PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Libertad y responsabilidad: valores para la Misión



IX  Domingo del Tiempo Ordinario

Año  “A” – Domingo 1° de junio de 2008

 

Deuteronomio  11,18.26-28.32

Salmo  30

Romanos  3,21-25a.28

Mateo  7,21-27

 

Reflexiones

¿Éxito o fracaso? ¿Salvarse o perderse? Son alternativas de choque: ¡está de por medio la vida! En las lecturas de hoy abundan las imágenes duales: bendición y maldición (I lectura); gracia y pecado, fe y obras de la Ley (II lectura); hombre prudente y hombre necio, casa sobre roca y casa sobre arena (Evangelio). Procediendo por alternativas opuestas, según el estilo del lenguaje oriental, Jesús y los autores bíblicos cantan el himno a la libertad humana, que es la base de toda elección: bendición o maldición. Tener éxito o fracasar en la vida es, a la vez, don y riesgo, que acompañan toda actividad del hombre, en cuanto ser libre, capaz de entender y de querer, de amar y de jugarse la vida. ¡Con la libertad, que Dios dona y respeta! ¡Hasta las últimas consecuencias! Con coherencia extrema, ante la cual otras religiones tiemblan, haciendo, a veces, descuentos a Dios o al hombre. Las lecturas de hoy ofrecen, por tanto, la oportunidad de reflexionar sobre los valores de libertad y responsabilidad personal de cara al trabajo misionero.

 

La religión cristiana sostiene, con igual firmeza, tanto la superioridad de Dios y la irrenunciabilidad de sus mandatos (I lectura), como la libertad del hombre, aunque éste corra el riesgo de cerrarse ante Dios y de escoger a otros dioses (v. 27-28). Con todas las consecuencias, naturalmente, para bien y para mal. El mensaje cristiano no teme, sino que exalta y sostiene la libertad humana (II lectura): en efecto, Cristo, Redentor de todos, acude en ayuda al que cree, ofreciéndole, gratuitamente, su gracia de salvación (v. 24). Se trata de un contenido misionero de suma importancia. Solamente un Dios-amor, totalmente libre, es capaz de crear seres libres, respetarlos en sus opciones, hacerse garante de su libertad, sin tenerle miedo a la libertad del hombre. Fruto de esta libertad es la responsabilidad personal, que está en la base de la moral natural y cristiana. ¡En especial para el que sigue a Cristo y en Él se inspira para tomar las opciones de su vida! (*)

 

Libertad y responsabilidad: la dignidad de toda persona encuentra sus raíces en este binomio; la persona humana halla aquí su verdadera grandeza. Dios nos ha hecho libres, capaces de amar y de servir. Sólo personas libres pueden dar a Dios gloria y culto auténtico. En toda buena acción  -incluidas las más elevadas, como los sacramentos de la Iglesia-  concurren dos libertades: la libertad de Dios y la libertad de la persona humana. No obstante los límites y las fragilidades humanas, la misma salvación es el resultado feliz del encuentro entre Dios y el hombre, que se realiza en la libertad. También sobre este punto se mide la novedad misionera del Evangelio frente a otras religiones, en las cuales no raramente existen formas (creencias, ritos…) de servilismo moral o de mortificación de la libertad.

 

Autenticidad y transparencia son indispensables para tener éxito y no fracasar en la vida, superando el riesgo de acabar en situaciones desastrosas sin retorno. Ya en el siglo IV, S. Juan Crisóstomo ponía en guardia a los cristianos ente las seducciones efímeras y engañosas: “Aquí en la tierra estamos como en un teatro: entran los actores, con el rostro cubierto por una máscara e interpretan su papel. Uno se parece a un médico pero no sabe curar a nadie, tan sólo viste como un médico; otro parece un sabio porque lleva pelo y barba como los filósofos; el tercero se parece a un soldado… La máscara engaña. Pero cuando llega la tarde, el espectáculo acaba y todos van a su casa; se quitan las máscaras, el engaño se acaba, se impone la verdad. Un día esto ocurrirá”.

