carne humana. Antes de ser un programa
predicado
desde la montaña (v. 1), las Bienaventuranzas son su
autobiografía,
revelan su identidad íntima, su estilo, su opciones vitales.
Viendo la vida de
Jesús pobre, manso, puro, misericordioso, sedimento de amor y de
justicia,
comprometido por la paz, perseguido y sufriente… es posible reconstruir
todo el
Sermón de la Montaña, empezando por las Bienaventuranzas.
El
autor de la carta a los Hebreos, en su reflexión bíblica
y teológica, explica
el sentido de las opciones de Cristo: “el cual, en lugar del gozo que
se le
proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y
está sentado a la diestra
del trono de Dios” (Heb 12,2). Por tanto, al discípulo se le
invita a correr
con fortaleza la prueba que se le propone, teniendo “fijos los
ojos en
Jesús, el que inicia y consuma la fe” (ib.). También
Jesús
buscaba su felicidad, al igual que cualquier otro ser viviente.
Y la ha
encontrado optando por las Bienaventuranzas. Éste ha sido su
camino y, por
tanto, debe ser también el nuestro. En el programa de las
Bienaventuranzas,
Jesús habla de sí mismo, pero, al mismo tiempo, habla
también de nosotros, describe el
estilo de nuestra vida de discípulos. Habla de
un cambio radical. Las Bienaventuranzas son, en efecto, un vuelco total
de los
criterios humanos; ¡un desconcertante marchar a contracorriente!
Tomarlas en
serio y vivirlas -así como lo hizo Jesús-
provoca un salto
cualitativo en la vida del mundo: ¡una auténtica
revolución en el amor!
La
exhortación del profeta Sofonías (I lectura) se
dirige a
los humildes de la tierra, para que busquen al Señor, la
justicia y la
moderación (v. 3), porque el Señor presta una
atención especial hacia los
pobres y necesitados (salmo). S. Pablo nos lo confirma,
escribiendo a
los Corintios (II lectura) que Dios ha escogido lo necio del
mundo, la
gente baja, lo despreciable, lo que no cuenta… de
modo que nadie pueda gloriarse en
presencia del Señor (cf v. 27-29). La misma comunidad de Corinto
es un ejemplo
de esto: no hay en ella muchos sabios en lo humano,
ni muchos poderosos o aristócratas (v. 26). Situaciones como
ésta se repiten
muy a menudo en las jóvenes Iglesias misioneras, sobre todo en
el sur del
mundo, donde el anuncio del Evangelio y el crecimiento de las
comunidades
cristianas se llevan a cabo con medios sencillos y frágiles,
casi
siempre en situaciones de minoría, incomprensión,
hostilidad. Y es justamente
en estas situaciones de precariedad humana, tan frecuentes en el mundo
misionero, en donde se manifiesta la fuerza del Evangelio y la eficaz
gratuidad
de las Bienaventuranzas. (*)
Es
conocida la admiración de Gandhi (del cual se cumple en estos
días el
aniversario del asesinato: Delhi, 30.1.1948) y de otros líderes
espirituales no
cristianos, por el mensaje de las Bienaventuranzas proclamadas por
Jesús. El
programa de las Bienaventuranzas exige la conversión
interior de los
evangelizadores, sin la cual no son posibles ni la
misión ad gentes,
ni la actividad pastoral, ni el verdadero ecumenismo.
Palabra
del Papa
(*)
“El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús
instruye a los Doce,
antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la
misión:
pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y
persecuciones, deseo de jusiticia
y de paz, caridad: es decir, les indica precisamente las
Bienaventuranzas,
practicadas en la vida apostólica (cf Mt 5,1-12). Viviendo las Bienaventuranzas experimenta y demuestra
concretamente que
el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La
característica de toda
vida misionera auténtica es la alegría interior, que
viene de la fe. En
un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al
pesimismo,
el anunciador de la buena nueva ha de ser un hombre que ha
encontrado en
Cristo la verdadera esperanza”.
Juan Pablo II
Encíclica
Redemptoris Missio
(1990) n. 91
Siguiendo
los pasos de los Misioneros
-
3/2: Jornada por la Vida.
-
3/2: B. María Elena Stollenwerk (+1900), cofundadora en Steyl
(junto con S. Arnoldo Janssen) de las
Misioneras Siervas del
Espíritu Santo.
- 4/2:
S. Juan de Brito (1647-1693), misionero jesuita
portugués, obró muchas conversiones y murió
mártir en la India.
- 4/2: En
1794 en Haití se aprobó la primera ley que
suprimió la
esclavitud en América Latina/Caribe.
- 6/2:
Miércoles de Ceniza y comienzo de la Cuaresma. Desde
siempre la Iglesia invita a vivir las obras del ayuno,
oración y limosna
también en dimensión misionera.
- 6/2: S.
Pablo Miki, sacerdote jesuita japonés, y 25 compañeros
(jesuitas, franciscanos y laicos), martirizados-crucificados en
Nagasaki
(Japón) el 5.2.1597).
- 6/2: S.
Mateo Correa Magallanes (1866-1927), sacerdote mexicano,
martirizado porque se negó a revelar el secreto de la
confesión.
- 8/2: S.
Josefina Bakhita, religiosa canosiana (Darfur-Sudán
1869-1947 en Schio-Vicenza).
- 9/2: S.
Miguel Febres Cordero (1854-1910), ecuatoriano, de los
Hermanos de
las Escuelas Cristianas.
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A cargo de:
P. Romeo Ballán
– Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio
Web: www.euntes.net
“Palabra para la Misión”
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