PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Anunciar a un “Dios en la Cruz”. ¡Por todos!


Domingo de Ramos
Año “A” – Domingo 16.3.2008

 

Isaías  50,4-7
Salmo  21
Filipenses  2,6-11
Mateo  21,1-11: para la bendición de los ramos

Mateo  26,14-27,66: Evangelio de la Pasión.

 


Reflexiones

En el pórtico de ingreso a la Semana Santa, que hoy comienza (Evangelio), hay una pregunta: “¿Quién es éste?” (Mt 21,10). Se lo preguntaba la gente de la ciudad, alborotada, cuando Jesús entró en Jerusalén, entre los aplausos de los simpatizantes, sentado no sobre un caballo de guerra o de carrera, sino sobre una borrica alquilada… Ese ingreso fue un acontecimiento misionero, una epifanía de Jesús ante la gente. Un momento de triunfo efímero, justamente de un solo día; pero al  menos sirvió para suscitar algunas preguntas sobre la identidad de Jesús. La gente tenía una respuesta precisa: «Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea» (Mt 21,11). Es una respuesta verdadera, aunque en sus labios sonaba bastante efímera, a  juzgar por  los comportamientos que adoptó los días siguientes. Era preferible un deseo sincero de profundizar en la identidad de ese sorprendente profeta de Nazaret. Éste era el deseo expreso de algunos peregrinos griegos, que llegaron a Jerusalén y dijeron a Felipe: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21).

 

Las respuestas a la pregunta inicial las encontramos en varios textos de esta Semana especial. Una primera respuesta la da Jesús mismo, provocado por la petición de esos griegos: Él es el grano de trigo que cae en tierra y muere para producir mucho fruto (cf Jn 12,24). Él es el Maestro que invita a todos a seguirle para compartir su destino (cf Jn 12,26); Él es el Señor que puede afirmar: “Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). El destino universal de su muerte en la cruz, levantado de la tierra, está claramente indicado también en las variantes de los códigos antiguos: atraeré ‘todo’, ‘a todos los hombres’, ‘a cada hombre’… Su salvación es ofrecida, como un don, para todos los que, con corazón sincero, “mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37), es decir, para aquellos que, con fe, compasión, amor, miran a Cristo elevado en la cruz (cf Núm 21,8; Zac 12,10). Ésta es la situación sorprendente del centurión romano y de los otros soldados paganos, que, al ver lo que pasaba, decían: “Realmente éste era Hijo de Dios”. (Mt 27,54). «Jesús es realmente el Hijo de Dios, justamente porque se ha quedado en la Cruz en lugar de bajar (cf Mt 27,40.42); y mientras los judíos lo rechazan, los paganos lo reconocen. Los paganos ven lo que los judíos no ven» (Bruno Maggioni).

 

La clave para entender quién es este Hijo de Dios, que se hace trigo, que muere en la Cruz para atraer a todos hacia sí, nos la ofrece el evangelista Juan en la Última Cena de Jesús con sus discípulos: “Los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Es la declaración de un amor extremo, universal en el espacio y en el tiempo. Palabras que invitan a vivir la Semana Santa en dimensión universal, contemplando y anunciando a un Dios en la cruz por todos. S. Daniel Comboni había comprndido la necesidad de que sus misioneros se formasen en esta contemplación y lo encarecía en su Regla: «Fomentarán en sí esta disposición esencialísima (espíritu de sacrificio) teniendo siempre los ojos fijos en Jesucristo, amándolo tiernamente y procurando entender cada vez mejor qué significa un Dios muerto en la cruz por la salvación de las almas» (Escritos, n. 2721).

 

La larga narración (Evangelio) de la condena y ejecución de un inocente va mucho más allá de los acontecimientos normales: contiene la ‘Buena Noticia’ de Cristo Salvador, muerto y resucitado, que los misioneros de la Iglesia llevan por el  mundo entero. De este núcleo central del Evangelio brotan opciones y actitudes fundamentales para los discípulos. Menciono una entre muchas: el rechazo de la violencia y del uso de las armas, como lo enseña Jesús a Pedro: «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá» (v. 52). Una palabra emblemática para los cristianos, que ya el apologista Tertuliano (III s.) comentaba así: “Desarmando a Pedro, Jesús ha quitado las armas de la mano a cada soldado”.

 

El canto del Siervo (I lectura) y, sobre todo, el himno cristológico de los Filipenses (II lectura) muestran el ciclo completo de ese Dios-hombre en la cruz: su preexistencia divina, su despojamiento voluntario, su humillación hasta la cruz, la glorificación con el nombre de Señor, ante el cual toda rodilla se ha de doblar, “para gloria de Dios Padre” (v. 11). La gloria del Padre es la meta a la que tiende toda la actividad misionera de la Iglesia. Además de la obediencia filial, el himno de los Filipenses «nos muestra también el aspecto de solidaridad con los hermanos: Cristo se ha hecho semejante a los hombres, ha asumido nuestra condición humilde; e incluso se ha hecho solidario con las personas más criminales, con los condenados a morir en la cruz» (A. Vanhoye).

 

El mensaje de la Pasión, aunque supone siempre una tarea cuesta arriba, es capaz de realizar el prodigio de transformar el corazón y la vida de las personas, como oportunamente afirma el Papa. (*) De hecho, ante la Pasión de Jesús, nadie es un mero espectador. Cada uno es actor, juega un papel, hoy, en la Pasión que Jesús sigue viviendo en su Cuerpo místico, dentro de la familia humana. Descartados los papeles de personajes negativos (Judas, Pilato, jefes de los sacerdotes, sanedrín, muchedumbre que se deja manipular…), podemos escoger entre el papel de: Simón el Cirineo (v. 32), esposa de Pilato (v. 19), centurión (v. 54), piadosas mujeres, Magdalena, María, Juan, José de Arimatea, Nicodemo… El papel más coherente con el cristiano, y en particular con el misionero, es el del Cirineo, solidario con los crucificados de la historia, portador de la salvación realizada por Jesús.

 


Palabra del Papa

(*)  “También nosotros hemos visto y vemos todavía ahora los prodigios de Cristo:  cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y a ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira, para difundir en el mundo la verdad;  cómo, en secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad”.

Benedicto XVI

Homilía en el Domingo de Ramos, 1.4.2007

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 17/3: S. Patricio (385-461), nacido en Inglaterra, fue el gran misionero y evangelizador de Irlanda; fue obispo de Armagh y es patrono de Irlanda.

- 18/3: S. Cirilo (+386), obispo de Jerusalén, conocido por sus catequesis; a menudo fue perseguido por los arrianos.

- 19/3: S. José, varón “justo” (Mt 1,19), esposo de la B. V. María, padre putativo de Jesús, Patrono de la Iglesia universal. (Este año la fiesta litúrgica ha sido adelantada al 15 de marzo).

- 20/3: B. Francisco Palau y Quer (1811-1872), sacerdote de los carmelitas descalzos; fue víctima de varias persecuciones, fundador, entregado a las misiones populares. – Jueves Santo.

- 21/3: (Primavera, en el hemisferio norte): Jornada Internacional para la eliminación de la Discriminación Racial. - Viernes Santo.

- 22/3: Jornada Mundial del Agua, instituida por la ONU (1993). - Sábado Santo.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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