 

La palabra de Jesús (Evangelio) invita a ser prudentes, a construir la casa sobre roca, a permanecer firmes en las buenas decisiones, para no hundirse a merced de vientos y lluvias (v. 25). La roca es el mismo Cristo (cf 1Cor 10,4); a Él hace referencia el ‘amén’ de la fe, que literalmente significa ‘construir, basarse sobre’ una roca. La estabilidad y la firmeza son aún más necesarias en las opciones de vida: familia, vida consagrada, vocación misionera… Es ejemplar el testimonio de firmeza de grandes misioneros como S. Pablo (Hch 20,18-27) y S. Daniel Comboni, apóstol de África (1831-1881), que se mantuvo fiel a la primera decisión misionera, sin abandonar: «Viéndome así abandonado y desolado, tuve cien veces la más fuerte tentación de abandonarlo todo... Pues bien, lo que me hizo no dejar de ser fiel nunca a mi Vocación (incluso cuando me encontraba acusado ante la más alta autoridad digamos de veinte pecados capitales, aunque sólo son siete; y también cuando tenía 70.000 francos de deuda, los Institutos de Verona desorganizados, y en África Central muchos muertos y ninguna perspectiva de luz, sino todo tinieblas, y encima yo estaba con fiebre en Jartum), lo que me mantuvo el coraje de seguir firme en mi puesto hasta la muerte, o hasta diferentes decisiones de la Santa Sede, fue el convencimiento de la seguridad de mi Vocación; y esto siempre y toties quoties porque el P. Marani me dijo el 9 de agosto de 1857, después de maduro examen: ‘su vocación para las misiones de África es una de las más claras que he visto’» (Carta del 16.7.1881, Escritos, n. 6886). ¡Inamovible como casa sobre roca!

 

Palabra del Papa

(*)  “Si uno corre fuera de la ruta, se expone a caer en un barranco, o por lo menos a alejarse mucho de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos: Él mismo se ha hecho ‘camino’ y ha venido a caminar a nuestro lado, para que nuestra libertad tenga el criterio para discernir la ruta justa y recorrerla”.

Benedicto XVI

Homilía en la fiesta del SSmo. Cuerpo y Sangre de Cristo, Roma, 22.5.2008

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 1/6: S. Justino, filósofo cristiano, nacido en Palestina y martirizado en Roma (+165).

- 1/6: B. Juan B. Scalabrini (1839-1905), obispo de Plasencia (Italia), fundador de los Misioneros de S. Carlos, para la asistencia pastoral de los migrantes.

- 1/6: S. Aníbal María De Francia (1851-1927), sacerdote siciliano de Mesina, apóstol de la oración por las vocaciones, fundador de los Rogacionistas.

- 2/6: Con la bula pontificia ‘Sublimis Deus’, Pablo III condenó la esclavitud (año 1537).

- 3/6: SS. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires (1885-1886), asesinados en Namugongo (Uganda) y alrededores. Junto con ellos, fueron asesinados 23 jóvenes de confesión anglicana.

- 4/6: Recuerdo de Afonso Mwembe Nzinga, rey del Kongo (s. XV), primer soberano africano que recibió el Bautismo (1491). En 1518 su hijo Enrique fue el primer obispo del África subsahariana.

- 5/6: S. Bonifacio, obispo y mártir (675-754), monje británico, gran evangelizador de Alemania, obispo de Maguncia, enterrado en Fulda.

- 6/6: S. Norberto (1080-1134), obispo de Magdeburgo (Alemania), fundador de los Norbertinos (Premostratenses), misionero en Francia y Alemania.

- 6/6: S. Marcelino Champagnat (1789-1840), fundador de los Hermanos Maristas, para la educación de los jóvenes.

- 6/6: S. Rafael Guízar Valencia (México, 1878-1938), obispo de Veracruz; no obstante la persecución, ejerció asiduamente el ministerio episcopal, sufriendo el exilio y otras penas.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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