PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


La novedad cristiana -¡y misionera!- del
perdón al enemigo




VII Domingo del Tiempo Ordinario

Año C - 18.02.2007

 

1Samuel  26,2.7-9.12-13.22-23

Salmo  102

1Corintios  15,45-49

Lucas  6,27-38

 

Reflexiones

¡Un mensaje inaudito, sobrecogedor, más allá de toda lógica! Sin embargo, Jesús nos lo propone  -es más, ¡lo ordena!-  hoy (Evangelio): “Amen a sus enemigos... hagan el bien... bendigan... oren por los que los injurian” (v. 27-28). La orden es única  -amar y perdonar al enemigo-  y Jesús la subraya con cuatro verbos sinónimos. Estas órdenes de Jesús en su discurso inaugural no nacen de teorías, son elementos autobiográficos, momentos de su vida: Él ha experimentado el amor y el perdón al enemigo. Por eso nos ha dato ante todo el ejemplo, además de la invitación a imitarlo. Nos basta pensar en Jesús que en la cruz ruega al Padre por quienes lo están crucificando: “Padre, perdónales...” (Lc 23,34). Jesús sigue revelando su autorretrato. Había empezado en el discurso programático de las Bienaventuranzas (Evangelio del domingo pasado), hablando de sí mismo: pobre, perseguido... Hoy Él desarrolla el mismo tema, evidenciándonos hasta qué punto ha amado  -y hay que amar-  a los enemigos.

 

¿Un mensaje imposible de realizar? Por supuesto, si no existiera el ejemplo de Cristo y el testimonio de cristianos  -más numerosos de lo que se sabe-  que han sido capaces de perdonar y de responder al mal con el bien. Nos encontramos ante una novedad cualitativa del Evangelio, que supera los contenidos de las otras religiones. En efecto, el amor al enemigo y el perdón no se hallan en las culturas de los pueblos; son auténticas novedades misioneras del Evangelio. El gesto de David que perdona la vida del rey Saúl (I lectura) es ciertamente magnánimo, pero se limita a no hacer mal al enemigo. Jesús nos invita a ir más allá: amen... hagan el bien a los que los odian (v. 27). Hay que subrayar la razón que mueve a David a cumplir su gesto de clemencia: respetar al “ungido del Señor” (v. 9.23). Toda persona es imagen de Dios, aunque afeada. Por tanto, ¡hay que respetarla!

 

El mensaje de Jesús sobre el amor y el perdón al enemigo revela el rostro auténtico de Dios: “Sean misericordiosos (compasivos), como su Padre es misericordioso” (v. 36). Hay que leer estas palabras paralelamente a las de Mateo: “Sean perfectos, como el Padre...” (Mt 5,48). Pero con una diferencia y una novedad importantes: Mateo se dirige a un público judeo-cristiano con experiencia de la ley y de su cumplimiento ‘perfecto’. Lucas, en cambio, habla a personas procedentes del mundo pagano y escoge el término ‘misericordia’ para designar el rostro de Dios: Padre “rico en misericordia” (Ef 2,4).

 

Jesús ha optado por un rechazo total, enérgico, a la violencia. ¡De todo tipo! Venga de donde viniere. Él enseña a resolver los conflictos con métodos pacíficos, no-violentos: los métodos de Dios, amante de la vida y de la paz. Jesús no nos ordena sentir ‘simpatía’ por el que nos hace mal, ni tampoco ‘olvidar’: dos actitudes que psicológicamente no dependen de nuestra voluntad. Su mensaje va más allá. Recomienda el diálogo en diferentes instancias y no excluye tampoco legítimas sanciones (Mt 18,15-17). Indica sobre todo caminos nuevos, tales como el perdón y la oración: “oren por los que los injurian” (v. 28-30).

 

Con la oración el hombre entra en el mundo de Dios, sintoniza con la manera de pensar y de actuar de Dios; comprende que el Padre misericordioso no rechaza nunca a nadie y perdona a todos, siempre. “Perdonar” quiere decir donar más, dar en exceso: algo propio de Dios y del que vive como Él. El hombre aprende de Dios a perdonar y recibe de Él la fuerza para hacerlo. Amar y perdonar al enemigo serían valores inviables, si estuviéramos abandonados a nosotros mismos. Nos hace falta un suplemento de energía, que sólo Dios nos puede dar. Perdonar es un don que purifica el corazón y libera de la agresividad; perdonar es una gracia que Dios otorga al que se la pide; perdonar es posible para el que primero ha hecho la experiencia del amor gratuito y universal de Dios. (*)  Da prueba de ello la vida de muchos personajes ligados a la historia misionera.

 

- Empezando por el primer mártir de la Iglesia: el diácono San Esteban, en Jerusalén, aun bajo una granizada de piedras, oraba de rodillas por sus asesinos (Hch 7,60).

- En los comienzos de la evangelización de Japón, el jesuita P. Pablo Miki, mientras moría crucificado junto con otros 25 compañeros sobre la colina de Nagasaki (1597), declaró: “Con gusto le perdono al emperador y a todos los responsables de mi muerte, y los ruego que acepten instruirse en torno al bautismo cristiano”.

- S. Josefina Bakhita, africana nacida en Sudán, vendida cinco veces como esclava, al final de su vida (1947) afirmaba no haber guardado nunca rencores hacia los que le habían hecho mal.

- La Beata Clementina Anuarite, joven religiosa congoleña (24 años), tuvo la fuerza de decirle al jefe de los ‘simba’ que la estaba matando (Isiro, 1964): “Yo te perdono”.

- Hace apenas unos meses (septiembre de 2006), Sor Leonela Sgorbati, italiana de 66 años, misionera de la Consolata, fue herida a muerte en Mogadiscio (Somalia), mientras iba al hospital en el cual ofrecía sus servicios. Antes de morir, repitió por tres veces: “Perdono, perdono, perdono”.

- Todos recordamos el gesto de perdón de Juan Pablo II hacia su agresor, Alí Agcá (1981).

Estos testigos  -y muchos otros menos conocidos-  han descubierto la cumbre de las Bienaventuranzas: ¡la fuerza, el gozo de perdonar!

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este «antes» de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta”.

Benedicto XVI

Encíclica Deus caritas est (2005), n. 17

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 18/2: S. Francisco Régis Clet (1748-1820), sacerdote francés de la Congregación de la Misión, misionero durante 30 años en China, y mártir.

- 21/2: Miércoles de Cenizas e inicio de la Cuaresma: desde siempre la Iglesia invita a vivir las obras de ayuno, oración y limosna también en dimensión misionera.

- 22/2: Fiesta de la Cátedra de S. Pedro, y del Papa, en cuanto vicario de Cristo y de Pedro, llamado a presidir en la caridad, para el servicio de la unidad en la Iglesia y de la misión en el mundo entero.

- 22/2: B. Diego Carvalho (1578-1624), sacerdote jesuita portugués, misionero y mártir en Sendai (Japón), junto con otros muchos compañeros.

- 23/2: S. Policarpo (+ ca. 155), discípulo de S. Juan apóstol, obispo de Esmirna, el último de los Padres Apostólicos.

- 23/2: B. Josefina Vannini (1859-1911), fundadora, junto con el sacerdote camilo B. Luis Tezza, de la congregación de las Hijas de S. Camilo, para el servicio a los enfermos.

- 24/2: B. Ascensión Nicol Goñi (1868-1940), religiosa española, cofundadora de las Misioneras Dominicas del Ssmo. Rosario, con carisma educativo y misionero.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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