PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Las Bienaventuranzas: retrato del Misionero



VI Domingo del Tiempo Ordinario

Año C - 11.02.2007

 

Jeremías  17,5-8

Salmo  1

1Corintios  15,12.16-20

Lucas  6,17.20-26

 

Reflexiones

Acertar o equivocarse, vencer o perder, lograrlo o ser derrotados, conformarse o ir a contracorriente, acabar con un ‘bendito’ o con un ‘maldito’... La lista de alternativas opuestas podría continuar. Jesús añade su alternativa en el sermón programático de las Bienaventuranzas (Evangelio): “Dichosos... ay de ustedes...” (v. 20.24). El estilo literario empleado por Jesús es parecido al de Jeremías (I lectura). Enseñar con imágenes contrastantes, paralelas y repetitivas, era una praxis común entre los maestros de esa época, al fin de facilitar el aprendizaje para pueblos de cultura oral. Es un método didáctico que los misioneros encuentran hasta nuestros días entre numerosos grupos humanos.

 

Además del estilo literario, es importante captar el mensaje. La puesta en juego entre las dos alternativas expresadas por Jeremías y por Jesús es la vida, la salvación, la misma salvación eterna. Ser como un cardo en la estepa (es decir, vivir en un desierto sin frutos y sin vida), o bien ser como un árbol plantado junto al agua (no siente el estío y no deja de dar fruto) son el resultado de dos opciones de vida. Opciones que el profeta clasifica con un juicio contundente: maldito... o bendito... La razón moral de tanta severidad, para Jeremías reside en la elección de confiar en el hombre (v. 5), o de confiar en el Señor (v. 7). ‘Confiar’ es el verbo de la fe: o sea, fijar el punto de solidez de la casa, poner el fundamento del edificio sobre la roca. El salmo responsorial retoma el tema con abundantes imágenes tomadas de la vida agrícola y de las costumbres sociales.

 

Jesús propone un programa idéntico (Evangelio): organizar la vida, teniendo como punto de referencia global a Dios, a fin de que el resultado final merezca un ‘dichosos ustedes...’, y no un ‘ay de ustedes...’ Optar por Jesús significa descubrir motivos de gozo aun dentro de realidades que normalmente se consideran como negativas, perdedoras, según las opiniones de la mayoría: la pobreza, el hambre, el llanto, los insultos  y repulsas... ¡Alégrense! (v. 20-23). El paralelismo continúa con las imágenes opuestas, ritmadas por el ‘¡ay de ustedes’ (v. 24-26). Antes que de una amenaza o castigo, se trata de un lamento de Jesús, una profunda tristeza por la situación de los que persiguen planes mundanos de opulencia, satisfacciones egoístas, atropellos, prestigio, honores... ¡Lo siento por ustedes!

 

Solamente el que se fía completamente de Dios logra vivir la gratuidad, compartir sin acumular, alegrarse con pocas cosas, encontrar ‘perfecta alegría’ aun recibiendo insultos, rechazos y persecución. El gozo espiritual de las bienaventuranzas no tiene nada que ver con satisfacciones masoquistas. Sin embargo, no elimina el sufrimiento propio de las situaciones difíciles, pero sabe leer en ellas un mensaje superior, una sabiduría nueva, un camino de salvación, una misteriosa fecundidad pascual. Un signo auténtico de la humanidad renovada (oración). Aunque no de fácil e inmediata comprensión.

 

Las Bienaventuranzas son un autorretrato de Jesús: pobre, sufriente, perseguido... Ha escogido el camino de la pasión, muerte y resurrección para dar la vida al mundo (II lectura). El programa que Jesús confía a los apóstoles  -y a los misioneros de todos los tiempos-  no puede ser distinto: el misionero es el hombre/mujer de las Bienaventuranzas, como los ha definido Juan Pablo II.  (*)  En particular, en las Bienaventuranzas de la persecución y de la pobreza, vivida en el compartir. Lo confirman las decenas de misioneros que cada año caen víctimas de la violencia. En 2006 han sido 24, un número bajo en comparación con el promedio anual de la última década (32 al año). A su testimonio hay que asociar el de otros testigos (periodistas, agentes del orden público, voluntarios...) caídos en acto de servicio. En el origen de tales asesinatos están a menudo bandidos y asaltantes; otras veces son evidentes las motivaciones religiosas y sociales.

 

Entre los misioneros asesinados en 2006, destaca el testimonio del P. Andrés Santoro (60 años), sacerdote de la diócesis de Roma, matado el 5 de febrero en Trabzon (Turquía), mientras estaba orando en la iglesia. Había fundado tres años antes la “Ventana para Medio Oriente”, una asociación para el estudio, la oración y el diálogo, para que el mundo occidental y Medio Oriente se encuentren. El P. Elías Koma (59 años), sacerdote jesuita de Burundi, activo y apreciado en la pastoral y en la dirección de ejercicios espirituales, fue asesinado, al parecer, para eliminar un posible testigo ocasional de un delito cometido en contra de otros. Sor María Yermine Yamlean (33 años), religiosa de Indonesia, muy activa en la pastoral y en el Movimiento Carismático, fue asesinada por un intruso en su convento. Johnny Morales (34 años), laico, cooperador salesiano de Guatemala, cayó víctima de una emboscada, al parecer por motivos vinculados con su integridad moral, habiendo rehusado cumplir actos ilícitos. ¡Dichosos los honrados!

 

 

Palabra del Papa

(*)  “El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (Mt 5,1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido”.

Juan Pablo II

Encíclica  Redemptoris Missio (1990), n. 91

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 11/2: Virgen de Lourdes (apariciones en 1858). - XV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra de manera oficial en 2007 en Seúl (Corea), con una atención particular a los enfermos ‘incurables’.

- 12/2: S. Saturnino, sacerdote, y 48 compañeros mártires (+304), laicos norteafricanos en Abitine (Cartago), quienes declararon ante el procónsul romano: “Sin el domingo no podemos vivir”.

- 14/2: Ss. Cirilo, monje (+Roma 869), y Metodio, obispo (+885), hermanos, nacidos en Tesalónica; fueron grandes evangelizadores de los pueblos eslavos y danubianos. Son co-patronos de Europa.

- 15/2: S. Claudio La Colombière (1641-1682), sacerdote jesuita francés, promotor de la devoción al Corazón de Jesús.

- 15/2: Memoria del P. José de Acosta (+1600), misionero jesuita español en el Perú , estudioso y defensor de la cultura indígena; tuvo un papel importante en el III Concilio Limense (1582-1583).

- 16/2: B. José Allamano (1851-1926), sacerdote italiano, fundador de los Institutos de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata (Santuario de Turín).

- 17/2:  Los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María (Florencia, s. XIII), mendicantes y misioneros.

- 17/2: S. Pedro Yu Chong-nyul, padre de familia, asesinado en Pyeongyang (+1866), porque fue sorprendido en la casa del catequista leyendo el Evangelio de noche. Es uno de los 103 Santos Mártires coreanos (memoria el 20/9).

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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