PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


“Rema mar adentro”. Para una Misión vasta como el mundo



V Domingo del Tiempo Ordinario

Año C - 04.02.2007

 

Isaías  6,1-8

Salmo  137

1Corintios  15,1-11

Lucas  5,1-11

 

Reflexiones

 “Y dejándolo todo, lo siguieron”. (Evangelio, v. 11). Así, Pedro y sus compañeros. Lo mismo que Isaías, Pablo... y todos los que, a lo largo de los siglos, han acogido la invitación-mandato del mismo Señor a salir para una misión. Múltiples son las vocaciones y misiones, distintas en sus formas, recorridos y circunstancias, pero idénticas en su origen y finalidad. Las tres lecturas de este domingo presentan tres vocaciones típicas: Isaías, Pablo, Pedro, las cuales, aun siendo vocaciones personales y específicas, tienen muchos elementos comunes, entre ellos los cinco siguientes.

 

- 1. La iniciativa de Dios es el punto de partida de cualquier vocación-misión. Él es el que llama y envía. Isaías, en medio de una extraordinaria manifestación divina (I lectura), escucha la llamada de Dios que busca a alguien para enviarlo (v. 8). A Pablo se le aparece el mismo Cristo resucitado (II lectura) y le revela lo que debe anunciar (v. 3.8). Lucas describe detalladamente cómo Jesús predica desde la barca de Pedro (Evangelio), y luego cómo lo invita a remar mar adentro, a echar las redes, cómo hace de él un pescador de hombres (v. 4.10).

- 2. En la aventura divina de la vocación-misión algo fundamental es la experiencia de Dios, percibido como grande y santo, en contraste con la pobreza e indignidad del apóstol. No se trata de tener visiones, sino experiencias interiores, que son diferentes para cada uno, pero necesarias para todos. Ante Aquel que es Tres-veces-santo, Isaías se siente perdido, hombre de labios impuros, luego purificado (v. 3.5.7). Por su parte, Pablo se declara último, indigno y perseguidor (v. 8-9). Y Pedro, asombrado por la pesca milagrosa, se reconoce pecador, se arroja a los pies de Jesús y le ruega que se aparte de él (v. 8). Sin embargo, Dios ha optado por servirse de instrumentos frágiles para realizar su salvación: los purifica y los habilita para que sean operadores de la misma.

- 3.El Señor llama para confiar una misión. Puede ocurrir que al comienzo la tarea no sea clara; se hará concreta más adelante. Lo que importa es una disponibilidad inicial sin condiciones, una ‘firma en blanco’, como en el caso de Isaías. Para Pablo la tarea consiste en anunciar el Evangelio: Cristo muerto y resucitado (v. 3-4.11). Pedro y los otros están llamados a remar mar adentro, a ser pescadores de hombres en un mundo vasto y complejo (v. 4.10).

- 4. La respuesta es el seguimiento: una respuesta que cambia la vida del apóstol. “Aquí estoy, mándame”, contesta Isaías (v. 8). Pablo está contento con ser lo que es, de haber trabajado y predicado (v. 10-11). Pedro y sus compañeros dejan las barcas y siguen al nuevo Rabí (v. 11).

- 5. La fuerza de la misión viene de Dios, no del apóstol. El fuego purificador ha quemado todas las resistencias e Isaías se anima a ir, enviado por el Señor (v. 8). Pablo reconoce que está actuando “por la gracia de Dios”. A Pedro ya no le importa exponerse al riesgo de otra pesca infructuosa, e incluso a lo ridículo de pescar en pleno día. Se fía de Cristo: “por tu palabra...” (v. 5). Yendo en contra de toda lógica humana, está dispuesto a pescar a medio día.

 

El duc in altum (rema mar adentro, v. 4) es el mandato audaz de Jesús a Pedro: sumergirse en el vasto mar del mundo, afrontar el poder del mal y sus fuerzas mortíferas. Se trata de encontrar a las personas allí donde estén, llevándoles un mensaje de salvación, devolverlos a la vida, así como ya lo explicaba S. Ambrosio: “Los instrumentos de la pesca apostólica son las redes; en efecto, no causan la muerte del que queda atrapado, sino que lo guardan en vida, lo sacan de los abismos a la luz y desde lo profundo llevan a la superficie al que estaba sumergido”. El proyecto global de Dios es para la vida, para fortalecer, acrecentar la vida. ¡La vida en abundancia!

 

La acción del duc in altum (gr. ‘eis to bathos’) indica la castidad, la dispersión por los caminos del mundo, pero sobretodo la profundidad a la que está llamada la misión. Jesús no confía a Pedro y a sus amigos una tarea sencilla, de superficie, sino de alta mar. Se señala aquí la obra de la evangelización en su complejidad, que abarca metas vitales, como: anuncio de Cristo, inicio de la comunidad, inculturación, promoción humana, etc. Una misión exigente, abierta a cada pueblo y cultura.

 

El “duc in altum” es un estímulo para empresas valientes. Partiendo del duc in altum Juan Pablo II presentó el programa misionero de la Iglesia para el Tercer Milenio. Un programa que es preciso realizar “aguzando la vista” y con un “gran corazón”.  (*)  En torno al duc in altum, también los obispos de la República Democrática de Congo han tejido recientemente un denso mensaje para su país, que, en el corazón de África, acaba de reiniciar (6 de diciembre de 2006) un nuevo camino democrático con la instalación del neo-elegido Presidente de la República. A los que han objetado que la lista de cosas por hacer es demasiado larga, el presidente de la Conferencia Episcopal ha contestado que “si se quiere llegar lejos, es preciso mirar muy alto. La mediocridad no lleva muy lejos”.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos... Ahora el Cristo contemplado y amado nos invita una vez más a ponernos en camino: «Vayan pues y hagan discípulos a

todas las gentes, bautizándolas...» (Mt 28,19).El mandato misionero nos introduce en el tercer milenio”.

Juan Pablo II

Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (6.1.2001), N. 58

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 4/2: S. Juan de Brito (1647-1693), misionero jesuita portugués, realizó muchas conversiones y murió mártir en la India.

- 4/2: En 1794 en Haití se aprobó la primera ley que suprimía la esclavitud en América Latina/Caribe.

- 4/2: Jornada por la Vida. Tema para 2007: “Amar y desear la vida”.

- 6/2: S. Pablo Miki, sacerdote jesuita japonés y 25 compañeros (jesuitas, franciscanos y laicos), martirizados-crucificados en Nagasaki (Japón) el 5.2.1597).

- 6/2: S. Mateo Correa Magallanes (1866-1927), sacerdote mexicano, martirizado porque se negó a revelar el secreto de la confesión.

- 8/2: S. Josefina Bakhita (Darfur-Sudán 1869 - 1947 Schio, Vicenza) religiosa canosiana.

- 9/2: S. Miguel Febres Cordero (1854-1910), ecuatoriano, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

- 10/2: B. Luis Stepinac (1898-1960), arzobispo de Zagreb (Croacia), defensor de la fe, de la libertad religiosa y de la dignidad humana, bajo el régimen comunista de Yugoslavia.

- 10/2: Aniversario de la muerte (1939) del Papa Pío XI, que dio un gran impulso a la actividad misionera, con numerosas iniciativas e importantes documentos.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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